Energía renovada
Después de ganar un Martín Fierro por su papel en Ciega a citas, la actriz dejó la vorágine de la televisión y volvió al teatro con un versión de La vida es sueño en el Teatro San Martín. En esta entrevista, habla sobre su pasado, su presente y su futuro como actriz y como cantante del grupo ambulancia.
TEXTO AIXA ROCCA
FOTOS AGUSTINA TATO PARA ESTUDIO ACH
“Ayer tendría que haber matado a mi madre y a mi hermana, pero en vez de apuñalarlas me comí medio lemon pie y lloré”. Con estas palabras comienza la historia de Lucía González. El motivo de su enojo es una conversación entre su mamá y su hermana menor, que acaba de anunciar que va a casarse en pocos meses. Según la madre, la boda será un momento muy difícil para Lucía, que seguramente irá “sola, deprimida, gorda y vestida de negro”. Al oír esa charla, Lucía se impone como meta conseguir un novio “normal” en 258 días, antes del casamiento de su hermana.
La historia de Lucía González fue escrita por Carolina Aguirre, se publicó en un blog y, más tarde, en un libro del sello Aguilar. Cuando Rosstoc, la productora de Gastón Pauls y Alejandro Suaya, decidió llevar el texto a la televisión, eligió a Muriel Santa Ana para encarnar a Lucía. La actriz ya tenía una sólida formación teatral (había participado en Chicas católicas, La casa de Bernarda Alba y La cocina, entre otras obras y en tiras como Una familia especial o Lalola), pero nunca había hecho un papel protagónico en televisión.
Ciega a citas causó furor en la pantalla de Canal 7. Enseguida cosechó miles de fanáticos. En mayo de 2010 –dos semanas antes de su finalización–, el ciclo recibió el Martín Fierro a la mejor telecomedia y Santa Ana fue distinguida como la mejor actriz protagónica de comedia.
En la actualidad, mientras sobrelleva el inevitable duelo por el final de la tira, la actriz ensaya La vida es sueño, la célebre pieza de Calderón de la Barca. “Es un texto en verso muy complicado”, dice. “Tiene pasajes muy oscuros y utiliza un lenguaje complejo”. La obra cuenta con dirección del español Calixto Bieito y el elenco se completa con destacados actores como Joaquín Furriel y Osvaldo Santoro. El espectáculo, que se estrenará el 15 de julio en el Teatro San Martín, promete.
¿Qué diferencias encontrás entre la dinámica de la televisión y la del teatro?
La televisión no espera, tiene un ritmo vertiginoso. Uno debe estar todo el tiempo sobre la ola. En Ciega a citas, además, mi personaje participaba en la mayoría de las escenas. El teatro te permite manejar la energía de otra manera.
¿Tenías ganas de regresar al teatro?
No siento que sea un regreso; más bien, sería una continuación. Vengo del mundo del teatro y siempre estuve muy vinculada al San Martín.
¿Cuándo supiste que querías actuar?
En realidad, nunca tuve una vocación muy definida. Empecé a estudiar actuación cuando terminé la escuela. Me anoté en el taller de Agustín Alezzo y ahí encontré un lugar en el mundo, algo que a esa edad es muy importante. Las clases de teatro generan nuevos amigos, nuevas salidas… Así se empezó a forjar en mí un interés que con el tiempo fue creciendo.
¿Te sentís más cómoda haciendo drama o comedia?
La comedia es más difícil. Requiere mucha energía, una enorme vitalidad. No podés quedar pegado a ningún problema y, la verdad, la mitad de los días no estás con mucho “punch”. Justamente por eso, la comedia tiene la capacidad de transformarte.
¿Qué opinás de la televisión argentina?
En este momento estoy viviendo un romance con la televisión. Me parece un espacio donde todo es posible. Hay mucha gente desarrollando programas que proponen una nueva manera de mirar y de contar. Es innegable que Adrián Suar, por ejemplo, cambió la televisión argentina. Me gusta ver tele porque me interesa mirar otras maneras de hacer mi trabajo. Siento que la televisión argentina está en permanente cambio.
SIN COMPLEJOS
Cuando la convocaron para hacer Ciega a citas, Muriel no conocía el blog de Carolina Aguirre. A primera vista, le gustó. “Estaba bien escrito, usaba un lenguaje particular y era súper ácido”. Según cuenta, la crisis global retrasó dos años la realización del programa. Cuando el proyecto volvió a ponerse en marcha, la productora confirmó a Juan Taratuto como director y a Marta Betoldi como guionista. El personaje de Lucía González poco tenía que ver con la clásica heroína de una tira de prime time: una treintañera algo regordeta y poco exitosa en materia de amores, sin problemas para zamparse media torta con crema.
¿Qué rasgos tenías en común con Lucía González?
Sentía una gran empatía con el personaje. Tanta que hice muchas cosas que no estaban en el libro. Además, no me importaba cuidar mi imagen. En general, quienes aparecen en televisión buscan que los planos los favorezcan, pero yo quería lo contrario. Pedía que la cámara no me favoreciera. Aunque tenía que aparecer linda porque era la heroína, me presté a hacer planos muy graciosos. Cuando iba a abrir la puerta del departamento, por ejemplo, se me veía un culazo gigante.
¿Alguna vez tuviste complejos con tu cuerpo?
