El cantante
La pérdida de la grabación de una entrevista dio pie a un segundo encuentro en el que el músico habló del lanzamiento de Los pájaros, su tercer disco solista, de Sandro, de los Beatles, de los Fabulosos y de su mujer, su hijo y su padre.
TEXTO ESTEBAN FEUNE DE COLOMBI
FOTOS NORA LEZANO Y SEBASTIÁN ARPESELLA
Nos despedimos en una esquina de San Telmo que la tormenta desdibujaba. Allí, debajo de un toldo lleno de agujeros, esperé que pasara un taxi. La nota había comenzado en el estudio que Vicentico tiene en el subsuelo de su casa y había proseguido en su camioneta, que atravesaba la cortina de lluvia por la avenida San Juan. Según recuerdo, lo último que registró el grabador fue la historia de un terremoto que sacudió Los Ángeles mientras Los Fabulosos Cadillacs estaban de gira.
Finalmente, pasó un taxi. Soporté el calor infernal que hacía dentro del auto –un Renault 19 desvencijado– y el programa de Ari Paluch en la radio. Nos detuvo un embotellamiento a la altura de la Facultad de Ingeniería. En media hora, no avanzamos ni siquiera un metro. Entonces, quise revisar la entrevista en mi grabador digital y, sin querer, la borré. Me atacó el pánico mientras intentaba, en vano, recuperar el archivo. Quise descargar mi bronca; era imposible. Las ventanas del coche estaban cerradas y el taxista tenía el aspecto de un axolotl agónico (“no se le grita a un axolotl”, pensé; “mucho menos, si está agónico”). El auto empezó a avanzar lentamente. Respiré hondo, llamé a Vicentico y le expliqué la situación. Se cagó de risa y pactamos un nuevo encuentro.
Una semana más tarde, nos juntamos en el otro estudio del músico, sobre la calle Donado. Allí, rodeados de computadoras y de instrumentos musicales, empezamos de nuevo.
Espero que el grabador no falle esta vez.
Está corriendo. Se ve que practicaste.
El problema fue que la grabación se me borró. Como el aparato es digital…
¡No, boludo! ¡Qué bajón!
Por eso, escribí algunas cosas que recordaba para armar un recorrido distinto.
Todo bien.
Cuando dejaste de tocar con los Fabulosos, ¿tenías en mente un proyecto solista?
Después de decidir que dejaríamos de tocar, con los Cadillacs seguimos un año. Estuve todo ese tiempo pensando qué iba a hacer… En realidad, no pienso mucho las cosas. La intuición me dice “el camino es tal”. Mientras hacía canciones, no pensaba en un proyecto.
Entonces, ¿cómo llegaste hasta acá?
Me reuní con distintas compañías discográficas y les conté que los Cadillacs dejaban de tocar y que tenía ganas de armar unos discos solo. Cuando me preguntaron si quería hacer álbumes independientes, de bajo perfil, contesté: “No, quiero hacer discos grossos, con presupuestos importantes, porque no le tengo miedo a la presión”. Dije eso por decir algo. Al final, firmé un contrato con la Sony BMG de España. Gracias a eso, pude hacer discos con presupuestos más altos, como los que venía haciendo con los Cadillacs. No me molestaba bajar la calidad (de hecho, tengo mi estudio y puedo garantizar una muy buena calidad), sino que quería seguir viajando y grabar los discos afuera; eso me hace bien. Entonces, seguí ese camino, armé canciones e hice los discos. Lo demás fue puro orto.
¿Qué cambios percibís en tu trabajo como solista?
No sé si se trata de cambios. Podría comparar mi trabajo solista con la lista de temas que preparo para los conciertos: me gusta que todo empiece de manera fría, templada, y se vaya calentando de a poco para terminar con una explosión gigante. Prefiero largar de abajo, no me gusta empezar sacado. Mi camino solista –o como sea que se llame– lo pienso de esa manera. Estos tres primeros discos [Vicentico, Los rayos y Los pájaros] son, realmente, tres “primeros” discos, pero no dejan de ser profundos. Escribo con todo mi espíritu, no me guardo nada. Sin embargo, no me voy al carajo con los estilos, no abro demasiado el abanico, no muestro todo…
¿Por qué?
No sé por qué. No es el momento de mostrar todo lo que tengo. Para hacer un disco como Sgt. Pepper’s…, tenés que haber transitado un largo trecho. El camino de los Beatles es el más grosso: popular, popular, popular y, cuando todas las señoras del mundo pensaban “qué divinos son esos chicos”, les hicieron “strac” en la cabeza, se pusieron la careta de Jason y les cortaron el cuello. Eso tiene su gracia. Es más entretenido, más raro, más mágico.
Antes de que dejaran de tocar, hiciste una analogía entre Los Fabulosos Cadillacs y The White Album.
¿Yo hice esa analogía?
(BOLD) Sí, lo leí en una entrevista.
Supongo que alguien la hizo por mí.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 35 DE REVISTA G7.
FICHA PERSONAL
MEDIA PILA
Por Daniel Melingo, productor artístico del disco Bares y fondas.
Una tarde de 1985 estábamos en el estudio Moebius, donde se llevaba a cabo la producción artística de Bares y fondas, el primer álbum de Los Fabulosos Cadillacs. Yo estaba sentado en la mesa de mezcla y de repente sentí que a mis espaldas se generó un gran alboroto. Me di vuelta y me topé con una pila de cuerpos encimados. Era como si estuviéramos en un recreo de la escuela. Gaby encabezaba la pila, seguido por Flavio Cianciarulo, Sergio Rotman, Luciano Giugno, Nando Ricciardi y Naco Goldfinger. El pobre Vaino [Aníbal Rigozzi, guitarrista y fundador de los Fabulosos Cadillacs, actual manager de Vicentico] estaba debajo de esa pila de adolescentes desarrapados. Eran tiempos… ¡difíciles!

