El desborde
Joven y talentoso, el director argentino no se cansa de trabajar. Lleva más de 30 obras escritas y este año incursionará en el cine.
TEXTO ANDRÉS WAINSTEIN
Actor, dramaturgo y director, Rafael Spregelburd asegura que, en este mundo absurdo, el hombre pretende tener todo bajo control. “A través de símbolos y lenguajes, intenta fallidamente estabilizar su mundo”, dice. Afirma que el principio de causa y efecto es útil y racional, pero que no llega a explicar todo. “La imposibilidad de ejercer el dominio absoluto sobre el entorno produce una enorme angustia. Entonces, surge la catástrofe, un acontecimiento puro que entierra sus causas”, explica.
La teoría (o suerte de teoría) que ha desplegado es perfecta para definir sus espectáculos, en los que siempre aparece la idea de desborde. Sus personajes (en general, desopilantes, sin muchas luces), no advierten su propia torpeza. “El ridículo entraña la experiencia de suponer que pasa una cosa mientras está sucediendo otra”, analiza. Los espectadores sueltan sus carcajadas cuando descubren qué alejados están los personajes de la realidad. Spregelburd lo sabe y lo provoca. “En mis obras, el público se ríe con crueldad de casi todo”, comenta.
En 2007, montó dos obras en el teatro Margarita Xirgu (Lúcido y Acassuso) y otra (Bloqueo) en el Teatro del Pueblo. Además, prepara la puesta de La paranoia, que se estrenará en el marco del Festival de Teatro de Buenos Aires. El tiempo no parece limitar su ferviente labor: en los últimos meses, Spregelburd protagonizó Nadar perrito, pieza que tradujo, y, como si fuera poco, acaba de filmar, con Javier Olivera, Floresta, un telefilm para el ciclo 200 años, de Canal 7.

