El chico diez
El jugador de Ellerstina tiene 26 años y es uno de los doce polistas argentinos que tienen diez goles de handicap. Asegura que no parará hasta ganar el Abierto de Palermo y cuenta que, hace años, cuando un bochazo le partió la frente, pensó en renunciar al polo.
TEXTO IGNACIO FUSCO
FOTOS MARIANA GATTO PARA ESTUDIO ACH
“Bueno, nena, tranquila. No pasa nada. Vení. Eso. El tema es que el flash la asusta. Tranquila, Yegua, quietita. Eso, así”. Pablo Mac Donough acaricia a Yegua, le habla, la palmea, intenta que pose con la misma altura que muestra en su equipo, Ellerstina. “Es la yegua que más uso. Trato de que esté en la cancha en los momentos definitorios”, cuenta el polista. “Generalmente, la uso cuatro minutos al comienzo y al final, en los últimos chuckers, cuando hay que estar a fondo durante diez u once minutos”.
¿Cuántas yeguas tienen en las caballerizas?
Y… A ver… 52. Tenemos este lugar desde principios de 2006. Mi hermano Matías y yo nos asociamos con Nacho Figueras y, tres años después, encontramos este campo. No fue nada fácil. En la provincia de Buenos Aires no hay muchos lugares como éste, donde tenés un campo para taquear cuando quieras, todas estas caballerizas, tu casa… Antes, estábamos en Centauro, un club que queda en Pilar. Ahí tenías que respetar ciertas reglas, obvio. Ahora no dependemos de nadie.
¿Cómo se llaman las otras yeguas?
Pimpinela, Cordelia, que es una yegua inglesa, Monarca, Confusión, Corazonada, Falopa, Sospechosa…
¿Con cuántas jugás?
En los partidos en los que no salgo a matar, suelo usar nueve o diez caballos. En las finales, ponele, sólo juego con seis, pero entre ellos pongo a mis cuatro mejores.
En una final, ponés a Falopa…
Falopa no se vende [se ríe].
En el último tiempo, los precios de los caballos bajaron mucho, pero ni siquiera en una situación así vendés los animales buenos. Aunque me ofrezcan muy buena plata por Yegua, no la puedo vender porque bajaría mi handicap y porque es muy difícil encontrar un animal así. Para armarte en el polo, no te queda otra que arriesgar. Tal vez conseguís algo en un remate o comprás por cantidad y de pedo te sale un caballo bueno.
En una entrevista de G7, Adolfito Cambiaso dijo que en Argentina no se gana plata con el polo. ¿Es así?
Uno está invirtiendo constantemente en el polo, pero, salvo que gastes lo que no tenés, tampoco perdés guita. En algunos casos, recién empezás a ganar al final de tu carrera. Acá tenés de todo: están el que se mete para divertirse y el que se mete para laburar. Hoy es más difícil: hay muchos patrones, que son los que te contratan, los que financian a un equipo, y meterse en el Abierto de Palermo se complica bastante. Ni te cuento lo que significa para los tipos que están solos.
¿Cómo que “ni te cuento”? Contame, contame.
No es casual que los equipos de polo estén formados por hermanos y que haya una larga tradición de familias en este ámbito. No podés decir: “Bueno, me compro un caballo, me monto y ya”. Te doy un ejemplo: Juan Martín Nero [jugador de Ellerstina] es súper talentoso, pero, como estaba solo y no lo conocían mucho, recién a los 22 o 23 años pudo jugar un Abierto. Si Juan hubiese tenido una organización detrás, como la mayoría, habría jugado su primer Abierto a los 17 o 18. Todos tienen habilidad; entonces, dependés muchísimo de los caballos. La chance le llegó a Nero cuando alguien lo hizo entrar en Indios Chapaleufú. Ahí explotó y se hizo conocido, pero no cabe duda de que eso debería haberle llegado mucho antes.
Últimamente se intenta acercar el polo a un público más amplio. ¿No es contradictorio popularizar un deporte que van a seguir practicando las mismas personas?
Fijate que, si ibas a una final hace cinco años, encontrabas fácilmente una entrada, la pagabas y listo. Hoy, podés quedarte sin entrada porque va mucha gente. Creo que estamos trabajando bien; hay más auspiciantes y la cosa mejora.
Ficha personal
EL SUEÑO DE PALERMO
Pablo Mac Donough se ha coronado varias veces campeón en el Abierto de Polo de Tortugas y en el de Hurlingham, pero aún no pudo conseguir su anhelo mayor, el Abierto de Palermo. “Con Ellerstina, no nos tenemos que desesperar porque nos queda mucho tiempo para lograrlo. En 2005 y 2007 llegamos a la final y perdimos con La Dolfina en tiempo suplementario, así que no hay mucho que reprocharse. Nos toca ser contemporáneos de Cambiaso, que además nos ayuda a elevar el nivel de juego. Hay que mantener la calma”. Mac Donough, con Ellerstina, también llegó este año a la final del Abierto de Tortugas, pero no pudo disputarla por una lesión en el hombro derecho.

