En carrera
Hace un par de meses, el “Pato” Silva se coronó subcampeón, junto a su equipo Honda Petrobrás, en la categoría TC 2000. Se trata de un nuevo suceso para su exitosa carrera, en la que se funden el sacrificio y el talento.
TEXTO LUCIO VALMAGGIA
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
Empezó corriendo en karting y hoy, con una extensa carrera, es protagonista de las dos categorías más populares del automovilismo nacional: el TC y el TC 2000. A mediados de la década pasada, se fue a correr a Japón. En 1999, regresó al país y se coronó campeón argentino de TC 2000. Desde 2003 es panelista del programa Última vuelta, que se emite por Fox Sports los lunes a las 21:30.
El piloto nació en 1972. Le empezaron a decir “Pato” cuando era chico, por aquello de “a cada paso, una cagada”. Pasó buena parte de su vida en Resistencia, Chaco, y echó sus raíces en Palermo tres años atrás. Afirma que extraña mucho la vida de provincia. “La paso muy bien en el Chaco. Tuve que venirme a Buenos Aires para crecer en todo lo que rodea al automovilismo: las relaciones con las empresas, con los medios… Fue un paso para seguir creciendo y no quedarme simplemente en un ‘chofer de autos de carrera’”.
¿Cómo comenzaste a correr en auto?
Creo que empecé desde mi gestación, porque mi papá [Manuel Antonio Silva] corría y siempre tuvo taller mecánico. Además, me han contado que mi mamá iba, cuando estaba embarazada, a ver las carreras de mi papá. Desde que tengo uso de razón, mi vida estuvo relacionada con el taller mecánico. En vez de ir a jugar a la pelota (por eso soy tan malo jugando al fútbol), me iba al taller de mi papá a cebar mate, a limpiar piezas, a barrer… Toda mi infancia se basó en eso. Salía del colegio, hacía la tarea rápido para ir al taller y después volvía a mi casa, a última hora, engrasado de pies a cabeza. Empecé a correr en serio a los 13 años. Primero, en karting y después, a los 18, en autos de carrera. En esa época, no se podía empezar antes; hoy arrancan a los 14 o a los 15.
¿Llegaste a correr junto a tu viejo?
No. Lo tuve como acompañante en una carrera de Turismo Carretera y fue una linda experiencia porque él vio cómo manejaba, cómo me desenvolvía y, cuando terminamos la carrera, me dijo: “Hacés lo mismo que hacía yo en un auto de carrera”.
¿Cómo es tu relación con él?
Tenemos una relación bárbara, pero pensamos muy distinto. Somos muy parecidos en algunas cosas y muy distintos en otras. Yo acepto su forma de trabajar, pero es como que yo lo modernicé, lo tecnifiqué. Hace poco, nos peleamos. Estábamos preparando un auto de carrera y él no compartía la forma en que yo lo estaba haciendo. No fue sólo que nos peleamos, fue toda una cuestión: me enojé con él, saqué el auto del taller, lo tiré en una zanja y después le zapateé el techo.
¿En algún momento sentiste presión de parte de tus viejos?
Sentí algo de presión por el lado de mi mamá. Ella me decía que, si no estudiaba, no corría. Eso me impulsó a terminar la secundaria bien. Perdí un campeonato de karting por estar más en el colegio, pero me di cuenta de que hay prioridades. En ese momento, con 13 o 14 años, quería matar a mi vieja, pero hoy, con 34, le agradezco. Cuando terminé la escuela, empecé Ingeniería Mecánica. Soy corredor de autos y, al mismo tiempo, me gusta preparar un auto y conocer toda la parte técnica: por qué y cómo funcionan las piezas. Cuando empecé a estudiar, me di cuenta de que era dificilísimo; no podía hacer las dos cosas y dejé la carrera a los seis meses.
¿Y qué te dijo tu vieja?
La convencí para que me dejara seguir corriendo y le dije que al año siguiente iba a arrancar con Ciencias Económicas. Empecé, pero me di cuenta de que, en realidad, estudiar no me gustaba. En cada rato libre que tenía, quería ir al taller a trabajar en el auto o buscar empresas que me ayudasen a poder competir. En ese momento, hacíamos rifas y miles de cosas para solventar los gastos de un auto de carrera. Ahí fue complicado porque mi vieja me dijo: “Si no estudiás, no corrés”. Hubo un mes de pelea familiar hasta que ella aflojó. Cuando decidí dedicarme profesionalmente, no tenía escapatoria: me iba bien o hacía la vida de mi viejo, que siempre fue muy sacrificada. Nunca nos faltó nada, pero tampoco nos sobró.
¿Así de dura era la cosa?
Sí. De entrada me mentalicé en que, si llegábamos, estábamos salvados y, si no, nos fundíamos. En un momento, vendimos una alineadora de mi papá para poder competir y vendimos un Citroën de mi mamá para ir a una carrera. Estábamos hipotecando todo, pero, al mismo tiempo, ése fue un pilar fundamental de mi carrera: la responsabilidad.
LEÉ LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN NUMERO 36 DE REVISTA G7.
FICHA PERSONAL
RESPETO MUTUO
Por Ernesto “Tito” Bessone, piloto profesional.
El “Pato” piensa mucho cómo plantear las carreras y tiene siempre en claro qué quiere hacer. Como persona, él ha crecido mucho en el aspecto mental: para hablar, para encarar una carrera, para afrontar un fin de semana… Antes se bajoneaba cuando no le salían las cosas, pero se ha fortalecido mucho. Tengo una muy buena relación con él y existe mucho respeto entre nosotros. Además, competir con él es fácil porque estás al lado de alguien que sabe lo que hace arriba de un auto de carrera, piensa las maniobras y tiene control del auto. Es un piloto consagrado, que ha ganado todo. ¿Qué más puedo decir? Está claro que va a dejar su marca en el automovilismo nacional, no va a ser uno más.

