Echale luz
Rodrigo Ruiz Díaz y Néstor Novellino, los dueños de la marca, reclaman, con sus diseños de luminarias, belleza para todo el mundo.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Suele decirse, cuando a alguien se le ocurre una idea, que se le prendió la lamparita. Esa expresión es ideal para describir lo que les sucedió a Rodrigo Ruiz Díaz y Néstor Novellino cuando decidieron producir luminarias de diseño a partir de elementos del cómic y de la señalización urbana. El resultado es sencillo e innovador; de la idea surgieron dos colecciones: en una están Pierre y Noä (dos muñequitos con cuerpo de felpa, corazón de acrílico y cabeza luminosa) y la otra está conformada por apliques de pared trabajados en chapa de acero que remiten a la estética del pop art. “Los plafones de pared tienen una cosa creativa muy fuerte. Se empiezan a laburar a partir de una ilustración que, después, se matriza en acero”, explica Rodrigo. Y agrega: “Cumplen con todas las funciones de una lámpara, pero ocupan el espacio de una forma distinta”.
Los diseños de A Dos Veinte escapan a la moda minimalista y recurren siempre a la memoria emotiva. “Es algo fundamental”, dice Rodrigo. “Yo no puedo ofrecerle un producto a una persona que tiene 40 años si no sé qué le ocurrió en sus cuatro décadas de vida, qué lo marcó, qué espera, qué relación puede tener con un objeto”. Así, decidieron personalizar a Pierre y a Noä: los visten con jean, con lana gris o como punks o guerrilleros.
Hoy, están asociados con la boutique Puro Diseño, para la cual han desarrollado una edición limitada de muñecos. “Decidimos diversificarnos porque pensamos que, si eso había funcionado con Barbie, no podía fallar con las lámparas”.
ILUMINADOS
La luz siempre estuvo asociada a lo divino, a lo nuevo y a la inteligencia y esas tres ideas están muy relacionadas con el espíritu de la marca. “Quisimos generar objetos de diseño que acompañaran a las personas durante todo el día”, afirma Rodrigo. “Nos preguntamos qué es lo que todos hacemos al despertarnos y al irnos a dormir; enseguida dijimos: ‘Encender o apagar una lámpara’. Por eso pensamos que estaba bueno empezar con la iluminación. A partir de ahí, fusionamos mi visión estética y la visión artística de Néstor”.
Rodrigo no muestra demasiadas expectativas al hablar del mercado. Dice que a los argentinos les gusta seguir tendencias y que eso dificulta el posicionamiento de un producto que vaya más allá del “globo blanco”. “Lo que hay”, precisa, “es bueno, pero no hay diversidad. Parecería que el mundo de las luminarias está acotado. La oferta no es grande y la gente no busca, encuentra lo que hay. Siempre caemos en lo mismo, en el ‘globo blanco’. De cualquier modo, muchas personas están tratando de despegarse de eso. La evolución es lenta, pero empieza a notarse una avidez por el diseño”.
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“LO PRIMERO Y LO ÚLTIMO QUE HACEMOS EN EL DÍA, AL DESPERTARNOS Y AL IRNOS A DORMIR, ES ENCENDER O APAGAR UNA LÁMPARA. POR ESO PENSAMOS QUE ESTABA BUENO ARMAR UN PROYECTO DE LUMINARICAS”.

