Salvaje
Dice que su estilo es único. Dice que lo mismo da si el público se ríe o no en “Los quiero muchísssimo”, su sexto unipersonal. Dice que no se considera humorista y que lo han censurado más de una vez… bienvenidos al salvaje universo de Favio Posca.
TEXTO ESTEBAN FEUNE DE COLOMBI
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
¿Cuándo empezaste a actuar?
Empecé a actuar profesionalmente a los 19 años, aunque siento desde muy chico la adrenalina que eso genera. Recién a los 19, después de haber estudiado teatro, me di cuenta de que mi talento podía ayudarme a vivir de la actuación. El efecto que mis interpretaciones pueden causar en los otros también lo descubrí de niño, jugando con mis compañeros de escuela, cagándome de risa de ellos, deformándolos. Yo nunca imitaba. Si había una chica fea, llevaba su fealdad al extremo y mis amigos no lo podían creer. Creaba personajes a partir de gente que existía.
Siempre decís que tus personajes son deformes. ¿Eso ya estaba presente cuando eras chico?
Claro.
Cuando “deformabas” a alguien en tu infancia, ¿existía algún límite?
Que no me echaran del colegio. Me ponían malas notas por conducta y eso era una injusticia porque siempre fui buen alumno. Actuaba sin parar y, de repente, me ponían un uno por joder en el momento equivocado. En ese sentido, no tenía límites. Quizá yo hacía cosas así como contrapartida a una realidad familiar no tan alegre… Se trataba de un renacimiento de la risa desde la oscuridad.
¿Tenías noción del público en aquel momento?
Sin lugar a dudas. Para mí, siempre estuvieron los demás del otro lado. Si bien actúo para los espectadores, no me interesa demasiado el efecto que causa mi actuación en ellos. Como artista, elijo qué hacer. Mi elección debe calentarme, producirme deseo. Una vez que eso se cumple, comienzo a pensar en el público. Si no, estaría encerrado, ensayando. No entiendo a la gente que se pasa la vida ensayando algo y no lo expone por miedo, prejuicios o perfeccionismo. La perfección no existe.
¿A qué deseo te referís cuando hablás de la necesidad de “calentarte” con lo que hacés?
Me refiero a que me alientan mis estados de ánimo y las ganas que tengo, como artista, de decir tal o cual cosa en determinado momento.
¿Siempre tenés algo para decir?
Sí, pero sin que implique una bajada de línea o un mensaje. No creo en eso. El hombre es como es y la idea de cambiarle la vida a una persona con un show suena medio rara. Los mensajes, de algún modo, están ahí, implícitos. Aunque no me lo proponga, en mis espectáculos hay una bajada de línea, pero, si uno se engolosina con eso, el arte y la espontaneidad de la actuación pierden sentido. Mi idea es que la gente se agarre la panza de risa o espanto. Siempre cabalgué en esa frontera que existe entre la risa, la mueca y la deformidad.
Entonces, la bajada de línea pasa por reafirmar tu estética como artista.
Si tenés en cuenta que lo mío nunca fue ni será livianito, sí.
¿Nadie te frenó el carro cuando empezaste a actuar?
No, pero me han censurado y malinterpretado bastante. Por ejemplo, muchos espectadores se quejaron porque entendieron que el sketch que hacía en Susana Giménez, donde interpretaba a Pitito, era muy duro. Hasta hubo quejas de padres de psicóticos. Yo encarno a Pitito con absoluto respeto por las enfermedades mentales. Creo que mi interpretación es verosímil porque tengo un profundo conocimiento de la psicosis. Hacer un personaje complejo, sin discriminar, y meterlo en un programa como el de Susana genera cuestiones paradójicas.
¿Sentís que lo que hacías se tergiversó?
Y… Yo seguiré haciendo lo mío. Si Pitito vuelve al programa de Susana, vuelve como es, no más light [el personaje volvió al programa, pero ahora se presenta con un grupo de música].
¿Considerás que lo de Pitito fue estrictamente una censura?
Fue… No quiero que la gente se sienta mal. Entre Susana y Pitito hay un feeling groso. El quilombo no vino de adentro sino de los espectadores de Susana –su público, en principio, no tiene que ver con el mío–. Lo raro hubiese sido que nadie se quejara y que Pitito siguiera ahí como antes [risas]. Es lógico que haya explotado todo.
Leé la entrevista completa en la edición número 57 de G7.
FICHA PERSONAL
PELAR EL CULO, por Lolo, guitarrista de Miranda.
A Favio me lo presentó un amigo y pegamos onda al toque. Poco después, me invitó a su cumpleaños (eso significa que alguien te abre las puertas de su corazón). Me habían operado y debía mantener reposo. “Voy igual”, dije. Fui a su casa. Me presentó a sus amigos, que son unos personajes tremendos (sobre todo, el hermano de su mujer). Mientras comíamos, estábamos todos muy divertidos y sentí que el ambiente era muy libre. De repente, Favio se metió en la pileta y salió con la malla a la altura de las rodillas. Recuerdo que los ojos se me pusieron como dos huevos. Miré a su mujer y ella me dijo: “Lo dejo porque se siente libre”. A partir de entonces, Favio me incentivó a pelar el culo. Si lo aplicás en el momento justo, es un golazo.

