Mentiras piadosas
Su blog “Diario de una mujer gorda” fue elegido el mejor del mundo en 2005 y, luego, se convirtió en una novela y en una obra de teatro. Instalado en España, este escritor argentino afirma que para hacer literatura basta con mentir y manejar la gramática en forma decente.
TEXTO MARINA AGRA
FOTOS SOFÍA LÓPEZ MAÑÁN
En el año 2001, el periodista y escritor argentino Hernán Casciari pasaba sus noches en una oficina barcelonesa, sentado frente a su computadora, sin mucho que hacer. Entonces los weblogs eran la gran novedad en internet. Curioso por naturaleza, Casciari empezó a investigar esa herramienta. Creó un espacio virtual, lo utilizó para publicar historias llenas de humor y, casi sin querer, se convirtió en uno de los primeros en escribir una “blogonovela”.
Los textos de su blog Diario de una mujer gorda (http://mujergorda.bitacoras.com), luego rebautizado Más respeto, que soy tu madre, dieron forma a una novela editada en varios países, que tuvo su versión teatral adaptada, dirigida y protagonizada por Antonio Gasalla y será llevada al cine por el director Juan José Campanella.
Muchos te señalan como el inventor de un nuevo género literario: la “blogonovela”. ¿Qué opinás de eso?
En esta época, cualquier persona que haga algo es señalada como pionera. Estamos atravesando una época de transición y, por lo tanto, casi todo es nuevo y puede funcionar. Era evidente que alguien tenía que escribir cuentos en internet, donde hay miles de lectores que pasan el tiempo viendo mujeres desnudas, fútbol o cualquier otra cosa. En algún momento, alguien se tenía que dar cuenta de que eso podía funcionar.
No estás de acuerdo, entonces, con que se te considere un pionero.
No. No se trata de una pose. Las cosas pasan porque tienen que pasar. Y hoy en día todo sucede a través de internet.
Cuando creaste tu blog, ¿eras consciente de que no había nadie escribiendo cuentos en internet?
Todo empezó cuando leí una nota sobre los weblogs en el suplemento de tecnología del diario El País, de España. En ese momento, supuse que todos los que tenían un blog lo usaban para publicar cuentitos. ¿Qué podían hacer, si no? Me gusta escribir, así que eso fue lo primero que pensé. Mi cabeza funciona de ese modo. Sin embargo, cuando entré a ver cómo eran los blogs, caí en la cuenta de que nadie estaba publicando cuentitos sino que se escribían notas sobre tecnología y cosas por el estilo. Los blogs eran autorreferenciales, casi tanto como la televisión argentina de hoy.
¿A qué te dedicabas cuando creaste tu primer blog?
Antes de mudarme a España, trabajaba en una agencia de clipping. Un día, cuando ya había dejado Argentina, hablé por teléfono con el dueño de la agencia y le propuse que abriera una sede en Barcelona. Me hizo caso y quedé a cargo de la nueva oficina. Tenía tres empleados. A decir verdad, no tenía mucho que hacer; simplemente, estar en la oficina a la madrugada. Vivía de noche y dormía de día. Entonces, empecé a escribir algunos cuentos. Un año después, pude dejar el trabajo porque ganaba más plata vendiendo mis textos.
¿Por qué te fuiste a vivir a España?
Cuando vivía en Buenos Aires, escribía mucho y participaba en concursos literarios. De vez en cuando ganaba algún premio de mil o dos mil dólares y eso me permitía vivir y viajar un poco. En 1998 gané un concurso de literatura, fui a buscar el premio a Francia y allá conocí a Cristina, mi mujer, que es catalana. Dejé todo y me fui a vivir con ella. Así llegué a España.
¿Cómo lograste que tu blog comenzara a tener lectores?
Mis textos empezaron a publicarse en un diario de España y después, en otro. La gente decía: “Mirá qué loco lo que hace este pibe”. Después, una editorial sacó cuentas y creyó que podía capitalizar de algún modo las treinta mil visitas a mi blog. Publiqué un libro porque la editorial quiso. Más tarde, publiqué otros libros porque yo quise.
En uno de tus primeros blogs, armaste un diario ficticio de Letizia Ortiz, la esposa del príncipe de Asturias. ¿Lo hiciste para promocionar tu trabajo?
Tuve buenos reflejos. Logré que ese blog apareciera entre los primeros resultados en el buscador de Google. Entonces, las señoras que querían saber sobre ella llegaban a mi blog. Ahí, en forma bastante sutil, decía que Letizia leía Diario de una mujer gorda. Así, después de saciar su hambre de chismes sobre Letizia Ortiz, las señoras entraban en mi blog para entretenerse.
¿Tu mamá es gorda?
Es culona. De cara parece flaca, pero, si uno la mira desde atrás, es gorda. ¿Por qué me preguntás esto?
Porque vos decís que Mirta Bertotti, el personaje que protagoniza Diario de una mujer gorda, está inspirado en tu mamá.
