Traficante de sueños
Luego de convertir tres goles en la final del Champions Trophy, la delantera aseguraba que Las Leonas volverían de los Juegos Olímpicos de Pequín 2008 con una medalla. Misión cumplida.
TEXTO IGNACIO FUSCO
FOTOS MARIANA GATTO PARA ESTUDIO ACH
Ciertas estaciones ubicadas entre el sueño y la vigilia tornan difícil la distinción de lo real y lo aparente. Si nos guiamos por lo que afirma, Alejandra Gulla parece haber vivido en un estado de duermevela los últimos años. “Me miro y no creo que sea yo. Lo digo en serio. A veces, no puedo creer todo lo que hice, cómo me he soñado y dónde estoy”, sostiene. Parece difícil entender con qué facilidad se comprende lo que expresa la jugadora.
El último 25 de mayo, en Mönchengladbach (Alemania), las Leonas derrotaron 6 a 2 a Alemania en la final del Champions Trophy. Alejandra Gulla, que dice aparentar menos edad de la que tiene, fue protagonista de aquella victoria que le arruinó el sueño al campeón olímpico de hockey femenino. Convirtió nada menos que tres de los tantos del equipo argentino. “Si soñás una final, la soñás así, pero yo todavía no puedo creerlo. Salimos campeonas, le ganamos al local y yo metí tres goles. Encima, Alemania es el campeón olímpico”. Vale agregar que la goleada se dio cuando faltaban menos de tres meses para los Juegos Olímpicos de Pequín, que comenzarán el 8 de agosto. Allí se deposita el sueño mayor de unas leonas que deliran por la fiebre del oro.
Fue asombroso que ganaran fácilmente una final ante el campeón olímpico.
Es verdad. Ganamos sin sobresaltos, con un marcador holgado. ¿Te digo la verdad? Ni siquiera estábamos presionadas. Podés ir 4 a 2 y sentir que se te vienen, que el otro está dominando el partido, pero no. Gabriel [Minadeo, técnico de las Leonas] nos había dicho que jugáramos ese partido como si fuera la final de los Juegos Olímpicos. “Las finales también se entrenan”, nos indicó. La verdad, todo salió bárbaro.
¿Uno puede pensar que las Leonas le aseguran a la delegación argentina una medalla en Pequín?
Mirá [se ríe]: si jugamos como nosotras queremos y no pasa nada imprevisto, nos traemos una medalla seguro. Estamos entrenando para eso. Vamos a Pequín a buscar la medalla de oro. Ya ganamos la de plata en Sidney y la de bronce en Atenas. Nos falta la medalla de oro y ésta será la última chance de conseguirla para muchas de nosotras.
Hace un ratito me dijiste que no parecés tener 30 años.
Mi camada ya está baqueteada, nene. Para jugar acá, en el club Lomas, 30 no es nada, pero para torneos de alto rendimiento es un número. Después de Pequín, nos vamos a ir muchas.
¿Estás confirmando tu retiro?
No, no sé, pero ni en pedo voy a estar dentro de cuatro años en las Leonas.
Además de la medalla de oro, ¿qué otro sueño te falta cumplir?
Festejar un gol con una vuelta en el aire.
Te lo pregunto en serio.
Yo te contesto en serio. ¿Viste a esos jugadores de fútbol que dan una vueltita en el aire y caen? Eso quiero hacer.
Contra Alemania tuviste tres chances de hacerlo.
¡Me olvidé, che! El sexto gol fue tan emocionante que salí corriendo y… Me ahogué más con el festejo que durante el partido. Siempre me pasa eso: festejo un gol y tardo un año en recuperar el aire.
Te desafío a que expliques algo un poco más complejo.
A ver…
¿Por qué todavía vivís con tus viejos?
No tengo apuro en ningún aspecto.
Sos una de las mejores delanteras del mundo, vas a ir a los Juegos Olímpicos…
Se sabe que del hockey uno no puede vivir. Por ahora, me la aguanto con la beca de la Secretaría de Deportes, pero ni ahorrar puedo.
Leé la entrevista completa en la edición número 53 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
TRANQUILA, por Gabriel Minadeo, director técnico de las Leonas.
Lo que mejor distingue a Alejandra de las delanteras de otras selecciones es la paciencia. Durante el Champions Trophy de este año no había convertido muchos goles, pero se la veía tranquila, como si supiera que los goles llegarían. Llegaron en la final y fueron nada menos que tres. Eso habla de la experiencia de una chica que ha jugado más de 100 partidos en las Leonas. Acaso la experiencia sea lo que refuerza su oportunismo. Alejandra no suele convertir goles espectaculares; gana porque está siempre ahí, debajo del arco, lista para aprovechar un despeje malo o pescar un rebote. Sin lugar a dudas, es una de las delanteras más temibles del país y del mundo.

