Autitos

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Banda de sonido

Su filmografía es impresionante. Por más de dos décadas realizó la banda de sonido de películas emblemáticas del cine nacional como Gatica, Aniceto, Fuga de cerebros, Comodines, Luna de Avellaneda y El hijo de la novia, por la cual fue nominado a un Oscar. En televisión, su obra se expande desde Tato Bores a Epitafios, por HBO. Recientemente se estrenó Tres deseos, la nueva película de Antonio Birabent y Julieta Cardinali, para la cual compuso la banda de sonido.

TEXTO MARTÍN SANTORO

¿Cómo comenzaste en el mundo de la música?
Desde muy chico estudié piano, composición, orquestación, etc.

Un chico de conservatorio, digamos
No fui a conservatorio. Nunca fui ese tipo de “joven superdotado”. Inclusive, nunca me fue muy bien porque cuando de chico uno es muy colgado o vago y no le gusta tanta presión. Por suerte, mis padres no me mandaron a un conservatorio, que implicaría todo ese nivel de exigencia, para mi gusto muy alto para un chico.

¿Ellos ya notaban tu inclinación hacia las artes desde chico?
Totalmente. También dibujaba mucho cuando era chico, además de amar la música. A los cinco o seis años me regalaron un piano y empecé a estudiar durante toda mi infancia y adolescencia. Me iba nutriendo, pero siempre como un juego. Cuando se terminó el secundario y todos mis amigos más o menos tomaron un rumbo, como yo dibujaba muy bien empecé a hacer el CBC de Diseño gráfico. Inmediatamente conocí a un amigo que me presentó a Raúl Parentela, que en ese momento era el jinglero más top de Argentina. Hacía todas las publicidades de Coca Cola y esos gigantes. Entonces, le llevé un demo de cosas que yo hacía con un teclado.

¿Vos ya estabas enfocándote para la música publicitaria?
No, para nada. Ni siquiera sabía qué iba a hacer de mi vida. Pero tenía un teclado, tenía una banda y le llevé un demo. El me invitó a su estudio e inmediatamente compuse un par de bandas [de sonido] para Coca Cola, que ingresó a un concurso y terminaron ganando. Después de eso, me contrató para trabajar con él. Supongo que se dio cuenta que me iba a poder delegar un montón de trabajo, e iba a poder descansar más o hacer otras cosas.

¿Cómo reaccionaban tus padres a todo esto?
Parentela me ayudó mucho en eso. Habló con mis viejos, que estaban preocupados por mi futuro. Mi papá se ponía loco cuando me veía con el sintetizador, apretando botoncitos y programando, sin saber si era un trastorno o si realmente iba hacia algún lado.

¿Se puede decir que tu relación con parentela fue el mejor primer paso posible?
Él fue como si un nido. A su estudio iba a grabar mucha gente y así conocí a figuras del ambiente. Igualmente, los trabajos y todo lo demás no los conseguís por ser buena persona o simpático sino que todos venían, querían escuchar algo y en base a eso te contrataban o no. Creo que la gente reconoce cuando el tipo que tiene en frente es alguien que la está peleando por lo que quiere y lo hace como corresponde o si es un improvisado.

¿Cuál fue tu próximo salto?
A principio de los 90s conocí a Sebastián Borensztein y empecé a trabajar haciendo la música para Tato Bores. Por suerte Parentela me daba su estudio de grabación para que experimente, grabe y me pase noches enteras trabajando a full. Hay que recordar que en esa época no había tantos estudios a ese nivel. Cuando iba al piso del canal, solamente para ir a chusmear, lo conocí a Leonardo Favio. Él había ido a comer los clásicos fideos de Tato. Me enteré que estaba filmando Gatica, entonces grabé un par de bocetos en el estudio y se los llevé al set de la película. En un corte le dí un cassette. El tipo lo escuchó, se emocionó muchísimo y me dijo que la música le parecía sensacional y que me iba a volver a llamar. Pasaron seis meses hasta que finalmente llamó. Así hice mi primer trabajo en cine. En ese momento pensé en intentar hacer carrera en eso, ya que había tenido la suerte de ser elegido por este gran artista, lo que da muy buena carta de presentación.

¿Cómo es tu trabajo compositivo?
La película ya de por sí tiene una época, una ropa, una luz, un color, etc. En base a toda la información y a las actuaciones, te vas metiendo y caminás entre todo eso, elegís el instrumento, en qué momento va a ingresar la música, cuando se va a ir… Todo lo que hacés, hasta el más mínimo detalle, causa un impacto en el público. En cine vos necesita saber interactuar con la imagen, porque sino se transforma más en un videoclip, donde agarrás una música que ya existe, la metés y directamente musicalizás. No es mi caso, yo soy compositor. Cada sonido, cada nota y cada ruido que aparece está especialmente puesto para esa escena.