Los habituales para cualquier mujer que no sea una flaca escopeta. Siempre fui bastante tímida. Por otro lado, aunque no me gusta la actividad física, tuve épocas en las que me entusiasmé mucho con la gimnasia. Hace dos años, por ejemplo, me preparé con un personal trainer y corrí una maratón. Además, estudié con Guillermo Angelelli, un director y actor que te hace entrenar tipo colimba, pero, ¡ahora estoy muy baqueteada! No tengo resto.
Lucía González moría por las tortas. ¿Cómo es tu relación con la comida?
La comida me entra por los ojos, me gusta elegir lo que como. Mi dieta es bien mediterránea. Diría que soy una chica sana: no tomo alcohol, no fumo, no me drogo.
¿Alguna vez te pusiste una meta tan precisa como la del personaje, que quería conseguir un novio para tal fecha?
Yo me planteo las cosas a un nivel más espiritual. Me pregunto dónde quiero estar dentro de un tiempo, en qué quiero poner mi energía este año…
¿Tuviste muchas citas a ciegas en tu vida?
Fui re solitaria, pero nunca llegué al punto de tener una cita a ciegas por semana. Obviamente, tuve que bancarme que mis amigas me presentaran a los amigos de sus novios. No recuerdo una cita a ciegas que haya funcionado.
¿Qué sentiste cuando se terminó la tira, después de tanto tiempo de trabajo?
En realidad, me despedí de la tira unos días antes, cuando se empezaron a cerrar algunas historias. El final me encontró preparada. Siento que estoy viviendo un duelo, pero no me siento deprimida porque estoy trabajando. De todos modos, no hay duda de que mi energía cambió. Ahora duermo más y todo me cuesta el doble. Antes, grababa siete escenas por día; ahora, no puedo ni ir a Farmacity, ¡y mirá que para mí es un programón ir a Farmacity!
¿Qué cosas te gusta hacer en tu tiempo libre?
Me gusta mucho leer y disfruto mucho de sentarme a escuchar música. Escucho Pink Floyd y algo de jazz, la música que le gusta a Julián [Vilar, su novio]. Hace poco compré los últimos discos de Julieta Venegas y de Charlotte Gainsbourg. Me gusta escuchar a cantantes mujeres. Cuando estoy sola en casa, pongo el último DVD de Madonna y me copo bailando. Es el momento power del día [risas].
CHICA ORQUESTA
Muriel no será Madonna, pero no le falta amor por la música. De chica ya tocaba la guitarra y cantaba. Estudió flamenco y tango durante muchos años. Hoy dice no estar interesada en formar parte de un espectáculo musical. “Cuando hago teatro, hago teatro. No quiero bailar, cantar y hacer piruetas sobre el escenario”, comenta.
Sin embargo, está comprobado que la música no le sienta nada mal. Quienes la vieron sobre el escenario con Ambulancia, la banda de covers que mezcla música con teatro, saben que es así. Además, la actriz le puso la voz a la cortina musical de Ciega a citas. En un principio, la idea era que el programa abriera con la versión original de Fuck you, de Lily Allen, pero finalmente se utilizó una adaptación en castellano con letra de Pablo Barbieri, el editor del programa.
Ambulancia nació como el pasatiempo de un grupo de amigos actores integrado por Julián Vilar, Mike Amigorena, Mariano Torre, Víctor Malagrino y Luciano Bonanno. Juntos se presentaron en diversos escenarios de Buenos Aires e incluso recibieron algunos reconocimientos, como el premio Teatro del Mundo que, en 2007, les otorgó el Centro Cultural Ricardo Rojas. No obstante, Muriel insiste en que el canto es algo secundario en su vida.
¿Cómo llegaron a armar Ambulancia?
Es un proyecto de generación espontánea [risas]. Conocí a Mike en las grabaciones de Una familia especial y él me habló del grupo, que todavía no tenía nombre. Le dije: “Si necesitan una corista, puedo hacer ‘dubi dubi du’”. Él se lo propuso al resto de la banda y nos juntamos en la casa de Luciano Bonanno, el bajista. Ese día tocaron para mí y, de a poco, empecé a agarrar el micrófono. Nos tomábamos muy en serio lo que hacíamos, pero no pensábamos tocar de manera profesional. Lo hacíamos para nosotros.
¿Cuándo tocaron en público por primera vez?
Un día nos propusieron mostrar lo que hacíamos en un bar de Palermo. Como no entendíamos nada de sonido, sonó para el traste. Nadie tenía idea del soporte técnico que requiere una banda. Necesitábamos un productor, así que convocamos a Sergio D’Angelo, que es un director de teatro. Así fuimos incorporando más gente hasta que se armó un grupo de once o doce personas.
¿Cómo surgió el nombre?
Cuando llegó el momento de tocar en aquel bar de Palermo, nos vimos obligados a ponerle un nombre a la banda. Organizamos una especie de concilio. Los chicos querían ponerle el nombre de un auto o de un boxeador. De golpe, Víctor dijo “ambulancia” y todos estuvimos de acuerdo. Fue el único nombre que no causó un rechazo generalizado.
¿Piensan grabar un disco?
En realidad, grabamos un disco que nunca salió. Fue una gran desilusión. Lito Vitale nos convocó cuando estaba por lanzar su sello Calle Angosta con el apoyo de Sony. La idea era editar un disco con DVD, así que tocamos en vivo en un teatro y lo filmamos con siete cámaras y una grúa. Por cuestiones burocráticas que no vienen al caso, el material nunca se editó. Es una pena.

