Artesanal
El tour que el paladar recorre en Susina es variado e implica una rica experiencia en todo sentido. Se advierte en los empleados una actitud relajada, pero también se nota que siempre están deseosos de brindar sus servicios.
Un rincón para descubrir en Recoleta.
TEXTO VIRGINIA CURET
FOTO JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
El barrio de Recoleta, de estilo francés, conmueve por sus balcones, por sus simples costumbres cotidianas y por la afluencia de viajeros de orígenes diversos. Mientras camino por esta pequeña república, escucho voces en otros idiomas. Repentinamente, a plena luz del día, un callejón aparece como por arte de magia. Un viejo conocedor de la zona me conduce por el pasaje a la manera de los baqueanos y me muestra la ubicación de Susina, que se encuentra en el primer piso de un edificio que data de 1910.
El restaurante está vacío, recién comienza la actividad del día. Desde afuera, se lo ve despertar por cada una de sus ventanas. Las mesas son de madera oscura; las cortinas juegan con el naranja, el marrón y el ocre y las lámparas del techo mantienen esa paleta. El ambiente es muy reconfortante. En el pequeño salón principal, los muebles forman pasillos que permiten el tránsito cómodo y distendido. En otra sala, una amplia mesa ratona y confortables sillones integran un lugar aislado, exclusivo, perfecto para momentos de relax. Más íntimo, un tercer salón promete un espacio ideal para el romance. La decoración estuvo en manos de Laura Orcoyen, quien, a partir del balance de luz y color, consiguió un diseño actual.
El comedor tiene cuatro puertas. Una de ellas da a la cocina, que está en pleno trabajo. Se puede oír claramente la explicación de una receta (quizá se trate del plato del día); un discípulo, atento, va respondiendo a las instrucciones. Una tercera voz entona el tema que está sonando en la radio. El ambiente es distendido.
El chef Rodrigo Sieiro fue parte de Susina desde que nació el proyecto, hace dos años. Antes, trabajó para Nectarine, también ubicado en Recoleta. “Nuestro fuerte es la noche”, comenta. “Al mediodía, está más tranquilo y constituye una buena opción para quienes trabajan en la zona y para las señoras del barrio”. Sieiro resalta también otras posibilidades que ofrece del restaurante: “Mucha gente cierra el lugar para festejos. Aunque esto no se transforma en un boliche, se vuelve un bar muy interesante”.
Es casi obligatorio probar las especialidades de Susina; por ejemplo, las costillas y el gigot de cordero, que vienen acompañados con papines, romero y ensalada caliente de berenjenas, tomate, portobellos y queso de cabra. Si bien predomina el estilo gastronómico porteño, se cuelan elementos propios de la cocina italiana. La carta es concisa, pero logra que el visitante pasee por todas las opciones principales y las sintetiza con equilibrio en el menú del día.
Para despertar el apetito, se puede saborear una ensalada de rúcula con pulpo grillado. Las pastas y el conejo braseado son muy buenas opciones de plato principal. Conviene, por otro lado, reservar un espacio para los postres, entre los que sobresalen la tartita tibia de manzanas y la torta húmeda de cacao bañada en mousse de dulce de leche. “Todos los platos son artesanales”, cuenta Sieiro. Además, para cada opción culinaria se aconseja un compañero en la amplia carta de vinos.
Según las costumbres greco-romanas, una comida exquisita debe culminar con una bebida que honre la grandeza de los comensales. Por este motivo, se ofrecen vinos de postre, un detalle que no suele tenerse en cuenta en los restaurantes porteños.
Como puede verse, el tour que el paladar recorre en Susina es variado e implica una rica experiencia en todo sentido. Se advierte en los empleados una actitud relajada, pero también se nota que siempre están deseosos de brindar sus servicios. “El encargado de salón es muy atento y cuenta con una vasta experiencia internacional: ha trabajado en Austria, Alemania e Italia”, dice Sieiro. Enseguida cambia de tema –no quiere que se le escape ningún detalle– y se entusiasma al señalar los cuadros que cubren las paredes; son fotografías en blanco y negro de una revista francesa muy conocida.
Nada está puesto porque sí en el restaurante. Todo tiene un significado de fondo. A los clientes los cautivan la mixtura de sabores y la calidez del ambiente. Tal vez sea eso lo que distingue a Susina: creer en la multiplicidad de momentos, relatos y vivencias capaz de agasajar a cada visitante como si fuese el último en un contexto distinguido y confortable.
COORDENADAS
Dirección: Vicente López 1661 (planta alta).
Reservas: 4816-7744.

