Carrera de mente
Con 29 años, es uno de los tres argentinos que conquistaron un Grand Slam. En junio del año pasado, cuando llevaba cinco meses inactivo y parecía que iba a retirarse, dio esta entrevista, en la que asegura estar peleando contra sí mismo, comenta que un día jugó borracho en la Copa Davis y habla de la comida que compartió con Bush padre.
TEXTO IGNACIO FUSCO
FOTOS MARIANA GATTO PARA ESTUDIO ACH
Lo primero que se intuye es una obviedad: el tipo está cansado. Camina, frena, mira las paredes del estudio de fotografía y vuelve a avanzar como si estuviese pateando una lata o como si arrastrara sus pasos por la arena. Lleva las manos flojas, escondidas en los bolsillos del jean. Se acerca tres o cuatro pasos, con la cabeza siempre gacha. Está cansado, sí, y parece aburrido, enojado o triste.
Saluda ofreciendo una mano blanda. Se sienta e indica que no le gusta dar entrevistas. “Lo odio”, dice sin mirarme. “Tengo sólo una responsabilidad por día y, sin embargo, me da paja cumplirla”. No obstante, se anima y sonríe. Pienso que este tipo llegó a estar entre los cinco mejores tenistas del planeta.
Son las 13.30. ¿Te despertaste hace mucho?
A las 10. Tarde, ¿no?
Si no tenés nada que hacer, puede resultar temprano.
Ah, ¿si? Mirá que me quedo en la cama una hora, o una hora y media. Me despierto cuando los ojos se me abren. En mi vida no hay horarios. Siempre tuve que entrenar, así que ahora aprovecho y prendo la compu o la tele y me quedo en la cama hasta que tenga algo que hacer.
Tu responsabilidad del día.
Claro. Hoy es esta entrevista y no tengo ganas.
¿Te imponés responsabilidades o surgen solas?
Surgen. Si fuera por mí, no tendría ninguna obligación. Ayer fui a firmar unos papeles al centro y…
No te gusta, te resulta trabajoso.
Obvio. “Una cosa por día”, dije, pero me cuesta mucho. Mi vieja me mata si sabe que me levanto a las 12.
Lo estás diciendo, así que se va a enterar.
Igual, siempre me siento culpable, ¿eh? A veces me incomoda. Escuchame, te estoy diciendo que me levanto a las 11 o a las 12. Supongo que es momentáneo hasta que encuentre algo.
¿Vas a salir a buscar laburo?
La verdad, je, necesito laburo, pero no voy a salir a buscar ni en pedo. Que venga, que me lo acerquen.
Al escucharte, se nota que sentís culpa.
Ya sé. Tengo 29 años. No da. Sin embargo, está todo bien. Me rompí para llegar adonde llegué y sé lo bueno de aprovechar el tiempo.
Suenan raras algunas cosas que decís porque se ha generado una imagen sufrida de vos.
Todo depende del momento. Cuando me iba mal, decía que iba a laburar; cuando me iba bien, decía que iba a jugar al tenis. Disfruté mucho más los últimos años. Al principio, me costaba.
¿A qué edad?
Más o menos, desde los 17 hasta los 23. Extrañaba a mis viejos, no me gustaba viajar y quería estar con mis amigos. Me deprimía mucho. Si te vas más o menos, no está tan bueno como te contaron.
Sin embargo, a vos te iba bien.
Sí, si. Estuve entre los 50 mejores, entre los 20 mejores…, pero es distinto cuando sentís una responsabilidad. Ahí deja de ser divertido. Mientras sos junios, jugás y te cagás de la risa, salís con tus amigos de joda y también le das al fútbol.
Vos elegiste ser tenista, Gato.
Sí. De otro modo, no podría darme el lujo de no hacer nada a los 29 años.
Reformulo: ¿quisiste ser tenista?
En realidad, se dio por una situación fea más que por otra cosa.
¿Qué pasó?
Se infartó mi viejo. Yo tenía 16 o 17 años y el pobre viejo estaba en el horno. Me dije: “Si se muere papá, ¿qué hago yo?”. Ahí empecé a tomarme las cosas más en serio: la hacía bien o me dedicaba a otra cosa.
¿Cuánto tiempo estuvo internado tu padre?
Un mes. Estuvo mal, muy mal. Yo la tenía fácil porque mi viejo nos daba todo a mis dos hermanos y a mí. Era como vivir en un mundo de fantasía. Por su infarto, me avivé de que no estaba enterado de nada, de que no sabía nada, y pensé: “Boludo, andá y hacé algo; en el tenis o en lo que sea, pero hacé algo”.
Si no hubiera sido así, ¿habrías seguido postergándolo?
Antes decía, “voy a jugar al tenis” así nomás y, al mismo tiempo, jugaba al rugby, al fútbol, a cualquier cosa. De pronto, a los 17 años me encontré jugando un interclubes en Alemania, solo… ¡Qué lugar de mierda! El torneo era cerca de Dusseldorf. Yo jugaba los sábados y domingos. Durante la semana, paraba en una casa de familia.
¿Cuánto duró ese torneo?
Cuatro meses. Fue, hermano, muy duro. Para colmo, no me daban ni bola en esa casa. Yo tenía 17 años, no era nadie y me decían “andá para acá, anda para allá”; me mandaban a cualquier lado.
¿La familia no había consentido que estuvieras ahí?
Ellos tenían algo que ver con el club y ayudaban a los jugadores, pero yo llegaba a las 22, estaban comiendo y ni me invitaban a la mesa. Tenía que ir solo a comprarme la comida en una ciudad horrible de Alemania. Recuerdo dos cosas tremendas: el teléfono público que estaba frente de la casa y el calendario en el que iba tachando los días.
Además de los viajes, ¿qué cosas no te gustaron, qué cosas se podrían mejorar para darles una mano a los tenistas?
Lo peor del tenis es la incertidumbre. Te hablo del principio de tu carrera, cuando gastás muchísima guita sin saber si vas a llegar. O sea, estás años y años invirtiendo en algo que no sabés qué te puede dar. Raquetas, la cuota del club, los viajes, los hoteles… Si no sos profesional, hay torneos en los que no te pagan ni el hotel. ¿Sabés la guita que cuesta? Por eso te contaba cómo me cambió la cabeza lo de mi viejo. Su enfermedad me hizo ver las cosas.
¿Por qué la prensa instaló una imagen sufrida de vos?
Te digo: la vida del tenista está muy buena y tiene mil cosas increíbles. Nunca me quejé de eso, pero me costaban mucho los partidos. A veces, los sufría y me sentía muy mal dentro de la cancha, pero salía y la vida era impresionante.
¿Sos un tipo que habla mucho consigo mismo?
¿Ni siquiera hablo con mi vecino y vos querés que hable solo? Soy un tipo que piensa mucho, eso sí. Me jugó muchas veces en contra. Pienso de más y me atrapo solo.
Te enredás teorizando.
Claro. Eso no te sirve y menos en el tenis.
¿Podés poner ejemplos concretos?
Más que nada, me juega en contra cuando estoy en un punto importante y pienso demasiado. Eso hace que me ponga más nervioso de lo que debería. A veces, en el tenis conviene ser tonto. A veces, el más boludo juega mejor porque no se da cuenta de lo que puede pasar. Si analizás mucho la situación, fuiste, estás listo.
¿Seguís yendo al psicólogo?
Ahora voy mucho menos, pero sigo hablando con el tipo.
Leé la entrevista completa en la edición número 54 de Revista G7.

