Canciones reveladas
Es uno de los cantautores españoles más talentosos de su generación. Con estampa de artista maldito y con una obra sólida, se perfila como un referente del rock en castellano.
TEXTO MARTÍN E. GRAZIANO
FOTO PABLO ZAMORA
“Hablo solo, bebo té, tomo notas para hacer de mi vida sin ti algo habitable”, se escucha en “Dry Martini S.A.”, la canción que abre el disco más reciente de Nacho Vegas, El manifiesto desastre. Aunque el álbum empieza terrible y termina peor, la buena noticia es que los temas del músico asturiano siempre son vitales, aun cuando emergen de un pozo negro.
La cronología de los acontecimientos arranca en Gijón en 1990, cuando Vegas se sumó a la banda Eliminator Jr. Luego, fue miembro fundador del prestigioso grupo Manta Ray. Tras la muerte de su padre, escuchó el llamado de la composición honesta y visceral. El primer paso como solista lo dio en 2001 con Actos inexplicables, un disco afín tanto a la poética folclórica española como a Bob Dylan, Leonard Cohen y los agitadores de la movida madrileña.
Aunque su foco siempre fue la canción de autor, desde que editó Desaparezca aquí (2005) empezó a privilegiar los trabajos en colaboración. Primero, se alió a Enrique Bunbury para editar un disco doble valiosísimo y subestimado; después, apareció en su vida la chanteuse Christina Rosenvinge, con quien grabó Verano fatal; más tarde, Vegas revisitó el cancionero popular asturiano junto a su guitarrista y compadre Xel Pereda. Todos esos caminos condujeron a El manifiesto desastre, donde el músico se mete con temas como la heroína, el melodrama mexicano y la poética de Fernando Pessoa.
¿De qué habla tu último disco?
No quiero que parezca una evasiva, pero, si supiera decirte de qué habla, entonces no habría necesitado cantarlo. De todos modos, supongo que habla del miedo, del miedo común y vulgar que todos sentimos.
(BOLD) ¿Pensás en un interlocutor específico cuando componés un disco?
Casi todo el tiempo, ese interlocutor soy yo. Si dudo de mí mismo durante el proceso de grabación, pienso en alguna persona que me resulte importante.
¿Qué significa trabajar desde un sello independiente como Limbo Starr, que se mantiene bastante al margen de las leyes de mercado?
Ellos me dan la oportunidad de publicar discos con una frecuencia que obedece a mi ritmo de creación. Eso del mercado es una cosa tan fea…
A partir de 2005 participaste de varios proyectos en conjunto. ¿Es difícil compartir el mando en el proceso de creación?
Me resulta difícil escribir con otra gente, pero no trabajar. Los discos compartidos han significado un gran aprendizaje para mí. Se trata de entrar en el mundo de los demás como un espía autorizado a robar los planos secretos.
¿De dónde proviene tu interés por la música popular asturiana?
De que soy asturiano, fundamentalmente. Me interesa la música como expresión popular y en la música de raíz se puede encontrar toda la pureza que le es propia. El rock siempre ha abrevado en la música popular y a mí no me ha sido nada difícil encontrarle puntos de conexión con lo que hago.
¿Qué libros y discos han sido claves en tu formación?
Creo que aún sigo formándome. Espero seguir haciéndolo hasta que muera. Los discos de The Smiths y los libros de Raymond Carver cambiaron mi vida hace años, pero después vinieron muchos más. Asumo que seguirán viniendo.
Se te suele asociar con la figura del artista maldito. ¿Creés que el mejor arte nace del dolor?
No sé si el mejor, pero parte del buen arte surge de sentimientos extremos como el dolor o la pérdida.
¿Cómo es el proceso de composición de un tema?
Gran parte del trabajo consiste en esperar. Me quedo en mi casa dando vueltas o con la guitarra entre las manos. Casi siempre, ese momento es frustrante. Escribo cosas estúpidas y me canso mucho de mí. Sin embargo, de repente llega algo que lo cambia todo, que cambia mi percepción de las cosas y mi estado de ánimo. Uno tiene que estar alerta para que ese instante no se escape. Me gusta eso: las canciones no se escriben sino que se revelan.