En realidad, quería hacer referencia a las “señoras gordas”, los personajes del humorista Landrú. Esas mujeres no eran necesariamente gordas; representaban el prototipo de “doña Rosa”. El motivo por el cual no usé la palabra “señora” fue que no podía usar la letra “ñ” en una dirección web. Entonces, le puse Diario de una mujer gorda.
¿Por qué decidiste escribir sobre un ama de casa de clase media?
Fue un segundo: tuve la idea y decidí encarar por ese lado. Lo mismo sucedió con el sitio de Letizia Ortiz. En esa época, era mucho más activo que ahora. También tenía un blog en el que un vasco llamado Juan Dámaso adivinaba el futuro. Estaba encantadísimo con los blogs y quería explorarlos. Además, pasaba toda la noche en una oficina y no tenía otra actividad. Me sentaba en una linda oficina, prendía la computadora y me ponía a escribir en blogs mientras me pagaban por otra cosa. No había ningún riesgo económico y no usaba mi tiempo libre. En ese momento fui súper prolífico y creativo.
HISTORIAS MÍNIMAS
El éxito fue vertiginoso. En un año, Diario de una mujer gorda se convirtió en el sitio más recomendado por los principales medios de Argentina y España. En noviembre de 2005, la cadena internacional de radio y televisión alemana Deutsche Welle lo premió como el mejor weblog del mundo. Enseguida, las editoriales buscaron a Casciari para publicar sus textos. En general, cuando el crecimiento de la figura de un autor es tan abrupto, todo termina en un estallido. Sin embargo, Casciari se las ingenió para que su carrera siguiera en ascenso.
Hoy, ocho años después de su desembarco en la blogósfera, miles de personas se alegran cada vez que él, desde un pequeño pueblo cerca de Barcelona, actualiza su sitio Orsai (http://www.orsai.es). Algunos de los textos publicados en ese blog, son los que dieron forma al libro España, decí alpiste, editado en 2008. Casciari, además, escribe guiones, es columnista de los diarios El País, de España, y La Nación, de Argentina, y se desempeña como crítico de televisión, otra de sus pasiones.
¿Cuál de todas las actividades que realizás tiene más que ver con vos?
Siento que hago una sola cosa. Mi vieja podía cocinar una torta y, al mismo tiempo, coser un vestido; eso es hacer cosas distintas. Yo sólo sé manejar las 27 letras de un tecladito. Es más, estoy convencido de que no hago nada. Cuando tengo que contarle a un amigo qué es lo que estoy haciendo, me doy cuenta de que en realidad no trabajo. Hago cositas, escribo algunas columnas, pero trato de que nada me demande demasiado esfuerzo. Un día me di cuenta de que le estaba diciendo que sí a demasiadas propuestas y empecé a decir que no para no sumar más trabajo.
¿Creés que tus trabajos pueden definirse como literatura?
Sí. Si mentís y tenés una gramática decente, estás haciendo literatura.
¿Creés que los formatos digitales de la literatura pueden restarle espacio a los libros?
No. Hay personas que se proponen salvar el planeta cuando la Tierra existe hace veinte millones de siglos y yo les digo que no sean pedantes, que todo va a estar bien por más que se pongan desodorante en aerosol. En la literatura, pasa lo mismo. No podemos venir cuatro tipos y decir que vamos a cambiar su historia.
Sin embargo, la literatura puede sufrir ciertas transformaciones con los nuevos medios tecnológicos.
Sí, pero supongamos que escribo una novela a partir de mensajes de correo electrónico; no sería nada nuevo. La novela epistolar nació en el siglo XIII. ¿Qué cambió en todos estos años? ¿Que podemos escuchar los libros además de leerlos? ¿Eso qué tiene que ver con la literatura?
Entonces, ¿el hecho de que haya cuentos publicados en internet, donde la gente puede discutir e incluso intercambiar ideas con el autor, no cambia nada?
Sólo en cierto sentido. Hoy en día más gente escribe que hace algunos años. Antes, uno mandaba una carta de dos carillas y no podía esperar una respuesta inmediata. Ahora, en cambio, uno manda un correo electrónico y llega a destino al toque. Hoy leemos y contestamos más mensajes que hace 15 años. Del mismo modo, leemos más cuentos, tenemos acceso a más información y hacemos comentarios sobre artículos que leemos o sobre otros comentarios. En síntesis, se escribe mucho más. Es probable que nuestra gramática no haya mejorado, pero nos comunicamos con mucha más fluidez. Si en 1980 uno de cada diez pibes se hacía escritor, ahora probablemente sean dos de cada diez.
¿Cuántos correos recibís por día?
Muchísimos. Recibo mensajes de distinto tipo. Unos quieren que mire sus blogs, otros me invitan a asados y otros me avisan que viajan a Barcelona y que les gustaría pasar por mi casa. También hay gente muy noble que escribe cartitas muy lindas.
¿Dedicás un momento particular del día a responder los mensajes de tus lectores?
