Sangre joven
Tiene casi 30 años y es una de las figuras más importantes de las danzas clásicas a nivel mundial. Integra el Ballet Nacional de Holanda y fundó una compañía platense para alentar y difundir la danza en Argentina.
TEXTO ANA MARÍA HANSSEN
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
En su reciente presentación en el Luna Park, donde bailó el clásico Giselle, Iñaki Urlezaga demostró ante el público argentino por qué es uno de los bailarines clásicos más aplaudidos del mundo. Urlezaga supo desde chico que sería bailarín y nunca se preocupó por el “qué dirán”. Iba al colegio con un bolso en el que llevaba, además de los materiales de estudio, sus zapatillas de baile. Sin embargo, este joven platense de nombre vasco está convencido de que sus inicios en la profesión tuvieron lugar en otra vida, en otra época y de que, actualmente, su tarea radica en continuar con algo que tal vez haya empezado siglos atrás.
¿Qué edad tenías cuando empezaste a bailar?
Mi currículum oficial dice que empecé a los 8 años porque a esa edad entré en la escuela del Teatro Colón. Sin embargo, gozaba de una formación excelente antes de entrar en la escuela porque había estudiado 2 años en La Plata.
¿Ya sabías, a los 8 años, que ibas a ser bailarín?
En realidad, eso nunca me lo pregunté. Tampoco me planteé nunca la posibilidad de hacer otra cosa. Según mi madre, yo bailaba incluso cuando era bebé y paseaba en el andador. Como dice Octavio Paz, la intuición no se puede manifestar racionalmente. A veces, trato de explicarme cómo puede ser que estuviera dando mis primeros pasos de baile a los 3 años y llego a la conclusión de que eso tiene que venir de otro lugar, de muy lejos.
¿Qué quiere decir “de muy lejos”? ¿Te referís a otra vida?
Sí. Creo que todos pasamos más de una vez por esta tierra.
¿Cuánto influyó tu familia en tu formación?
Mucho. Yo empecé a bailar en el estudio de Lilian Giovine, mi tía. Mi mamá estudió danzas y, mientras yo hacía el primario, ella me llevaba todos los días de La Plata a Buenos Aires para que fuera a la escuela del Colón, donde estudié 10 años.
AQUÍ, ALLÁ Y EN TODAS PARTES
Iñaki terminó su formación en Argentina con un promedio de 10. Entonces, recibió una beca para perfeccionarse en The School of American Ballet, una legendaria escuela de Nueva York. Más tarde, se convirtió en el primer bailarín del Royal Ballet de Londres, compañía en la que se desempeñó durante 10 años. Actualmente, Urlezaga integra el célebre Het Nationale Ballet de Holanda en calidad de primer bailarín invitado.
Sus vuelos son únicos y, aunque sólo tiene 29 años, bailó en los teatros más importantes del mundo e interpretó una inconcebible cantidad de obras clásicas. Urlezaga es, sin duda, uno de los bailarines más talentosos del país. Su porte de príncipe y su maravillosa presencia en el escenario provocan la admiración de sus compañeros y de los amantes del ballet. Basta con decir que la extraordinaria bailarina rusa Natalia Makarova le pidió, en 2005, que interpretara con ella El lago de los cisnes en la Ópera de Perm.
Cuando te dieron la beca para estudiar en The School of American Ballet, viviste dos años en Nueva York. ¿Cómo fue tu experiencia en esa ciudad?
La verdad, no me gustó la vida de los estadounidenses. Son muy fríos y están obsesionados con el trabajo. Su mundo me pareció vacío y no me dieron ganas de participar de una sociedad tan individualista.
¿Por eso te fuiste a Londres?
No. Primero, volví a Buenos Aires porque no estaba contento en Estados Unidos. Después, entendí que el arte acá no estaba en su mejor momento, decidí instalarme en Inglaterra. Por suerte, llegué al Royal Ballet de Londres, una de las mejores compañías del mundo.
Ahí trabajaste con Sir Anthony Dowell –uno de los más conocidos bailarines de Inglaterra–, un director que tuvo mucho peso en tu carrera.
Es cierto. Anthony Dowell me contrató en un momento en el que los bailarines británicos no sobresalían. Fui el último extranjero que eligió para la compañía. Él fue, en cierto sentido, mi mentor. Me guió, me apadrinó y siempre confió en mí. No podía haber caído en un lugar mejor.
¿Y pudiste adaptarte a la vida londinense?
Sí, porque se trataba de un mundo que tenía que ver conmigo. Londres no me enloqueció, pero es una ciudad llena de ideas y de creatividad, muy refinada y divertida para alguien joven. Cuando llegué ahí, sólo tenía 18 años.
Entonces, ¿cómo era un día en tu vida?
Muy tranquilo. Me levantaba, como ahora, a las 8, iba a clases hasta el mediodía y, luego, ensayaba hasta las 6 de la tarde.
¿Desde hace cuánto tiempo estás en el Ballet de Holanda?
Desde hace 3 años. Es más relajado que el Royal Ballet de Londres porque tengo un contrato más flexible y eso me permite hacer otras cosas. O sea, no estoy tan absorbido por la compañía.
Leé la entrevista completa en la edición N° 46 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
UN LUGAR IMPORTANTE
Por Ana María Stekelman, coreógrafa.
Históricamente, nuestro país ha dado grandes bailarines e Iñaki Urlezaga no es una excepción a la regla. Aunque haya demostrado sus excelentes condiciones como bailarín clásico, creo que tiene mucho futuro en la danza neoclásica y moderna. Trabajamos juntos en pocas oportunidades, pero destaco, sobre todo, su entrega. Eso me sorprendió. Por otra parte, es un bailarín de enorme ductilidad. Sus condiciones y su pasión hicieron que ganara un lugar importante en el mundo de la danza.

