En puntas de pie
Se fue a vivir a Nueva York cuando tenía 15 años. Hoy, integra el American Ballet Theatre y es una de las mejores bailarinas de danza clásica del mundo. Más allá de su talento, ella prefiere resaltar su “infinita capacidad de trabajo”.
TEXTO ANA MARÍA HANSSEN
FOTOS GENTILEZA JORGE FAMA
A los 7 años, como lo que más le gustaba era moverse al ritmo de la música, le pidió a su mamá que la inscribiera en un curso de baile. Sin embargo, no le interesaba cualquier tipo de danza. Quería aprender ballet y mostraba tal determinación que a nadie se le ocurría que podía tratarse de un capricho. Con el paso de los años quedó clarísimo que, efectivamente, no lo era.
A los 15 años, Paloma vivía en Nueva York y formaba parte de un selecto grupo del School of American Ballet. En esa cuidad, una extraña pirueta del destino la llevaría a cumplir su gran sueño: entrar en el American Ballet Theatre (ABT). Desde que tiene 19 años, es una de las bailarinas principales de la compañía que siempre admiró, en la que brillaron monstruos como Mikhail Baryshnikov o Natalia Makarova.
A los 32 años, Paloma encarna en sus presentaciones la definición de danza clásica que George Balanchine (un gran bailarín ruso) parece haber escrito pensando en ella: “Ballet es mujer”.
Entrar en el ABT era uno de tus mayores deseos y, desde hace años, formás parte de esa compañía. ¿Qué sensación te genera haber cumplido ese sueño?
Es una experiencia maravillosa. Disfruto al máximo el hecho de levantarme cada día, ir a clases y tener funciones. Soy muy consciente de que cumplí un gran sueño y tengo la misma sensación de felicidad que a los 15 años, cuando entré en el ABT.
¿Qué responsabilidades conlleva el hecho de ser considerada una de las mejores bailarinas del mundo?
Sé que ésta es una carrera sacrificada, pero nunca la tomé como un peso. Amo lo que hago; la danza nació conmigo, viene de adentro, es parte de mí. No tengo en claro si soy una de las mejores bailarinas del mundo. Sé que, tanto en los ensayos como en las funciones, doy el 100 % de mí. Tal vez mi responsabilidad con el público pase precisamente por ser transparente, por dar todo.
De todos modos, muchos críticos dicen que sos la mejor.
Es difícil afirmar algo así porque cada bailarín posee un estilo. Yo sé que tengo talento y, sobre todo, una infinita capacidad de trabajo.
Decís que la danza nació con vos. ¿Cuánto influyeron factores como la suerte para que lograras desarrollar esa pasión innata?
Creo que la carrera de bailarina es muy difícil porque, justamente, tienen que combinarse muchos factores. Aunque tengas toda la suerte del mundo, no lográs nada si no tenés talento o no trabajás duro. Lo único que puedo decir con respecto a la suerte es que hay que estar en el lugar preciso en el momento indicado.
¿Cómo se combinaron los distintos factores en tu caso?
Por suerte, mi familia siempre me apoyó. Gracias al impulso incondicional de mis padres, caí en manos de Olga Ferri –mi maestra en Argentina–, quien ratificó que yo tenía condiciones para el baile. Por intermedio de ella, ingresé en el Teatro Colón.
¿Algún miembro de tu familia comparte tu pasión por bailar?
Nadie, pero mis padres siempre escucharon música clásica y les encantan el cine y el teatro. La verdad, no sé de dónde viene mi pasión por el ballet.
¿Por qué te fuiste a vivir a Nueva York?
Cuando estudiaba en el Colón, participé en varios concursos. Un maestro estadounidense que había venido a Buenos Aires me dijo que tenía que inscribirme en el School of American Ballet. Yo daba cualquier cosa por eso. Gracias al apoyo de mi familia y de mis maestros, pude emprender ese viaje con sólo 15 años.
Leé la entrevista completa en la ediciónnúmero 48 de Revista G7.
FICHA PERSONAL
SOCIOS DE BAILE, por Marcelo Gomes, bailarín principal del American Ballet Theatre.
Empecé a bailar con Paloma poco tiempo después de entrar en el American Ballet Theatre. Tuvimos química de inmediato. Hoy, nuestra madurez como socios de baile se percibe en el escenario. Para un bailarín, resulta maravilloso tener entre sus manos a una profesional con las cualidades de Paloma. A fin de cuentas, todo bailarín quiere sentirse cómodo con su pareja de baile tanto arriba como abajo del escenario. Paloma y yo nos sentimos muy cómodos cuando trabajamos juntos. Ella tiene un gran poder y su técnica es impecable.

