El revés de la moneda
Llegó a estar novena en el ranking mundial de singles y primera en dobles. Hoy, a los 29 años y después de una operación de cadera que la alejo de las canchas por medio año, la pergaminense vuelve con más ganas que nunca.
¿Irán, con Virginia Ruano Pascual, su amiga y compañera de dobles, por la conquista de Wimbledon? ¿Este es su último año en las canchas? ¿Cómo va su vida personal? Poly responde.
TEXTO MAGELA DEMARCO
FOTOS JULIA GUTIERREZ PARA ESTUDIO ACH
Después de algunas idas y venidas telefónicas, quedamos con Flavia –la representante de la jugadora de tenis argentina más importante desde Gabriela Sabatini– en que entrevista y fotos se harían el mismo día en el Club Centro Asturiano de Vicente López, donde Paola se entrena desde chica. Como el cielo –cada vez más gris y espeso– amenazaba con tirársenos encima, decidimos hacer, primero, las fotos. A “Poly” –así le dicen sus amigos– se la ve de pollerita rosa y remera negra. Llega de la mano de un chico que, apenas saluda (“Francisco”, dice), con su acento refleja que no es de acá. Aunque este año dos desgarros y una operación de cadera la alejaron de las canchas y la hicieron descender del número 50 al 240 en el ranking de singles, a sus veintinueve años se la ve contenta y relajada. Mientras Flavia elige la ropa con la que Paola va a salir en las fotos, y empezamos a charlar del balance que hace del 2005. “Hasta junio”, cuenta, “que fue hasta donde jugué, el año fue un poco inestable. Tuve dos desgarros en el gemelo y después me tuve que operar de la cadera. Así que sólo jugué cinco torneos. Nunca había estado lesionada y de pronto estas tres lesiones seguidas me arruinaron prácticamente el año. Recién volví a jugar hace cuatro semanas…”
Cuando una tenista deja de jugar –por problemas de salud mayores, como es, por la operación de cadera, el caso de Suárez– la Asociación de Tenis Femenino (WTA) le permite elegir ocho torneos para disputar durante la próxima temporada con el ranking que tenía antes de lesionarse. “Hay torneos que, por mi puesto, no podría jugar. Entonces me presento con el ranking anterior a las lesiones y puedo sacar más puntos”. Desde hace un mes Paola está entrenando para la pretemporada, de lunes a viernes: una hora de ejercicio físico y una hora de tenis. “Dentro de algunas semanas”, comenta, “va a haber que aumentar un poquito la parte de tenis”. Muy lejos en el tiempo quedaron los días en los que empuñaba la raqueta durante cuatro horas diarias –y eso sin contar el entrenamiento físico–. Desde una puerta del bar aparece Flavia, que interrumpe la charla para decirle a su representada que ya eligió el vestuario.
SOÑAR, DESDE CHICA, EN GRANDE
Hoy, el nombre Paola Suárez se asocia a una de las figuras más importantes del tenis femenino en nuestro país. Figura que llegó a ocupar el noveno puesto del ranking mundial en singles y el número uno en dobles. Figura que, junto a su amiga y compañera inseparable de dobles, la española Viviana Ruano Pascual, ganó siete Grand Slam (tres veces el Abierto de Francia, la misma cantidad el de Estados Unidos y una vez el Abierto de Australia). Como si esto no alcanzara, en 2004 se trajo desde Atenas una medalla de bronce de los Juegos Olímpicos, premio que consiguió junto a Patricia Tarabini. Con un total de 39 torneos ganados en dobles y cuatro en singles, lleva cobrados 4.842.968 dólares en premios, según datos de la WTA, la asociación de tenis femenino.
Habrá que recordar, entonces, los orígenes de la hija de Orlando, que trabajaba en el Lawn Tennis de Pergamino, a cargo del mantenimiento de las canchas, y de Rosa, que atendía el buffet del club. Los Suárez vivían ahí mismo. De chica Paola se entusiasmaba mirando jugar a la gente. Desde afuera de la cancha y a través de las rejas, no se perdía ninguna clase. Después, agarraba la raqueta y le daba al paredón una y otra vez hasta que le salía el golpe. Fue a los cinco años cuando jugó su primer torneo, en San Pedro.
Ahora, precedida por una sonrisa contagiosa, entra al bar vestida con una pollerita de jean y una remera ajustada. “Te queda estupendo”, le dice Francisco. Con un récord de besos por minuto, a esa altura ya es evidente que el joven con acento español es su novio. El vestuario ya está. Ahora es el turno de la maquilladora. Entre rubor y pincel, entre rimel y brillo para labios, seguimos conversando.
¿Recordás algo del día en que jugaste tu primer torneo, a los cinco años?
Casi nada. De lo que sí me acuerdo es de mis amigas de esa época. A muchas las tengo hoy de compañeras. Nos acordamos de ese día cuando miramos las fotos. Desde los diez años en adelante, ya se me aclaran un poquito más los recuerdos.
¿Cuáles?
Tengo imágenes de estar jugando en el club donde vivíamos. Yo tenía doce y nos habíamos cambiado al Club Gimnasia y Esgrima de Pergamino. Me veo ahí, jugando con gente más grande. Para mí era como un entrenamiento. Tengo un recuerdo súper lindo de esos momentos. Después me acuerdo, obviamente, de la escuela primaria y el comienzo de la secundaria con mis amigos en Pergamino. Hasta que a los catorce años me vine a vivir a Buenos Aires y ahí se fue la infancia…
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 26 DE REVISTA G7.
FICHA PERSONAL
LUCHADORA
Por Gisela Dulko, tenista argentina.
Como tenista, Paola me parece una luchadora increíble, una deportista con una fuerza interior digna de destacar. Tuve la oportunidad de compartir con ella varios torneos y la Federation Cup [la “Copa Davis” femenina]. Y en esas ocasiones la pude conocer más como persona. La admiro profundamente, no sólo desde el punto de vista deportivo, sino también como ser humano: es muy humilde y muy compañera. Sabe conseguir lo que quiere, más allá del sacrificio que eso le represente, y nunca pierde su sencillez. Es una amiga a la que respeto y quiero mucho.

