Una mina normal
En esta nota, una de las mujeres más lindas del país repasa su carrera como modelo y conductora de TV, habla de su familia e insiste en definirse como “una mina normal”.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
Dolores Barreiro está posando sobre una cama improvisada en el estudio de fotografía. Estira sus piernas larguísimas, profundiza la mirada y, de acuerdo a los pedidos de la fotógrafa, dibuja una sonrisa o se muestra seria. Con extremo profesionalismo, juega a ser una mujer sensual. Se envuelve una y otra vez entre las sábanas y, cuando entra en acción, es imposible dejar de mirarla: resulta increíble tener en frente a una de las mujeres más hermosas de Argentina haciendo lo que mejor sabe.
Alejada de los flashes, en cambio, Dolores es completamente distinta de esa “femme fatale” que se contorsionaba en la cama. Responde a las preguntas con un tono dulce y relajado. Habla sin tapujos sobre sus inseguridades, sus placeres y sobre el medio en el que trabaja. Durante la nota, dirá muchas veces que es “una mina normal”. Al final, acabará por convencerme.
DESPIÉRTATE, NENA
Nació en Córdoba en 1975, hija del ex Teniente Coronel Horacio Barreiro y de Silvia Prandi, licenciada en Letras y ama de casa. A los 4 años, Dolores –la mayor de 6 hermanos– viajó con su familia a Capital Federal, donde se instalaron definitivamente. Luego de cursar la primaria y la secundaria, coqueteó con la idea de ser azafata o psicóloga, hasta que un concurso de modelos cambió su vida para siempre.
¿Qué recordás de tu infancia en Córdoba?
La verdad, no recuerdo nada porque me vine a Buenos Aires cuando tenía 4 años. Yo era muy chiquita y vivíamos en plena dictadura. Eran tiempos difíciles. Quizá no recuerdo nada de esa época porque no debe haber sido muy feliz.
¿Cómo vivías el hecho de que tu viejo fuera militar?
En mi casa nunca hablamos de política. No sé si esa decisión fue una forma de protegernos. Cuando era adolescente pensaba que hubiera estado bueno que mi viejo me contara de qué se había tratado la dictadura, ya que yo vivía en una burbuja. Además, siempre te tocaba algún profesor que decía algo negativo sobre los militares. A veces, la cuestión se ponía difícil porque hay otro militar que se llama [Ernesto] Barreiro [ex mayor del Ejército, acusado de haber dirigido el centro de torturas La Perla, en Córdoba], pero está procesado por la Justicia. Mi viejo es un buen tipo y siempre se esforzó: tuvo muchos hijos y se acostumbró a vivir con dos mangos. Yo lo respeto mucho. Era un bajón cuando alguien me comentaba algo sobre él y yo no sabía cómo atajarme.
¿Alguna vez te sentiste agredida?
Sí, pero conozco muy bien a mi viejo y sé que no se mandó ninguna cagada. Él es mi papá y lo adoro, punto. Las guerras sociales son injustas para ambos lados. Con respecto a la dictadura del ‘76, lo mejor que podemos hacer es pensar que ya pasó. No tengo ningún familiar desaparecido, pero mis viejos son muy amigos de gente que, lamentablemente, sí los tiene.
Leé la entrevista completa en la edición número 49 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
MODELO DE RIESGO
Dolores estaba lista para la sesión de fotos cuando la luz del estudio de fotografía se cortó. Mientras los productores, fotógrafos y asistentes corrían, frenéticos, en busca de una solución, Dolores salió a fumar al patio. Entonces, le pregunté qué era lo más raro que le había ocurrido en una producción de fotos. Ella, divertida, contestó: “Hace mucho tiempo, estaba haciendo fotos para uno de los calendarios de Gaby Herbstein. Recuerdo que había dos tigres de bengala hermosos, gigantes, y que uno me arañó la pierna, pero no pasó nada grave. Creo que tengo suerte: entre otras cosas, me tiré en paracaídas y volé en parapente y nunca me pasó nada”.

