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Durante muchos años combinó su profesión de periodista con su amor por el arte. En 1999, creó una galería con Horacio Dabbah en la que los intereses de los artistas son lo primordial.
TEXTO DIEGO SOSNOWSKI
FOTO EVA COSCIA
La galería Dabbah Torrejón nació en 1999 gracias a la perseverancia de Ana Torrejón, una mujer elegantísima que insistió e insistió hasta que Horacio, su amigo y compañero de estudios, dijo que sí. Así se fundó este espacio consagrado al arte contemporáneo. Ana se desempeñaba en aquella época como directora editorial de la revista Elle en Argentina y quería abrir un lugar en el que los intereses de los artistas tuviesen más peso que los de la galería.
Después de 8 años de trabajo, Torrejón está persuadida de que la clave de su negocio radica en las decisiones que se toman. “Ahí se perciben la ética, la estética, el arrojo y la pasión de cada uno”, afirma.
¿Cuál es el rol de una galería de arte?
Debe generar un contexto propicio para la observación de las obras, debe generar intereses, debe meterse en el mercado, concretar intercambios y, por supuesto, abrir un espacio de investigación, análisis y debate.
¿Cómo funciona una galería en términos operativos?
Para decirlo sin muchas vueltas, se trata de una unidad productiva. Su perfil es el de una pyme: hace operaciones transparentes en las que los galeristas y los artistas se comprometen con su país.
¿Qué opinión tenés sobre los artistas argentinos contemporáneos?
Me involucro con ellos: hablamos el mismo código y compartimos los temas de discusión. Ése es el espíritu de nuestra galería. Sin embargo, toda opinión exige una perspectiva y hoy necesito no tenerla para trabajar justamente eso: el hoy.
¿Cómo eligen a los artistas en Dabbah Torrejón?
Horacio y yo discutimos y nos tomamos mucho tiempo antes de decidir. Seguimos de cerca la propuesta de cada artista y lo invitamos a participar cuando estamos seguros de que su obra nos conmueve.
¿Las galerías son rentables en Argentina desde el punto de vista económico?
La situación es bastante peculiar en nuestro país. El mercado de las transacciones de arte contemporáneo es muy pequeño y, al mismo tiempo, hay muchísimas galerías en Buenos Aires. Eso se ve claramente en las dos grandes ferias que se llevan a cabo en la ciudad. Aunque se nos hace difícil, los galeristas peleamos mucho para mantener nuestros espacios, que son vitales dentro del panorama artístico.
¿Y cuál es el panorama en el resto del mundo?
Es muy difícil precisar eso. Cada ciudad importante enfrenta una realidad distinta. Las galerías de Nueva York tienen otros problemas que las galerías de Berlín y que las de La Paz. En principio, el trabajo debería ser igual en todas partes: se exhibe, se difunde, se vende y se arma un corpus teórico. De ahí a que ese proceso se cumpla, hay un largo trecho. Sin embargo, algunos países favorecen el desarrollo de estas iniciativas con políticas concretas (por ejemplo, reducción de impuestos o compra de piezas para los museos públicos) y, en ese sentido, aquí queda mucho por avanzar.
Leé la entrevista completa en la edición número 48 de Revista G7.

