El laburante
Ganó cinco abiertos de Palermo y tiene diez goles de handicap. Sin embargo, considera que su mayor premio ha sido crecer junto a Adolfito Cambiaso, su compañero, su cuñado, su amigo y, según dice, su “hermano”.
TEXTO LUCIO VALMAGGIA
FOTOS PAULA STOLIAR
La tarde parece cálida, pero nunca se sabe, ya que el clima porteño se ha vuelto impredecible. En una cantina de Villa Ortúzar, conversamos con el back de La Dolfina. Hay poca gente en el lugar y nadie le presta demasiada atención al hombre que se ha coronado cinco veces campeón en la catedral del polo. Bartolomé Catagnola empieza por el principio: “Comencé a los 13 años por mi viejo, que siempre había jugado al polo. A esa edad, conocí al padre de Adolfito Cambiaso en un campo en Cañuelas y él me llevó a La Martina. Así arrancamos con Adolfito”.
¿A qué edad sacaste handicap por primera vez?
A los 14, en mi primera copa con Guillermo Caset, Salvador Socas y el padre de Adolfito.
¿Cómo fue crecer junto a un crack como Adolfito Cambiaso?
Jugamos juntos desde muy chicos. Él tenía 9 años y yo 14. Íbamos a Palermo para ver de qué se trataba. Pienso que si hubiese mirado a Adolfito, no habría llegado a nada. Los que tratan de copiarlo no llegan a ningún lado. Yo tenía que ser yo. Tuve suficiente cabeza para saber que, aunque Adolfito le pegara a la pelota tres veces en el aire, yo podía pegarle por abajo y el gol valía lo mismo. Si hubiera tratado de pegarle tres veces en el aire, no habría llegado a nada.
Buscaste diferenciarte, dijiste “no lo copio”.
Es que nadie puede copiar a Adolfito. Me parece poco inteligente tratar de imitarlo. Además, cada uno tiene su función: él juega adelante y yo juego atrás. Yo defiendo y trato de tirar el equipo para adelante. Él crea todo el tiempo, inventa cosas, hace lo que quiere. Los demás [los otros jugadores de La Dolfina: Mariano Aguerre y Lucas Monteverde] somos laburantes.
¿Te imaginaste como sería tener a Adolfito en el equipo contrario?
Es muy difícil. Yo lo conozco bien, pero hace cosas que, aunque lo conozcas, son muy difíciles de manejar. Lo tenés que matar, no te queda otra. Tenés que ir al choque porque, si tratás de ponerte a su altura, te mata. Muchos jugadores tratan de hacer eso y está buenísimo que lo sigan haciendo, pero van a perder siempre.
Adolfito y vos dejaron de ser grandes promesas y pasaron a conformar un gran equipo. ¿Cómo se dio el cambio?
Fue en 2000, cuando nos separamos de Ellerstina. Decían que el club nos daba todo, que nosotros ganábamos por Ellerstina. Sin embargo nos fuimos y, desde entonces, somos el equipo que más títulos se ha llevado. La Dolfina es el equipo de la década. Ganamos las cosas por nosotros y por nuestro grupo de trabajo. Obviamente, Ellerstina nos ayudó y nos enseñó mucho. Cuando nos fuimos, más de uno decía: “Vamos a ver cómo se organizan solos estos pendejos”. Tan mal no nos fue, creo.
Leé la entrevista completa en la edición N° 49 de G7.
FICHA PERSONAL
DE FRENTE, por Sebastián Merlos, polista.
Lo que hace Lolo como jugador se ve en la cancha. Pone todo lo que tiene: garra, entusiasmo, buena onda… Para mí tendría que haber llegado a los diez goles de handicap mucho antes de lo que llegó. Tiene buena técnica y es un compañero de equipo excelente. Nunca te tira para abajo. Te puede putear en un momento, pero enseguida está alentándote otra vez. Además, se mata para estar bien organizado, lo apasionan los caballos y realmente sabe mucho. En lo personal, lo considero un gran amigo. Estuvo cuando lo necesité. Siempre se lo ve contento, con buena onda. Además, va de frente. No te dice lo que querés escuchar sino lo que le viene a la cabeza; no te va a sobar el lomo. En eso, creo, nos parecemos.