No suelo responder los comentarios que dejan en el blog. Sí contesto los correos electrónicos. Cuando empecé a escribir Diario de una mujer gorda, respondía a los comentarios haciéndome pasar por Mirta, la protagonista. Después, me di cuenta de que, cuando tenés muchas visitas, hay gente que empieza a provocarte. Si uno desaparece y deja que los lectores comenten, todo se ordena mucho mejor. Cuando responde el autor, todos quieren parecer más divertidos. Dedico los sábados a contestar todos los correos electrónicos que recibo. Respondo los mensajes que incluyen una pregunta. En muchos casos contesto casi automáticamente “Muchísimas gracias” porque no sé qué decir.
¿Te considerás parte de “la joven guardia” de la literatura argentina?
No me gusta que se le dé un nombre a una generación, pero supongo que eso pasa siempre. Leo todo lo que escriben los escritores de mi edad porque me gusta saber en qué están pensando. Escribo y formo parte de la nación argentina, así que supongo que, de alguna manera, integro ese grupo.
Pareciera que hay una tendencia literaria a contar historias mínimas y eso puede encontrarse en tus relatos.
Soy perezoso. No es que sepa hacer muchas cosas y pueda elegir qué hago. Soy incapaz de hacer una investigación exhaustiva para escribir una novela histórica ambientada en el siglo XVI. Me aburriría, escribiría 20 páginas y dejaría el proyecto para hacer otra cosa. Tampoco podría plantear una historia en el año 2054. No tengo un plan para crear historias a partir de anécdotas chiquititas; simplemente, es lo único que sé hacer. Por eso escribo sobre Mercedes, la ciudad donde me crié. No necesito imaginar otra ciudad. Escribo sobre mi viejo, mi hija, mi mujer y mis amigos porque los conozco. Cuento historias de los ‘90 porque viví en esa época.
¿Sos lector de blogs?
No. Leo un blog sólo si alguien me lo recomienda. Y, cuando entro en un blog, busco los errores inmediatamente. Muchas veces los encuentro al toque. Un error muy común es, por ejemplo, escribir con letras blancas sobre un fondo negro. Eso no sirve. Otro vicio de los bloggers es firmar con seudónimos al estilo “McPollo”. Nadie puede querer a un tal McPollo. Es mucho mejor poner un nombre y un apellido. Te dan cierta credibilidad. Cuando confirmo que no hay ningún error de ese tipo, me pongo a leer los posts. Soy capaz de quedarme hasta las cinco de la mañana leyendo un blog.
¿Cuál es la principal característica que debería tener un buen blogger?
Debería tener cierta constancia, saber qué quiere hacer, qué quiere contar y hacia dónde quiere llevar su proyecto. Es lo mínimo que se le debe pedir. Si uno va a hacer algo, tiene que hacerlo bien. Yo, por ejemplo, ahora estoy bardeando mucho con Orsai. Debería hacer un post por semana, pero no puedo. No estoy con ganas de escribir. Hace poco, mi mejor amigo se mudó al pueblo en el que vivo y sólo tengo ganas de charlar con él todo el día.
¿Dónde vivís exactamente?
Vivo en Sant Celoni, un pueblo de 15 mil habitantes ubicado entre Gerona y Barcelona. Se trata de un lugar en medio de las montañas que tiene lo necesario para vivir. Está lleno de gente joven con hijos chiquitos. Es muy lindo. Vivo en una casa rodeada de bosque. En diciembre convencí a Chiri, mi mejor amigo, de que venga con su mujer y sus dos hijitos y ahora vive al lado de mi casa.
Cuando escribís, ¿pensás en Chiri como un lector modelo?
Sí, yo escribía para Chiri y para mi viejo. Eran mis lectores ideales. Chiri es muy intelectual, lee mucho, es muy parecido a mí. En cambio, mi viejo no leyó un libro en su vida. Escribía cuentos para que se rieran los dos. No quería dejar afuera a alguien que no entendiera de literatura, pero tampoco quería que gente como Chiri se aburriese. Mi viejo murió el año pasado y ahora hablo con Chiri todos los días, así que no sé para quién voy a escribir.
A propósito, escribiste un relato en el que tu mamá vaticinaba la muerte de tu papá. ¿Sucedió efectivamente así?
Es muy loco. Mi viejo murió cuatro semanas después de que escribí ese cuento, que es pura ficción. Al final, el vaticinio fue mío. Todo el tiempo invento anécdotas que parecen ser reales. Un día, se me ocurrió escribir que, cuando tenía 14 años, había descubierto que mis viejos eran cocainómanos. Ellos siempre tuvieron un humor excelente y no les importa que escriba ese tipo de cosas. En Mercedes, donde todo el mundo los conoce y lee Orsai, creyeron que esa historia era real. Otro día escribí un texto que decía que mi vieja era vidente. Dentro de poco voy a publicar una novela autobiográfica en la que cuento la versión ficticia de la muerte de mi viejo. En medio de muchas historias verdaderas, esa anécdota inventada se convierte en un hecho real.

