Con actitud
La biografía de Milagros Schmoll podría resumirse en pocas palabras: mide 1,78 m., pesa menos de 50 kilos, es la séptima de diez hermanos y con apenas 19 años se convirtió en la modelo argentina más reputada de las pasarelas internacionales. En esta nota habla de su proyección internacional y de cómo la actitud se convirtió en su valor más preciado.
TEXTO MARINA AGRA
FOTO JULIA GUTIÉRREZ
Protagonizó campañas y desfiló para Jean Paul Gaultier, Gianfranco Ferré, Tommy Hilfiger y Dolce & Gabbana, entre otras marcas, y posó para revistas como Vogue, V Magazine, Surface, ID, Flair, Flaunt, POP y Marie Claire. Ah, su apodo es, como se puede intuir, “Mili”.
Ahora bien, quizá esas características no representen una definición justa sino más bien una pequeña síntesis de su vida y su trabajo. La verdad es que los rasgos de Mili tienen un misterio difícil de poner en palabras, un equilibrio perfecto entre elegancia y belleza que rechaza cualquier clasificación. “Creo que mi mejor atributo es la actitud”, opina ella.
¿Las modelos argentinas tienen algún valor que las diferencie de las de otros países?
No creo. Sin embargo, me parece que en esta profesión no alcanza con tener un tipo de belleza que se pueda sectorizar o clasificar. Para una modelo, lo más importante es su actitud y eso se puede encontrar en cualquier lugar del mundo.
Por tu trabajo, pasás mucho tiempo arriba de aviones. ¿Qué aprendiste luego de tantos viajes?
Aprendí a hacer el check-in en los aeropuertos [se ríe]. Hablando en serio, creo que viajando se aprende muchísimo en todos los aspectos. Gracias a los viajes, entendí cómo debía moverme en cada ciudad y cómo adaptarme a las costumbres locales, por ejemplo.
¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
Ufff, ¡muchísimas cosas! Disfruto, sobre todo, de la posibilidad de conocer tantos países y a tanta gente.
¿Y qué cosas te gustaría que fueran distintas?
La verdad es que hoy, a mi edad, ser modelo es algo increíble.
Sin embargo, muchos tienen una imagen negativa del mundo de la moda. ¿A qué creés que se debe?
Me da la sensación de que hay una gran fantasía en torno al mundo de las modelos. En definitiva, se trata de un trabajo y, como en cualquier trabajo, tenemos un montón de responsabilidades. A eso hay que sumarle el hecho de que la mayoría de las modelos empezamos a trabajar de muy chicas.
¿Cómo fueron tus inicios?
De casualidad. Estaba paseando con una amiga por Recoleta cuando me vio Mora Baldo [su representante en la agencia Pink Models] y me propuso trabajar como modelo. En aquella época, yo tenía 14 años.
¿Hay alguna causa noble por la que te interese hacer campañas?
Las cuestiones humanitarias me tocan muy de cerca y, por eso, siempre que puedo, trato de ayudar.
¿Esa intención de ayudar te hace sentir más madura?
Puede ser. De alguna manera, este trabajo te hace crecer de golpe.
¿El hecho de que seas modelo espanta a los hombres?
Al contrario, los atrae. Todos mueren por estar con una modelo.
¿Tenés pensado qué harás de tu vida cuando dejes de ser modelo?
Ahora estoy totalmente enfocada en mi carrera. De todos modos, por mi personalidad, me veo haciendo siempre cosas distintas.

