Happy Hour
Este incansable francés recorre el mundo como embajador del vodka Grey Goose y, en cada lugar que visita, crea tragos inspirados en sus raíces.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Hace días que llueve en Buenos Aires y el cielo gris amenaza con desplomarse sobre los transeúntes. Se escucha el ruido de la lluvia, de los truenos y de quienes maldicen porque han pisado un charco. La niebla le imprime a la ciudad un aire denso y misterioso.
En una habitación del Faena Hotel, me espera Dimitri Lezinska, Global Brand Ambassador del vodka Grey Goose. Con semejante título, uno supondría que este hombre salió de un policial inglés, es un villano o un espía frío y calculador de la KGB, pero no. Dimitri, un francés cálido y afectuoso, transformará la nota en una suerte de espectáculo. El público se sentará en el piso para escucharlo y él, que no es egoísta, sabrá cómo captar la atención de los que estamos en la sala. Muchas de las respuestas terminarán en una carcajada colectiva, evidencia de que Dimitri ama lo que hace y sabe cómo divertirse.
CRÓNICAS DE UN VIAJANTE
Nació en París hace aproximadamente tres décadas (su coquetería me impide saber su edad con precisión). Cuando era niño, se mudó con su madre a los Alpes, en donde cursó los últimos años de la primaria y la secundaria y, luego, estudió Catering. A los 20, después de haber terminado el servicio militar francés, viajó a Londres con el objetivo de convertirse en bartender. Dimitri cumplió su propósito y trabajó en el Atlantic Bar, el Mash, el Eclipse y en The Lab, cuatro de los bares londinenses más conocidos. Hoy, la fama de Lezinska es tal que, entre sus principales clientes, se cuentan Robert De Niro, Madonna, Brad Pitt y Robbie Williams.
¿Cuándo supiste que querías ser bartender?
En Francia, mientras hacía el servicio militar obligatorio. Como te imaginarás, no me gustaba mucho estar ahí. Los reclutadores querían que me quedara en el ejército y me preguntaban qué iba a hacer cuando terminara mi servicio. Yo, para zafar, siempre respondía que quería trabajar en un bar londinense. Mirá hasta dónde me llevó una frase tan pequeña…
¿Por qué dijiste lo del bar cuando podrías haber dicho cualquier otra cosa?
Siempre me intrigó la noche, porque mi mamá es cantante. Como yo canto muy mal, decidí hacer mi búsqueda por otro lado. En realidad, no sabía nada de bares ni de la movida nocturna, sólo recordaba lo que había visto de niño.
Pasaste una parte de tu niñez en Francia y luego te mudaste cerca de los Alpes.
Sí, aunque vivíamos tranquilamente en Francia, mamá se despertó un día y dijo: “Basta de todo esto. Nos vamos. ¿Venís conmigo?”. Me quedé sin palabras, pero, por supuesto, la acompañé. Ella se fue a cantar a Italia y yo quedé pupilo en una escuela en los Alpes. Nos veíamos durante los feriados y las vacaciones. Todo funcionó bien porque nos las ingeniábamos para recuperar el tiempo perdido. Fue fantástico. Disfrutamos mucho. Viajamos por Italia durante más de diez años.
Cuando terminaste el servicio militar, ¿te fuiste a Londres?
Sí, me fui a Inglaterra. Quería trabajar en un bar, pero mi inglés no era bueno.
¿Cómo conseguiste tu primer trabajo, en el O Bar?
En Inglaterra, la gente es muy graciosa y sociable. Siempre terminás hablando con alguien en cualquier lugar. Una mañana, conocí a una chica en una zapatería y nos pasamos todo el día recorriendo la ciudad. Terminamos cenando en la casa de sus padres y después nos fuimos al O Bar. Pasó mucho tiempo hasta que volví a verla. Un día me la encontré en la calle y le conté que estaba buscando trabajo y que me encantaría trabajar en el bar al que habíamos ido juntos. Ella me llevó ahí y habló con el manager, que me pidió que volviera más tarde. Ese mismo día, empecé. No lo podía creer.
Después, trabajaste en el Atlantic Bar y, luego, te tomaste un año sabático, ¿no?
En realidad, fueron sólo tres meses. En el Atlantic Bar, mi carrera despegó. En muy poco tiempo, pasé de bartender a manager. Allí, aprendí todo lo que sé sobre la calidad de los tragos y de la materia prima, y entendí que, para hacer las cosas bien, hay que ser paciente. Sin embargo, después de dos años, fue necesario un cambio. Entonces, un hombre me propuso irme a Estados Unidos a trabajar con él. Es algo muy común… cosas así pasan todo el tiempo. Me mudé; pero no funcionó. No tenía papeles y no quería ser un inmigrante ilegal; por eso, sólo me quedé tres meses. Fueron unas vacaciones fantásticas.
Estudiaste Catering. ¿Qué herramientas de esa disciplina usás en tu trabajo?
Las carreras de Catering y de Barman son muy diferentes. El catering está orientado hacia los servicios de restaurantes y de cocina y, la verdad, soy un chef terrible. Sin embargo, hay algo que aprendí estudiando Catering y que sigo aplicando en todos los aspectos de mi vida: la buena calidad es lo más importante.
¿Recordás cuál fue el primer trago que preparaste?
Sí, claro. Fue un Martini. Ése fue el primero que me enseñaron a hacer cuando pasé de lavacopas a bartender.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 37 DE REVISTA G7.
MAS INFORMACION
DESDE RUSIA, CON AMOR
En ruso, vodka significa “agüita”. Es el licor nacional de Rusia y Polonia, y le debe su graduación alcohólica a Dimitri Mendeleiev, el inventor de la tabla periódica. Mendeleiev calculó que la graduación ideal era una proporción de agua equivalente a un 40% del volumen del líquido (es decir, 40 º). Si bien Rusia lidera la producción de vodka, otros países como Finlandia, Polonia, Canadá y El Salvador son productores de alta gama.

