Rey de copas
Es uno de los deportistas argentinos más destacados. Ningún golfista del mundo levantó tantas copas como él. En su prolífica carrera, conquistó nada menos que 231 campeonatos. A los 84 años, repasa su vida y dice que está “muy satisfecho”.
TEXTO FEDERICO MARINA FOX
FOTOS EVA COSCIA
Roberto de Vicenzo –más conocido como “el Maestro”– me recibe en el club Ranelagh, cuya cancha de golf lleva su nombre. Allí, en Berazategui, el mítico golfista suele jugar algunos hoyos por día y también aprovecha para encontrarse con amigos y con algún admirador que lo visita en busca de consejos. “Una vez que le sentís el corazón a la pelota, nunca dejás de sentirlo”, suele advertir, a modo de introducción. De Vicenzo hace hincapié en eso aunque admite que no hay estrategia sin técnica. “Es necesario tener sensibilidad, astucia y coraje para administrar bien los golpes durante los 4 días que dura un torneo. Todo se puede ganar o perder en 18 hoyos. En el golf, se juega contra la cancha y resulta ganador aquel que mejor administre sus golpes”, señala.
UN CADDIE ESPECIAL
Roberto de Vicenzo nació en 1923 en Villa Ballester, una localidad del conurbano bonaerense. Cuando era niño, acudía al Club Deportivo Mitre. “Durante mi infancia, era caddie. Mis hermanos (casi todos, golfistas profesionales) me abrieron el camino para este maravilloso deporte y siempre me apoyaron”, recuerda. A los 8 años, mientras rescataba las pelotitas que caían en las lagunas de la cancha, le pegaba a un corcho con una rama. Dos años después, le colgaron una bolsa de palos y se convirtió en caddie; ése fue su primer “ascenso” en el mundo del golf. “En aquella época, no había patrocinadores, pero siempre aparecía alguien que te quería proteger y te aconsejaba. Uno necesita que alguien alimente su ego”, dice.
¿Sigue habiendo tantos caddies como antes?
No tantos. Hoy, a un club le resulta difícil mantener a 100 empleados que están esperando que aparezca una changa sin hacer nada. Esa situación juega un poco en contra del golf argentino y del crecimiento de los jugadores
¿Todos los caddies aspiran a convertirse en jugadores profesionales?
Depende de cada uno. Algunos llevan el don y no lo saben. Yo, por ejemplo, nunca supe qué iba a hacer de mi vida. Tenía el deseo de pegarle cada vez mejor a la pelota, pero no sabía qué me esperaba.
¿Cómo te llevabas con los jugadores para los que trabajabas cuando eras caddie?
En general, se da una relación afectuosa entre el jugador y el caddie. Éste puede ayudar al golfista y darle una mano para que su juego mejore. Esa ayuda siempre es bienvenida. Cuando uno tiene la virtud de conectarse con su patrón, se genera, en algunas ocasiones, cierta tirantez con los demás caddies. Yo recuerdo que ganaba casi todos los torneos de caddies y que era superior a mis contrincantes. Se jugaba por el honor, no había un premio monetario. Lamentablemente, esos torneos ya no se realizan. Quizá, eso desaliente a muchos caddies.
¿Quién fue tu primer manager?
En aquella época, no existía la figura del manager. A mí me alentaban mis hermanos y el profesor del club en el que jugaba. Mi primer viaje a Estados Unidos, por ejemplo, me lo pagó la Asociación Argentina de Golf. Luego, empecé a trabajar con Dunlop, una empresa de palos de golf que era muy importante en ese momento.
¿Qué recordás del primer profesor que tuviste?
Se llamaba Juan Gardino. Sus consejos me ayudaron muchísimo. Cuando confiás en tu profesor, las cosas se simplifican. Uno va recibiendo consejos de muchos que, aun sin ser buenos jugadores, tienen algo interesante que transmitir. Siempre me mantuve abierto a esos consejos.
Lee la entrevista completa en la edición N° de Revista G7.
FICHA PERSONAL
UN GRANDE DE VERDAD, por Vicente “Chino” Fernández, golfista profesional.
Roberto es un grande de verdad. Aprendí muchísimo del trato que él ha tenido con el público, con quien se conecta de manera muy especial. Es un deportista competitivo y un ganador nato (se coronó en casi todos los torneos de golf de la historia), pero lo más importante de su “obra” está fuera de la cancha, en el día a día. Recuerdo que, en la Copa del Mundo de 1970, jugamos como compañeros y él ganó el premio al mejor desempeño individual. Fue muy emocionante. Roberto me considera su amigo y eso significa mucho para mí.