¿Cómo hacés para lograr una ductilidad suficiente que te permite ir de una película como “Comodines” a “Un novio para mi mujer” o “Aniceto”?
Creo mucho en la versatilidad a la hora de expresar un sentimiento. Me gusta la variedad. Creo necesario que un compositor pueda abarcar un espectro muy amplio y pueda expresarse de varias formas porque si no, de golpe te transformas en “el músico de los 80s”, por ejemplo, donde te encadenaste a un estilo y no podés salir. Eso para mí habla de pobreza, de inmadurez, de gente que dice “yo soy así”. Siempre existe la posibilidad de aprender y cambiar.

También pasa cada director tiene su impronta que potencia esa versatilidad.
Cuando soy convocado por un director, lo que más me interesa es lo que voy a aprender de ese tipo, que seguramente me va a generar una sensación o emoción nueva para poder volcar a la película. Me pasó cuando lo conocí a Favio, por ejemplo, que es un tipo que se conecta con las emocione de una forma muy particular; o a Héctor Babenco, cuando me fui hace unos años a Brasil para hacer “El pasado” con Gael garcía Bernal; Adrian Caetano también… Hay directores que tienen una conexión muy particular con la vida y se juegan por los sentimientos, por más que suene cursi.

Si bien vos ya tenés muchísimos años de oficio, ¿te parece difícil hacerse un nombre en la industria?
Si, muy difícil. Primero y principal, mantener constancia es dificilísimo. La industria del cine es muy chiquita. Aunque por momentos parece que va a crecer, son solamente mareas que suben y bajan, donde no hay grandes cambios realmente. El cine nacional tiene cosas buenísimas y otras terribles. Las cosas primeras son pocas, entonces se hace difícil subsistir cuando lo bueno es poco y muchas veces tenés que andar trabajando en un montón de otros proyectos que no son tan “elevados” pero que permiten, de alguna manera, continuidad y ejercicio. Si vos dejás de trabajar te oxidas inmediatamente, porque hay una cuestión sonora que tiene que ver con el momento. Vos no podés estar desconectado.

Dado que vos trabajaste en los dos medios, ¿qué diferencia notás entre el cine y la televisión?
La TV está muy descuidada. Como todo es tan veloz, a veces falta un poco de calidad. Yo trato de ser veloz pero sin descuidar lo otro. Por eso a veces invierto o pido que se invierta como corresponde para poder generar un producto mucho más elevado que la media. Vos prendés la televisión y ves que salen un montón de programas y emprendimientos nuevos, lo cual es buenísimo, pero cuando escuchás las aperturas te querés matar. Después dicen que es porque sale más caro, pero en realidad no es tan así. No hace falta tener mucha plata para hacer las cosas bien.

En ese sentido, ¿como fue tu experiencia con Epitafios y HBO?
Por suerte fue buenísima porque el grupo de trabajo era genial. Cuando me llamaron les dije que tenía exactamente lo que estaban buscando. Ya estaba en mi cabeza.

Esa música define muy bien al programa, porque uno casi puede escuchar sin ver y aún así entiende de qué se trata.
Por supuesto. Imaginate que vas caminando por el supermercado, viendo la góndola del jabón en polvo. Ahí, el envase también define la calidad, el contenido y el cuidado que se le dió. Los músicos que tocaron la apertura de Epitafios tal vez sean los mejores que hay en Argentina, y estamos hablando de una apertura de televisión. Las cuerdas las grabé con Alejandro Terán, que es quien dirigió la orquesta de Gustavo Cerati en el Teatro Colón para sus “Episodios Sinfónicos”. Vos podés decir que eso es carísimo, pero no pasa por ahí. Todo sale plata, pero una cosa es gastar y otra es invertir.

¿Cómo fue trabajar para “Tres deseos”?
La película apareció en un momento muy particular de mi vida, porque yo estaba a punto de ser papá y venía con el motor muy prendido y aceitado porque recién terminaba siete meses de Epitafios, con 8 horas por día a full. Llegaba súper entrenado. En este proyecto fue muy divertido no conocer a los directores. Me mostraron la película y me sorprendió. Yo había trabajado con Antonio Birabent y tiene cosas geniales. El film en sí tiene un perfil y hasta un público particular y yo no había trabajado nunca en ese sector, entonces me interesó mucho. Es un desafío donde te preguntás si te saldrá o no. Ahí va la presión, la ansiedad, todo lo que tenés y conocés, tus esfuerzos y demás para ver qué sale

¿Qué consejos le darías a alguien que está empezando en esto?
Lo animaría a que si quiere ser músico se decida, que no tengas tanto miedo y que se juegue. También hay que saber que es una carrera durísima porque implica mucha constancia. Ciertamente no vas a trabajar a una oficina por ocho horas todos los días y a fin de mes te llega el sueldo. Podés estar desocupado, frustrarte y terminar en lugares muy oscuros. Entonces, hasta te puede lastimar no trabajar, lo cual es terrible. Además la carrera tiene mucho que ver con la cuestión emocional. Creo que la persona tiene que ser emocionalmente abierta y estar muy conectada con los sentimientos. También es muy importante ser estructurado, porque si no, no se es nada: ni buen músico, ni buen lavarropas, ni nada. Hay que definirse y actuar en consecuencia.

Para conocer más sobre el trabajo de Ivan Wyszogrod, visitar www.ivanwyszogrod.com.ar

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