El hombre de la calle
Este año se cumplen tres décadas de la edición de su primer disco. Es un momento ideal para repasar su carrera y hablar sobre Fuera de ambiente, el álbum que hace unos meses presentó en Buenos Aires.
TEXTO SALVADOR BIEDMA
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Cuando nos damos la mano y, a modo de presentación, le indico mi nombre, dice a su vez, tímido, “Jaime”. Suena paradójico; pero ese gesto humilde se siente como un misil. Cuando suelte un “ahí nos vemos” para despedirse y se esfume en plena esquina, todo parecerá un espejismo. Sin embargo, llevo en la mochila el grabador y, en cuanto aprieto “play”, reconozco su voz gruesa.
Antes de comenzar con la entrevista, conversamos sobre su devoción por el bajo eléctrico, sobre Uruguay y sobre el reportaje que, junto a Mario Marotta, le hizo a Eduardo Mateo en 1983 (algunos pasajes fueron incluidos en el libro Razones locas, de Guilherme de Alencar Pinto).
Roos habla lento, piensa, desmenuza las palabras y se toma su tiempo para cerrar cada idea. La precipitación de una pregunta no lo detiene; impone su ritmo, exige, a su modo, que no quede ningún cabo suelto en la charla.
UN BEATLE EN EL BARRIO SUR
Lo va a decir más de una vez durante la entrevista: tiene más de medio siglo de vida. Nació en 1953, en la calle Convención 1126 bis –a metros de la intersección con Durazno–, en el barrio Sur de Montevideo. A los 3 años, comenzó con dos amigos a imitar a una murga: “A mí me habían regalado un bombo y un platillo. Le prestaba el platillo a un amigo y armábamos la batea con él y con ‘el Ratón’, que tenía un redoblante de lata. Pedíamos ‘un vintencito para la murga’ (un vintén eran 2 centavos) y, al final de la tarde, si habíamos recaudado lo suficiente, nos comprábamos un refresco”.
Tiempo después, se unió a una batucada, en donde –como no lo dejaban tocar– pedía dinero. “También estaba el candombe”, dice. “En el candombe toca todo el mundo, pero, si no tocás bien, los morenos te zumban”. Generalmente, él miraba, pero más de una vez acarició el tambor chico (los tambores de candombe son tres: chico, piano y repique).
Ése, para Roos, era el mundo del barrio: el del candombe, la murga y la batucada. Pero existía otro universo: el de los Beatles. “Hoy me resulta muy curioso pensar que, cuando era niño, los Beatles estaban en acción. Cuando salía un álbum nuevo, era todo un acontecimiento para los beatlemaníacos, que no éramos tantos como ahora se dice. Yo era de los religiosos, creía que eran apóstoles… Y lo sigo creyendo”.
El bigote del uruguayo, sin el cual sería irreconocible, tiene su origen en la tapa de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Cuando salió el disco (considerado por muchos el más influyente de la historia), Roos tenía 13 años y era usual que sus compañeros de escuela organizaran fiestas de disfraces. Él se conseguía una camisa psicodélica y se pintaba bigotes con un marcador para copiar a Harrison o a Lennon. “Fui de desarrollo tardío. Recién a los 21 o 22 años pude dejarme la barba. A partir de ahí, nunca me saqué el bigote; pasó a ser parte de mí, aunque su verdadero origen es la tapa de Sgt. Pepper’s…”.
Para Roos, el barrio estuvo separado de los discos de rock hasta que su tío, primero, y El Kinto Conjunto, después, le movieron la estantería. Georges Roos, el tío de Jaime, fue productor artístico y letrista del primer disco de candombe-jazz. “Además, era el director de Peña de Jazz y, cuando yo tenía 7 u 8 años, me llevaba a las jam sessions. Gracias a él, vi tocar a los hermanos Fattoruso antes de que fueran Los Shakers”, recuerda. El Kinto Conjunto (grupo al que Jaime dedicó el tema “Bienvenido”) apareció en escena en 1967, comandado por Eduardo Mateo y Rubén Rada. “Ellos fusionaron la música beat con el candombe y lo hicieron, se puede decir, un poquito antes de que Santana hiciera lo propio con los ritmos latinos”.
De ese modo, el candombe, la murga y la batucada del barrio se conectaron con el rock de los discos y el cóctel estalló: “Me hicieron ver que podía ser un beatle y, al mismo tiempo, ser del barrio Sur y cantar en español. Entonces, empecé a integrar pequeños grupos con los que tocaba candombe y otros ritmos latinoamericanos que estaban en boga por el empuje político de la época. Esos grupos sonaban mal, pero fueron el semillero de los músicos uruguayos que aparecerían después”.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 37 DE REVISTA G7.
FICHA PERSONAL
PARA SIEMPRE, por Mauricio Rosencof, escritor y dramaturgo, director del Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo.
Conocí a Jaime mientras hacíamos la cola para cobrar unos trabajos periodísticos en la revista Jaque. Entramos a conversar y nos dimos cuenta de que aparecían coincidencias estéticas, políticas, humanas, humorísticas… Seguimos la charla en un boliche y nació una amistad de fierro. A partir de entonces, trabajamos juntos varias veces. De hecho, hicimos el guión de una ópera-murga a la que ya le hincaremos el diente. Jaime puede hacer cualquier cosa: puede tomar la marcha de Garibaldi y te saca un éxito. Es como Midas: todo lo que toca se transforma en disco de oro. Él sabe que tiene un amigo acá y yo sé que tengo en él a un amigo. Eso es para siempre.

