Ave Fénix
Luego de una suspensión por doping, volvió al circuito profesional de tenis ocupando el puesto 227, pero, en poco tiempo, obtuvo un título, venció dos veces a Roger Federer y se acercó al top ten. Sin embargo, Cañas vive su gran momento con serenidad y planea un 2008 a pura garra.
TEXTO LEONARDO BACHANIAN
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Uno lo creería hiperkinético como su juego, pero él es pura calma. Su forma de hablar es serena y su andar, casi perezoso. A Guillermo “Willy” Cañas no parecen conmoverlo los ecos que generó su nueva resurrección en el circuito mundial de tenis. Después del reposo al que lo obligó la suspensión por doping que le impuso la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) en febrero de 2005, Willy terminó el año pasado en el puesto número 15 del tablero. Además, en 2007 logró su séptimo título en el circuito profesional, volvió al equipo de Copa Davis y le ganó dos veces consecutivas a Roger Federer (para muchos, el mejor tenista de la historia).
Sin embargo, Cañas, en vez de jactarse de semejantes logros, se muestra levemente quejoso porque una tendinitis en la muñeca izquierda lo hizo perderse los dos primeros grandes desafíos de 2008: el Abierto de Australia (uno de los cuatro Grand Slam del año) y la primera rueda de la Davis.
¿Qué balance hacés de 2007?
La verdad, tuve un comienzo increíble y, hasta mitad de año, los resultados que obtuve fueron muy buenos. Después, mi rendimiento se vio alterado por un fuerte dolor en mi muñeca izquierda. Eso no fue fácil de llevar; sobre todo, porque necesitaba jugar bien para clasificarme al Masters [el último torneo del año, en el que participan los ocho mejores jugadores del circuito]. Pese a eso, estoy muy contento con mis logros.
¿Las dos victorias frente a Federer fueron lo mejor?
Sí, el placer de haberle ganado dos veces a Federer es enorme. Aunque también fue muy importante haber ganado otro torneo y haber disputado el partido definitorio del Condé de Godó frente a Rafael Nadal. Por otro lado, más allá de haber perdido en cuartos de final, en Roland Garros jugué muy bien. Cuando el año estaba llegando a su fin, me faltó un poco de combustible a causa de todos los partidos que había jugado.
¿Volviste a ver los partidos que le ganaste a Federer?
No y tampoco creo que lo haga. Por ahí, si los pesco por TV, me quedo mirándolos. Si bien guardo los videos de los partidos, no suelo mirarlos; quizá, por el hecho de que vivo muy rápido todo lo que me sucede. La ventaja del tenis es que, si algo te sale mal, a la semana tenés un torneo que te permite reivindicarte; la desventaja es que, si algo te sale bien, no tenés tiempo de disfrutar lo que lograste. Tal vez, en un futuro pueda recordar esos buenos momentos, pero hoy no puedo.
Ganarle dos veces consecutivas al Nº 1 del mundo es algo bastante infrecuente. ¿En ningún momento te detuviste a pensar lo que habías conseguido?
A veces, me tomo un segundo para pensar lo que logré. No es fácil encontrar un momento para reflexionar porque uno, a medida que consigue algo, siempre quiere más (eso sucede no sólo en el tenis, sino en cualquier ámbito de la vida).
Después de haberle ganado a Federer la primera vez, perdiste en sets corridos ante Carlos Moyá en la ronda siguiente del torneo. ¿Te costó mantenerte enfocado?
Cuando entré en la cancha para jugar contra Moyá, se trataba de un partido más: tenía tantas posibilidades de ganar como de perder. Lo que se generó en los medios después de la victoria fue ridículamente gigante y yo no estaba preparado para semejante repercusión. Recuerdo que, cuando terminó el partido, fui a la sala de prensa y la conferencia duró tres horas, algo que, normalmente, no sucede y no debería suceder. Entonces, al día siguiente, me resultó muy difícil estar enfocado. Parecía que había ganado un Grand Slam, cuando, en realidad, debía jugar un partido de tercera ronda de un torneo menos relevante. Después de haber perdido frente a Moyá, mi equipo de trabajo y yo nos reunimos con el objeto de analizar la situación y entendimos que esa maroma de periodistas y de notas había resultado avasalladora. Eso hizo que, al día siguiente, no estuviera de la mejor forma.
Para la segunda vez, sin embargo, ya estaban avisados de lo que vendría.
Sí. Por eso fue diferente: terminé el partido, asistí a la conferencia de prensa y tuve un día libre. Me alejé de las repercusiones y me mentalicé en el próximo partido. Haberle ganado dos veces a Federer fue algo muy grande, que me marcó mucho.
CARRERA DE MENTE
En el comienzo de su carrera, a Cañas le costaba mucho cerrar los partidos. En 1997, en Key Biscayne, superaba al francés Fabrice Santoro por 6-2 y 5-2, pero perdió. Al año siguiente, en Chile, desperdició 10 match-points ante Martín Rodríguez. Dos años más tarde, vencía al venezolano Maurice Ruah por 6-3, 6-3 y 5-0 y también perdió. Una lesión en la muñeca izquierda –otra, la misma– lo obligó a operarse y entró en el nuevo milenio enterrado en el puesto 227 del ranking. Sin embargo, Willy se recuperó. “Cambiamos un montón de cosas; el secreto fue que Willy creyera en sus fuerzas”, había dicho Pablo Martín, quien lo entrenaba en 2001, cuando Cañas volvió con todo al circuito.
La eficacia de los tenistas no sólo depende de su físico, sino también de su mente. ¿Cómo trabajaste el tema de la mentalidad en tu carrera?
Uno empieza a creer en sí mismo a medida que va logrando cosas. En mi caso, no sé cuándo fue el punto de inflexión. En un momento, cuando me costaba cerrar los partidos importantes, trabajé con un psicólogo y, después, los psicólogos terminaron siendo los integrantes de mi equipo. Eso me ayudó muchísimo, por ejemplo, cuando sufrí mi primera lesión grave.
Las diferencias de juego que existen entre los tenistas que ocupan los primeros puestos, ¿tienen que ver más con la cabeza que con el físico?
Es una mezcla de cosas, no pasa sólo por lo mental. Hoy, tal vez, las diferencias en el ranking están más marcadas que antes: el número uno es intocable y nadie se le acerca. El número dos [Rafael Nadal] y el número tres [Novak Djokovic] también parecen inamovibles. Después, el resto del circuito está al mismo nivel. Hay rachas y cualquiera puede ganarle a cualquiera. Por eso, en los últimos meses el ranking varió tanto.
Leé la entrevista completa en la edición número 48 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
UN GLADIADOR, por Guillermo Vilas.
El tesón, el sacrificio y el trabajo de Cañas dejarán una marca muy fuerte en el universo del tenis. Cuando él entrenaba en mi club [Vilas Raquet], yo lo observaba y me impresionaba mucho ante su esfuerzo. Además de ser un ejemplo para todos, Guillermo es una persona con mucha vitalidad, que va siempre para adelante y soluciona cualquier problema que se le presenta. Cuando entra en la cancha, su rival sabe de antemano que deberá dejar todo para ganarle. Hay algo único en su forma de jugar porque es ofensivo y corre todas las pelotas, cosa que no es muy frecuente; en general, los jugadores ofensivos no son los que más corren. Él, sin embargo, hace las dos cosas al mismo tiempo, con lo cual se parece más a un gladiador que a un tenista. Mejor dicho, Cañas es un gladiador del tenis.

