Días de radio
Fue periodista deportivo, modelo publicitario y actor. Estuvo a punto de convertirse en jugador de fútbol. Desde hace 7 años, conduce Basta de Todo, un programa de radio en el que logra la absoluta empatía con los oyentes.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS PAULA STOLIAR
Matías Martin se probó en las inferiores de Platense cuando tenía 17 años y descubrió que el fútbol profesional no era lo suyo. Entonces, se volcó de lleno al periodismo deportivo: estudió en TEA y comenzó a comentar regularmente partidos de fútbol. Fue modelo publicitario y actor. De hecho, asegura que podría actuar en un cortometraje. “No me bancaría un protagónico, pero podría interpretar un papel secundario. No le tengo miedo a las cámaras”. Nadie podría negar lo que dice pues las pruebas están a la vista. En televisión, condujo programas tan diferentes como Locos por el fútbol, Fugitivos, Arde Troya y High School Musical: La selección. Desde hace 7 años, conduce el exitoso ciclo radial Basta de todo por Metro.
¿Cómo fue tu paso por las inferiores de Platense y de Vélez?
A Platense me llevó un tipo que me había visto jugar en la playa. Entrené en el club durante un mes, en pleno verano. Recuerdo que hacía 40 grados todos los días. Después de un entrenamiento, el tipo que me había llevado me señaló a uno de mis compañeros y dijo: “Vino desde Chaco, vive en la pensión del club”. Me pareció que ésa no era mi historia. Después, me probé en Vélez, jugué bien y gusté. Prometí que volvería, pero nunca lo hice.
¿Ya no tenías ganas de ser futbolista?
De chico, si sos muy fanático del fútbol, te imaginás metiendo un gol en una cancha llena. Sin embargo, cuando tuve la oportunidad de jugar en un equipo, no aposté.
¿El periodismo se convirtió en una opción después de probar con el fútbol?
El periodismo siempre me gustó. Empecé a estudiar y descubrí la radio y la tele y me concentré en eso.
¿Nunca te interesó el periodismo gráfico?
Cuando estudiaba en TEA, sentía que escribía bien y que podía aprovechar eso, pero se generaron enseguida oportunidades en la radio y en la tele. Primero, pintó un laburo en una radio trucha; después, en un programa de cable. Recibí buenas ofertas de trabajo y el periodismo gráfico quedó relegado. Cubrí el último Mundial para un blog de La Nación, pero escribir en un blog no es lo mismo que trabajar en un diario o una revista.
¿Te sentiste cómodo con ese blog?
Sí, pero no del todo. Hay algo que me traba en la escritura; no logro expresar fielmente lo que siento. Además, cada vez que releo mis textos pienso que podrían estar mejor, aunque algunas cosas me gustan. Llegué a dirigir la revista Un caño, en la que escribí un poco.
¿Cómo encaraste tu trabajo en esa revista?
Creo que mi presencia en Un caño tenía que ver con un propósito marketinero que no se reflejó en las ventas. No me contrataron por mi prosa fantástica sino porque mi imagen parecía redituable y porque faltaba un tipo que se la jugara. La revista denunciaba cosas que nadie se había animado a decir. Hace poco, me encontré con Ralph Rothschild, el editor de la revista, que me sigue agradeciendo por los huevos que puse. Él lo supo valorar; el mercado, no.
¿Por qué?
Porque la gente lee cada vez menos. Además, las publicaciones sobre fútbol no funcionan –El gráfico, por ejemplo, está muerta en vida– y hay una sobreproducción de revistas en el mercado editorial. La idea era que Un caño se bancara con publicidad, pero, como íbamos en contra de todo, las marcas no querían quedar pegadas a lo que decíamos. Los colegas que me ayudaban a promocionar la revista, en lugar de felicitarme por haber denunciado a [Julio] Grondona, me preguntaban si no tenía miedo de que me pasara algo. Está todo tan “atado” que ponerte en contra implica, a veces, quedarte sin laburo.
¿Qué era lo que más disfrutabas del periodismo deportivo?
Ir a la cancha y transmitir partidos en el rol de comentarista. Eso me encanta. Siempre pienso que puedo volver a hacerlo. Sin embargo, cada vez me alejo más.
¿Eso significa que no vas a comentar un partido nunca más?
Cuando Tinelli me propuso que condujera Fugitivos, yo era comentarista. Él se sentía identificado conmigo porque había pasado por lo mismo, pero se reía. Me preguntaba si quería transmitir Talleres-Vélez y le decía que sí. Me daba miedo dejar el fútbol. Un Boca-River es lo mismo en 1950, en 2000 y en 2050. Se trata de un laburo para toda la vida. Hacer un programa de tele es distinto.
Tuviste trabajos muy diferentes. ¿Fue una elección?
Me lo planteé como un desafío desde que empecé a laburar. Siempre quise hacer cosas distintas. A los conductores que llevan 15 años haciendo lo mismo les achacan eso y a mí, que trabajo en diversas cosas, me critican por hacer lo contrario. Es curioso.
Yo lo veo como una virtud.
Mucha gente no lo ve así. Siempre hice cosas distintas y eso me abrió todo un mundo. Este año, conduje High School Musical: La selección, un programa para chicos, y los primeros comentarios que me hicieron eran de este tipo: “Qué raro que hagas un programa para chicos, ¿no tenés miedo?”. Hice programa para chicos, otros para adultos, uno más zarpado, uno deportivo, uno periodístico, cubrí un Mundial… Me gusta abrir el juego. De lo que hice en la tele, lo más cercano a lo que me gusta ver como espectador es Arde Troya. Ese programa ya lo hice y estuvo buenísimo.
Es raro que tu trabajo en TV no afecte tu imagen en la radio.
Como hice cosas tan diferentes, la gente puede disociar a ambos personajes. Cuando empecé con High School Musical, me llegaron muchos mails de desaprobación a Basta de todo. Yo me pregunto quiénes mandaron esos mails, a qué se dedican. Hay una gran hipocresía en torno a la imagen.
Leé la entrevista completa en la edición N° 45 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
GEMELOS
Por Juan Pablo Varsky.
Nacimos el mismo día, con 3 horas de diferencia. Nuestra relación se dio a partir de esa casualidad. Nos encontramos por primera vez en una entrega de los premios Estímulo de TEA y nos hicimos amigos. Siempre quisimos trabajar juntos y pudimos lograrlo antes de cumplir 40. Con Matías, nos dimos muchos gustos y nos bancamos en crisis profesionales y personales. Tenemos un vínculo muy profundo. Lo quiero y lo admiro mucho. Es un profesional sensible que deja su sello en todos los programas que conduce. Para mí, ser amigo suyo es un placer.

