En el medio
“La mayoría de los periodistas se han convertido en burócratas”, dice. Fiel a su estilo, pero sin crisparse demasiado, Lanata habla en esta nota sobre la política, sobre el periodismo, sobre la relación con Fontevecchia y Tinelli y sobre su nuevo libro, Muertos de amor, entre otras cosas.
TEXTO SALVADOR BIEDMA
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Todo el mundo conoce, a grandes rasgos, el recorrido de Jorge Lanata; todos tenemos presente su cara, sabemos de sus modales, prevemos muchas de sus ideas… Sin embargo, él siempre logra escapar por la tangente y sorprender. Su trayectoria lo ha dotado no sólo de cierta impunidad para decir las cosas sino también de una magistral pericia para cambiar de juego y sacar un as de la manga. Su carrera, sin embargo, puede convertirse en un pesado lastre ya que habilita a muchos a cuestionar su trabajo en Radio del Plata, propiedad de Marcelo Tinelli, y en el semanario Perfil, dirigido por Jorge Fontevecchia.
Lanata no se sentirá incómodo cuando le pregunte por eso; hablará con soltura, explicará sin reticencia su visión sobre Fontevecchia y Tinelli y dejará en claro que no le molesta exponerse aunque eso lo lleve a mostrar algunas contradicciones. Esa actitud sorprende si uno tiene en cuenta que, cuando presentó Muertos de amor en la Feria del Libro, dijo: “Tengo 46 años, saben quién soy, saben de dónde vengo, saben lo que hice… ¿Saben qué? Estoy podrido de tener que justificarme”.
De cualquier modo, mostrará en esta charla un flanco menos crispado, más abierto, más sensible que el que estamos acostumbrados a ver. Eso no implica, obviamente, que deje de emplear la ironía ni ahorre golpes directos o por elevación.
AQUÍ, ALLÁ, HOY O MAÑANA
El vínculo de Lanata con los medios se inició en la revista del colegio al que asistía, el San Martín de Avellaneda. Las notas que escribía allí llegaron a manos de quienes hacían un pequeño periódico llamado La Ciudad, les gustaron y decidieron reproducirlas. “Eso me dio no sé si seguridad o qué”, comenta. La cuestión es que un día vio, en Ayacucho y Las Heras, la insignia de Radio Nacional y, sin conocer a nadie, entró a pedir trabajo. Así, empezó a escribir informativos.
¿Cómo te sentías a los 14 años escribiendo informativos para Radio Nacional?
Era raro. Mentía la edad, decía que tenía 17. Parecía más grande, pero era recontra menor. Ni siquiera podía firmar el contrato de trabajo; lo firmaba mi papá. En cierto modo, fui la mascota del informativo. Después, hasta que cumplí 30 años, se me empezó a cuestionar que fuera joven.
¿A qué punto te afectó la dictadura?
Yo era chico. Al principio, estaba en Radio Nacional, pero en el ‘77 me fui. Además del informativo, hacía un programa llamado Los caminos del folklore, con Chany Inchausti, de Los Arroyeños. Un día, pauté un tema de Mercedes Sosa y el gerente artístico me llamó para decirme que no lo podían pasar porque incluía la palabra “pobre”. Entonces, me fui.
¿Mercedes Sosa todavía no estaba en las listas negras?
Creo que estaba, pero se podían pasar algunos temas tradicionales cantados por ella.
¿Cómo llevabas un programa llamado Los caminos del folklore a los 17 años?
Era chico. Ni me acuerdo de cómo era el programa. Cuando me fui de la radio, empecé a hacer otras cosas. Viajé bastante, trabajé de mozo, empecé Derecho y abandoné…
¿Qué te interesa hoy del periodismo?
La calle. Nunca perdí el espíritu de cronista. Para mí, eso es lo que mantiene viva la profesión. De hecho, en Perfil, cuando puedo, me voy de viaje o cubro algo. Las historias están afuera, no están acá.
