Un buen cambio
En los últimos años, Bajo Belgrano ha renovó su identidad. Aunque el barrio no cambió de nombre, el paisaje se transformó. Sobre la calle Sucre, entre Figueroa Alcorta y Castañeda, se encuentra Ruffino, un claro exponente de este fenómeno.
TEXTO VIRGINIA CURET
FOTO MARIANA GATTO PARA ESTUDIO ACH
En los últimos años, Bajo Belgrano ha renovó su identidad. Aunque el barrio no cambió de nombre, el paisaje se transformó. Hoy, son muchísimas las propuestas gastronómicas de esa zona. Sobre la calle Sucre, entre Figueroa Alcorta y Castañeda, se encuentra Ruffino, un claro exponente de este fenómeno. El enorme restaurante se inauguró hace un año y conquistó rápidamente a los vecinos y habitués de Bajo Belgrano.
Héctor “Cucho” Fasce, el propietario de Ruffino, cuenta cómo se gestó el proyecto: “Pertenezco al universo de la gastronomía desde hace 12 años y busco el modo de crecer en paralelo con la evolución de ese mundo”. El emprendimiento gastronómico de Fasce que más éxito ha tenido acaso sea Grappa, ubicado en Palermo. Cuando ese restaurante se consolidó, quiso hacer una nueva apuesta. “Ruffino nació de la necesidad de un cambio”, sostiene. Luego, explica: “Grappa es un restaurante clásico. Ruffino es más moderno y tiene una impronta que está en sintonía con la estética del barrio”.
En el salón principal de Ruffino, se destacan una inmensa barra y una estantería con botellas de diversos colores. El perfil del lugar es sencillo y confortable: manteles blancos, sillitas clásicas y pisos de pinotea. Una escalera de mármol conduce al primer piso, donde se ubican el salón fumador y una gran terraza con mesas redondas y limoneros.
El espacio de la cocina es muy organizado. Las tareas en ese ámbito se desarrollan metódicamente y con suma cautela. Hornos, parrillas, heladeras colosales y un área dedicada a la producción de pan y de pastas conforman este maravilloso laboratorio de olores y texturas.
Con una clara vocación por los platos italianos y argentinos, la carta de Ruffino se renueva cada ocho meses. El mecanismo de renovación es sencillo: Fasce escucha atentamente la propuesta del chef y juntos analizan las distintas posibilidades.
Como entrada, lo más recomendable es el carpaccio de lomo. Entre los primeros platos, las vedettes del invierno parecen ser el risotto con hierbas y ragú de cordero (se lo acompaña muy bien con una copa de Kinien Malbec) y el pulpo grillado. Más informal, aunque no menos deliciosa, las pizzas a la parrilla cosecha tantos aplausos como en Grappa (las hay de muzzarella, rúcula, salmón o tomates marinados). El momento dulce lo protagonizan, sin lugar a dudas, el tiramisú y el cheesecake de lima. Además, todos los domingos al mediodía Ruffino propone un generoso brunch.
Antes o después de la comida, se impone un breve paseo por la barra. Los tragos que el barman propone valen la pena. Se sugieren el Triplem (ron de mango, menta y maracuyá), el Caipisake (sake, sirope y uvas) y el San Lucas (ron a la canela, hojas de menta, lima y refresco de limón).
Con más de 200 cubiertos y un muy buen servicio, Ruffino es un ambiente más que propicio para instalarse largo rato y relajarse en buena compañía
COORDENADAS
- Dirección: Sucre 646.
- Reservas: 4782-9490.

