Animal de radio
Es uno de los hombres de radio más exitosos del país y uno de los principales difusores del vínculo entre la literatura y el fútbol. “Me pone muy contento que, gracias a mis programas, alguien se siente a leer”, dice.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
Hace más de 15 años que trabaja en Radio Continental, emisora en la que conduce los ciclos Con afecto y Donde quiera que estés y comenta los partidos que relata su amigo Víctor Hugo Morales, a quien admira. “Víctor Hugo es, desde hace dos décadas, el número uno, pero labura como cualquier otro. No se fía de nada. Organiza reuniones de producción que duran una hora y media, por ejemplo. Tiene el amateurismo de Maradona, que llora cuando pierde un partido”, cuenta.
Apo comenzó su carrera profesional en 1974, a los 19 años. Desde entonces, ha trabajado en radio y en televisión. En la década del ‘80, integró el equipo de Sport 80 (para muchos, el mejor programa deportivo de la radio argentina), donde se destacaron, entre otros, Morales, Marcelo Araujo, Adrián Paenza y Diego Bonadeo.
Hoy, el nombre de Apo se asocia directamente a la unión entre fútbol y literatura (según él, el deporte más popular del mundo constituye en la actualidad un importante vehículo de ideas). Desde hace nueve años, recorre el país con el músico Marcelo Sanjurjo; juntos, animan un espectáculo teatral en el que aparecen textos de escritores como Alejandro Dolina o Roberto Fontanarrosa. El año pasado, editó Y el fútbol contó un cuento, libro que recopila algunos de los relatos que suele leer durante su show y en sus programas radiales.
¿El fútbol sirve para promover la lectura?
Siempre recibo cartas de profesores que me piden que lea cuentos de fútbol porque acercan a los adolescentes a la literatura. Los libros están carísimos y muchas personas no los pueden comprar. Entonces, yo se los leo. El otro día, una señora me llamó para agradecerme por eso. Me pone muy contento que, gracias a mis programas de radio o gracias al espectáculo, alguien se siente a leer.
¿No resulta extraño que se haya llegado a eso para lograr que los chicos lean?
Ocurre que las computadoras y la televisión son letales para la lectura. Sin embargo, creo que la radio y los libros van a zafar. La radio recibe muchas críticas, pero sigue siendo una gran compañía para los oyentes.
¿Existen puntos de contacto entre la literatura y el fútbol?
Sí. Los grandes maestros pudieron establecerlos. Hablo de Roberto Fontanarrosa, Alejandro Dolina, Osvaldo Soriano, Eduardo Sacheri, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Sasturain…
¿Leíste a Juan Villoro?
Es un genio. En el espectáculo, cuento algo que me impresiona mucho. Él dice que a los grandes partidos asisten los muertos, que, si uno analiza la cantidad de público que hay en las tribunas y escucha los cantos en el estadio, se da cuenta de que hay más voces que personas. Los espíritus están ahí y cantan. Es, al mismo tiempo, aterrador y fascinante.
¿Y leés literatura que no esté relacionada con el fútbol?
Sí, muchísima. Me gustan los cuentos. En las novelas, el escritor tiene más tiempo para describir a un personaje y ser menos sentencioso. En los cuentos, en cambio, hay más urgencia por el remate. Yo no soy un crítico literario, pero la gente cree que, como leo bien, puedo juzgar a los escritores.
Más allá de los que ya nombraste, ¿a qué escritor admirás?
Soy un fundamentalista de Juan Rulfo. Cuando terminó la última Copa Libertadores, me tomé tres días para leer Pedro Páramo en mi ciclo Donde quiera que estés. Me pone muy contento que los oyentes tomen mis propuestas de lectura; hace que me sienta acompañado por ellos.
¿Implica una carga para vos acompañar a los oyentes?
No, porque, en realidad, son ellos los que me acompañan a mí. Siento que mis oyentes están esperando que les cuente una historia y eso me da un placer particular: el de ser escuchado. No sólo me pagan por hacer un trabajo que me gusta sino que, además, hay gente que me oye. Esa sensación es indescriptible; aunque no la entiendo muy bien, pero me seduce. Transmitir algo y que te escuchen le otorga sentido a la vida.
¿Cómo te relacionás con tus oyentes?
Nunca tuve una relación fuerte con ninguno. Jamás se me ocurriría salir con una persona que me escribió una carta porque no podría resistirme a vender mi personaje. Ése es un peso grande para mí.
Sin embargo, ¿estás atento a los comentarios que te hacen?
Escucho con atención a los que me critican. Algunas mujeres me llaman para cuestionar que siempre ponga canciones de Adriana Varela. Entonces, por un tiempo, paso a Nelly Omar y después vuelvo a la Varela. Lo mismo me ocurre con los cuentos: pase lo que pase, siempre vuelvo a Fontanarrosa.
En Donde quiera que estés, entrevistás a personajes de todo tipo. ¿Te gusta la entrevista como género?
Sí, mucho. Las mejores entrevistas que hago son aquellas en las que los personajes hablan sobre un tema que no conozco. Además, siempre me gusta ver qué dicen sobre el paso del tiempo.
Ése parece ser un tema muy importante para vos.
Tengo 53 años. Cuando cumplí 50, me pasó algo muy fuerte. Siempre me había creído eterno y, a los 50, sentí que alguien me tocaba la espalda y me decía: “¿Te olvidaste de que falta menos?”. Eso me golpeó.
¿Cómo convivís con el paso del tiempo?
Trato de disfrutarlo, pero todavía le tengo un poco de miedo a la finitud. Hay que vivir hasta la muerte, no hacia la muerte.
Leé la entrevista completa en la edición número 55 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
EL ÚLTIMO DE LOS MOHICANOS, por Víctor Hugo Morales.
Alejandro Apo creó Con afecto, uno de los mejores programas de radio de los últimos tiempos, y su voz es una de las más notables del éter. Además, el vínculo que estableció entre la literatura y el fútbol no tiene parangón. Alejandro tuvo la perspicacia y el tino necesarios para estimular la sensibilidad y los recuerdos de los oyentes. Por otro lado, se cuenta entre los compañeros más generosos que tuve en la radio. Él está más pendiente de mi trabajo que del suyo. Como persona, representa todo aquello que podríamos pensar del bohemio desinteresado y noble. En esa categoría, es el último de los mohicanos. Se trata de una persona maravillosa, de un gran profesional y de un compañero insustituible.

