A su manera
En cinco años, esta banda platense logró conjugar aprobación crítica y una popularidad en ascenso. Después de cerrar una trilogía de EPs y completar su primera gira europea, la nueva esperanza del rock independiente argentino prepara su próximo movimiento.
TEXTO MARTÍN E. GRAZIANO
FOTOS SEBASTIÁN ARPESELLA
En el under, la anécdota es conocida. Cuatro muchachos de La Plata buscaban un nombre para su grupo. Querían romper, hasta en lo sintáctico, con todo lo que se entiende por “rock argentino”. En una fiesta, medio borrachos, miraban de reojo una película clase B esperando una frase que les gustara. Llegó en forma de subtítulo: “Él mató a un policía motorizado”. No podían sospechar en aquel momento que el nombre pronto se convertiría en la última gran esperanza de aquello con lo que querían romper: el rock argentino.
Él Mató a un Policía Motorizado nació como un compendio de influencias que iban desde Pavement hasta Neu!, pasando por Sonic Youth. Era el fruto de la combinación de un baterista fascinado con el kraut-rock, dos guitarristas de la escuela indie y un líder con la sensibilidad suburbana de Pappo. El tiempo hizo que el grupo metabolizara todos estos elementos y quedó un estilo único que sólo podría haber nacido en esta parte del mundo.
Después de un primer disco que sirvió para calentar motores, la banda dio forma a una trilogía de EPs que simboliza en tres pasos el ciclo vital: el nacimiento, la vida y la muerte. Navidad de reserva (2005), Un millón de euros (2006) y Día de los muertos (2008) fueron grandes noticias para el periodismo especializado. Si Borges encontraba sagas nórdicas en la mitología cuchillera, Él Mató imaginaba al protagonista de Mad Max deambulando por refinerías de Ensenada.
Los nombres de los personajes que forman el grupo son cosa seria: Santiago Motorizado, también conocido como Chango (bajo y voz), Doctora Muerte (batería), Niño Elefante y Pantro Puto (guitarras). Hoy, después de una gira europea que incluyó la participación en el festival barcelonés Primavera Sound junto a bandas como Wilco o Pixies, los platenses preparan su próximo movimiento.
¿Cómo surgió la propuesta de Él Mató?
SANTIAGO: Nuestro objetivo era hacer una música que no existiese en la escena argentina. Cuando empezábamos, un amigo me dijo: “Qué bueno; es raro que esta música se cante en castellano”. En cierto sentido era un halago porque hablaba de una propuesta original. No hacemos algo revolucionario; retomamos el trabajo de bandas que nos gustan y traducimos su estética a nuestra realidad. Algunos de mis amigos hacen arte pop y los critico cuando hacen algo demasiado yanqui. No es que sea anti-yanqui (me gustan mucho Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat, por ejemplo), pero está bueno adaptar lo que a uno le gusta a su ambiente, usar un lenguaje determinado para contar experiencias cotidianas. De esa mezcla surge una propuesta con más personalidad, más atractiva y sincera. Las bandas que tienen una estética extranjera muy definida y además cantan en otro idioma parecen una compañía de teatro, una puesta en escena.
¿Qué factores permitieron que el público respondiera muy bien a su música?
PANTRO PUTO: En parte, influyó el hecho de que ahora el rock argentino mainstream está en una meseta. Además, nos tocó ser partícipes de una revolución en la historia de la humanidad: la expansión de internet permitió que nuestra música circulara libremente por todo el mundo. Y, desde ya, supongo que a la gente le gusta nuestra música y se siente identificada con ella.
¿Cómo definirían al público de la banda?
SANTIAGO: En un principio, nos conectamos con gente a la que le gustaba cierto sonido del rock indie estadounidense, el punk o artistas británicos como The Jesus and Mary Chain. Para esa gente fue más fácil asimilar nuestra música. De a poco, empezamos a trascender ese ambiente. Valoramos mucho que alguien que escuchaba otro tipo de música se sienta atraído por nuestra propuesta.
El mundo del rock independiente parece tener muchas esperanzas depositadas en ustedes. ¿Eso les genera algún tipo de presión?
SANTIAGO: Tenemos nuestra propia presión: nuestros discos tienen que estar buenos, sin importar lo que la gente espere de nosotros. A la vez, está bueno que se generen expectativas alrededor de nuestra música porque es una señal de que va a ser recibida con ganas. Eso te motiva, más allá de que después le guste o no a la gente. No sé… Algunas cosas nos chupan un huevo y otras no. Si esperan que seamos los abanderarados de algo, no sé. La banda es esto. Hacemos las cosas a nuestro modo; cuando tengamos ganas de grabar un nuevo disco y de tocar en los lugares que nos gustan, vamos a hacerlo. Las cosas suceden lentamente; esto no es una competencia.
Cerraron una trilogía de discos con un tema como la muerte. ¿Qué desafíos se plantean ahora?
NIÑO ELEFANTE: La verdad, no teorizamos mucho sobre cómo seguir adelante. Creo que, de haber cambios, se tienen que dar de manera natural. Sería improductivo ponerse desafíos como “grabemos con un quinteto de vientos, a ver qué sale”. Si llega a surgir una canción que exija esa estructura, lo haremos, pero imponerse un desafío así desde el principio no tendría mucha lógica.
Pero, ¿cómo se imaginan su próximo paso?
SANTIAGO: Tenemos canciones nuevas que pueden terminar en cualquier lado. Sabemos cómo suenan con guitarra y voz; ahora tenemos que ver qué camino siguen. Nos interesan muchas cosas diferentes, así que podemos mezclar distintos elementos o apuntar a una estética particular. El plan sería, eso está claro, hacer un LP. El ejercicio artístico de hacer discos conceptuales está muy bueno, pero hay ideas copadas que quedan afuera porque rompen con el concepto.
