Entre líneas
Mágicos, elegantes o despojados, los diseños de esta solitaria artesana esconden, en su belleza, un mundo más complejo del que aparentan.
TEXTO ANA MARÍA HANSSEN
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
El aire tranquilo que se respira en el taller de la diseñadora de joyas Luz Arias contrasta con las acciones que se llevan a cabo allí, como golpear, lijar, limar y pulir. Se trata de verbos fuertes que forman parte del proceso de creación de collares, aros, pulseras, anillos, brazaletes y mandalas. Esas piezas nacen de las laboriosas manos de Luz Arias, quien celebra su solitaria labor conjugando de manera armónica las fuerzas masculinas y femeninas de la naturaleza.
¿Cuándo empezaste a diseñar joyas?
Fue algo que quise hacer desde siempre, pero como se trataba de un oficio masculino, no me atrevía a dedicarme a eso. Si bien estudié Arquitectura y Arte, las joyas me rondaron la cabeza hasta que un día, luego de una crisis existencial, un amigo me preguntó qué era lo que realmente deseaba hacer. Sin dudar, respondí: “¡Joyas!”. Entonces, me recomendó que lo hiciera. Era el empujón que necesitaba para lanzarme. Desde entonces, pasaron más de diez años.
¿Estudiaste para eso?
Hice un curso de “fundición a la cera perdida” en Estados Unidos y me di cuenta de que adoro el taller y todo lo que sucede ahí dentro. Cuando volví a Buenos Aires, el mismo amigo que me empujó a dedicarme a la joyería hizo que me contactara con los profesores de la Escuela Municipal de la Joya. En ese momento no podía cursar regularmente en la Escuela porque vivía en Tucumán, pero viajé a Capital y tomé clases particulares durante un mes con los maestros de la escuela. Era un trabajo de hombres.
Hay algo muy masculino en el proceso de fabricación de una joya, ¿no?
Depende. Se trata de una fuerza bruta que se va transformando en un objeto delicado. Hay personas a las que no les interesa golpear ni lijar. Sin embargo, yo tengo manos grandes y siempre me resultó interesante estar en contacto con los materiales. Esos verbos fuertes, como “limar” o “pulir”, representan pasión, fuerza y voluntad. Para mí, eso es muy valioso.
¿Cuál fue la primera pieza que creaste?
Un anillo con mi nombre inscripto en japonés. Siempre me sentí muy atraída por la cultura japonesa.
¿Cómo es tu proceso de creación?
Va tomando distintas formas. En general, me baso en un dibujo para darme una idea del diseño de la joya. De todos modos, el metal también habla mucho…
Leé la entrevista completa en la edición N° 49 de Revista G7.
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¿cómo definirías tu estilo?
Diría que es simple y limpio. Creo que refleja mi personalidad. Yo soy entre parca y tímida y tengo un mundo interno bastante rico. Lo que se ve a través de la simpleza es hasta más barroco que lo barroco. Hay que saber leer entre líneas. Las joyas hablan.