Sin embargo, el análisis de las historias y…
Eso me parece interesante, pero cubrir la calle me gusta más. Estuve en Río Gallegos, en Malvinas, en Medio Oriente… Cada vez que puedo, me voy, estoy 4 o 5 días en un lugar y trato de entender lo que pasa ahí.
¿En algún momento tuviste que “transar” para seguir trabajando?
En este laburo, siempre recibís presiones. De El Porteño para acá, a medida que pasaba el tiempo, fui cada vez más libre. Tuve presiones mientras dirigía Página, pero ahí mi laburo era decir que no. Yo me hago cargo de todo lo que hice a partir del año 2000, más o menos, cuando ya llevaba un tiempo trabajando en televisión. Todas las cagadas que me mandé a partir de ese momento me corresponden sólo a mí.
¿Te planteaste si trabajar con Fontevecchia o Tinelli implicaba “transar”?
No, para nada.
Ellos tienen un perfil prácticamente opuesto al tuyo.
Sí, es muy raro. Tengo buena relación con ellos. Fontevecchia quería laburar conmigo desde hacía tiempo y en Perfil puedo decir lo que se me ocurra. Marcelo tuvo, para decirlo de algún modo, la valentía de ponerme en la radio cuando me habían sacado de la televisión. Me llamó Tinelli, no me llamó ningún otro, y nunca me hizo planteos con respecto a lo que digo. Obviamente, a él le conviene que yo esté en su radio porque al programa le va bien. De cualquier modo, me parece muy respetable la actitud que Tinelli tuvo conmigo. Él es un tipo de la industria. En cierta etapa del menemismo, empezó a entrar en los medios la guita negra de la política de la mano de Manzano, Vila, Moneta, Hadad…
Te referís a América y Canal 9, ¿no?
Sí, pero en algún momento también tuvieron Telefe, estaba [la Editorial] Atlántida metida… Entonces, los medios se empezaron a dividir entre la mafia y la industria. Obviamente, yo prefiero hablar con la industria antes que con la mafia. De hecho, me llamaron de Canal 9 muchas veces y nunca quise ir. No da todo lo mismo, no es lo mismo Marcelo que Hadad. Marcelo es un tipo de la industria; quiere hacer plata, sí, pero es un tipo de la industria.
Sin embargo, él estuvo en Canal 9.
Sí. Es más, quería producirme un programa ahí. Después, se dio cuenta de la cagada que se había mandado y se fue.
Tu trayectoria hace que hoy se te cuestione que trabajes con Tinelli o Fontevecchia. ¿En algún momento sentiste que eso se transformaba en una carga?
Creo que ésos son cuestionamientos del ambiente periodístico, no del público. Si yo hubiera ido a Canal 9, la gente no le habría dado importancia. A mí no me parece contradictorio trabajar con Tinelli o Fontevecchia. Lo que pasa es que yo, antes, montaba mis propios medios. Armé la cooperativa en El Porteño, saqué Página/12, hice Veintitrés… Después, quebré y fue un desastre. Entonces, ahora elijo laburar para otros. Es mucho más tranquilo: voy, cobro un sueldo y chau (no lo digo como algo malo, para nada).
¿Qué te parece Perfil como medio?
Hay cosas de Perfil que me gustan y cosas que no. Me parece que tiene demasiadas páginas, me parece que es un buen espacio de libertad en un momento en que casi no hay espacios, no me gusta que haya copiado el diseño de El País de Madrid, me parece que a veces es demasiado opositor… Yo soy opositor, pero creo que hay que balancear un poco la línea porque ser demasiado opositor te vuelve poco creíble.
LEÉ LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN NÚMERO 41 DE REVISTA G7.
FICHA PERSONAL
“YO, ANTES, MONTABA MIS PROPIOS MEDIOS. ARMÉ LA COOPERATIVA EN EL PORTEÑO, SAQUÉ PÁGINA/12, HICE VEINTITRÉS… DESPUÉS, QUEBRÉ Y FUE UN DESASTRE. ENTONCES, AHORA ELIJO LABURAR PARA OTROS. ES MUCHO MÁS TRANQUILO”.