¿Nunca premeditaron sus movimientos?
SANTIAGO: Lo único que nos impusimos, al comienzo, fue grabar un disco antes de salir a tocar. Queríamos evitar problemas. En las bandas en las que habíamos tocado antes, el momento de grabar un disco siempre había sido conflictivo. El momento de entrar en el estudio había sido el fin de nuestras bandas. En cambio, para Él Mató fue el comienzo.
LA PLATA IMPORTA
Él Mató es un emergente arquetípico de la escena platense. Asociada a la simbología masónica, la ciudad de las diagonales es una trinchera para el rock. Conserva un romanticismo que la aleja de las presiones comerciales y, además, integra de manera natural todas las disciplinas artísticas que circulan en una ciudad universitaria.
Amigos del entorno del Bachillerato de Bellas Artes, los integrantes de Él Mató lograron concentrar ese mundo de vida cofrádica. Así, fundaron un concepto en el que caben el cine, los cómics, las teorías conspiratorias y el arte pop. Antes de eso, tuvieron que transitar un largo camino.
¿Cómo eran las bandas que derivaron en Él Mató?
SANTIAGO: Nuestro primer grupo se llamaba Terapia. Hacíamos punk melódico, básico. En ese momento, sólo consumíamos punk; odiábamos todo lo otro. Cuando explotó el grunge, creamos Aneurisma. Después de Nirvana, llegó Radiohead y la banda dejó de hacer grunge puro para hacer una cosa más alternativa.
PANTRO: La banda de la que se desprendió Él Mató se llamaba Benji Gregory. La había formado con Gato, que ahora es parte de 107 Faunos, cuando éramos adolescentes. De a poco, se fue sumando gente y un día Santiago mostró una canción que había hecho. En ese momento, nos cambiamos el nombre y quedó conformado el grupo.
Muchas de las bandas que tocaban en ese período formaron Laptra, un sello fundamental para entender la escena platense. ¿Qué tienen en común esos grupos?
SANTIAGO: Las búsquedas musicales pueden variar un poco, pero nos une el interés por hacer las cosas en forma independiente y artesanal. Laptra no tiene un dueño ni oficinas; es más bien un club de amigos que no funciona del todo bien. No estaría mal que alguien se copara y nos ayudase a organizar todo. A veces me saturo y tengo ganas de relajarme, pero es importante trabajar en lo que a uno le gusta. Me gusta hacer esto: componer canciones, dibujar los afiches… Por eso, tratamos de que las cosas no se dispersen. Hacer lo que realmente te gusta requiere un esfuerzo.
¿En qué momento empezaron a notar que sucedía algo distinto con las canciones de Él Mató?
PANTRO: La primera vez que lo sentimos fue cuando Chango mostró esa primera canción, que era “Guitarra comunista”. Empezamos a tocarla y se me puso la piel de gallina. Después, me pasó lo mismo con otras canciones de Chango, así que no tenía muchas dudas de que los otros iban a sentir algo similar. Lo confirmé un día que, en un recital, tocamos “Guitarra comunista” y entre el público varias parejas empezaron a chapar [risas]. Fue muy loco; ésa era la sensación que sentía yo al tocarla.
En Navidad de reserva le dieron una forma más clara a la personalidad del grupo. ¿Cómo se definió ese perfil?
SANTIAGO: Ocurrió medio de golpe. En el primer disco, las canciones apuntaban en distintas direcciones. Aunque tenían un sonido en común, había mucha mezcla. Después pensamos que podía estar bueno hacer un disco para la Navidad de 2005. Habíamos bajado los discos navideños de los Beach Boys y de Elvis Presley y surgió la idea de hacer algo similar, pero con un tono irónico: una Navidad menos festiva, más oscura. Era septiembre, así que teníamos que hacerlo rápido.
DOCTORA MUERTE: Fue todo muy espontáneo. Nos juntamos en la sala de ensayo, armamos los temas en una semana y grabamos y mezclamos en 15 días. Fue como si ese mes los planetas se hubiesen alineado. Sigue siendo el disco que más me gusta de la banda.
¿No temen quedar encerrados en determinada estética?
DOCTORA MUERTE: Lo que hicimos al comienzo fue algo espontáneo que, para bien o para mal, siempre va a acompañarnos. Todo se hace cada vez más complejo porque, a medida que uno crece, acumula más pasado. Lo importante es que las cosas nos salen de manera natural. Cada uno de nosotros cambia mucho con el tiempo, pero eso no repercute en la banda porque funciona de a cuatro.
SANTIAGO: En realidad, le tenemos mucho miedo a todo [risas]. Soy una persona con grandes inseguridades. Por ejemplo, tengo miedo a que un día no pueda hacer más canciones porque yo mismo me sorprendí cuando hice las primeras. También me persigo con el temor a encapsularnos porque es algo muy común. Nosotros encontramos un sonido que, en cierta forma, es nuestro terreno seguro. Sin embargo, nos gusta demasiado la música como para hacer siempre lo mismo. A veces, flasheo con hacer un disco que mantenga nuestro estilo, pero que sea bien cargado y barroco, como Pet Sounds, de los Beach Boys, o el último disco de The Zombies, Odessey and Oracle. Tengo 30 años y veo que algunos amigos alcanzaron un lugar de mayor seguridad; tienen más certezas. Por mi parte, le encuentro atractivo a todo. No tengo filtro.

