Adolescentes sin edad
Están juntos desde hace más de 25 años, siguen vigentes y son una clara influencia para muchos músicos de la escena local. En esta nota, hablan de su último trabajo, de los medios y de la industria.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS EVA COSCIA
El periodista y escritor Eduardo Berti afirmó alguna vez que nada retrata mejor a Virus que su permanente anacronismo. Lo analiza así: “Fueron irónicos cuando reinaba la solemnidad en el rock argentino y fueron románticos cuando reinaba el desencanto dark”. La cita pinta de lleno a esta banda platense que surgió a fines de los ‘70 y que, tiempo más tarde, se convirtió en un ícono de la modernidad argentina.
Poco antes del retorno a la democracia, el rock local se volvió más lúdico. El regreso de Almendra (en 1980), el cambio de Videla por Viola (en 1981) y un par de recitales masivos propiciaron el comienzo de una nueva etapa. Virus aprovechó ese contexto, pero aún quedaba un largo camino por recorrer. Al principio, muchos acusaron a la banda de frívola por su música, por sus presentaciones y por sus letras. Después, surgieron críticas porque el grupo rechazó la invitación para participar en el Festival de la Solidaridad, que se organizó en 1982 a beneficio –supuestamente– de los soldados que fueron a Malvinas. De cualquier modo, siguieron su camino y respondieron con música.
En la primavera del ‘82, editaron el disco Recrudece, en el que incluyeron canciones como “El banquete”, que reprobaba el fingido cambio de imagen del gobierno militar. Con Roberto Jacoby (sociólogo, escritor y artista plástico) como letrista invitado, Virus se convertiría en una de las bandas fundamentales del rock local. Tanto es así que hoy no se puede pensar la escena argentina sin tener en cuenta la influencia de este grupo.
A mediados de 1987, Federico Moura, el carismático líder de Virus, se enteró de que estaba enfermo de sida. La noticia desalentó a sus compañeros, que pensaron en dejar la banda. Sin embargo, el propio Federico los instó a seguir y le pidió a su hermano Marcelo, que era el tecladista de Virus, que se hiciera cargo de la voz. Federico falleció a fines de 1988 y, poco después, la banda se disolvió.
En 1994, se reunieron y comenzaron a hacer shows en forma esporádica. Con Daniel Sbarra y los hermanos Marcelo y Julio Moura a la cabeza, Virus editó en 1998 un nuevo disco y, 8 años más tarde (es decir, en 2006), lanzó Caja negra, un CD y un DVD que registran un par de presentaciones en el Teatro Coliseo. En ese trabajo, repasan algunos de los temas más sobresalientes de su carrera (“Imágenes paganas”, “Pronta entrega” y “Una luna de miel en la mano”, entre otros) y presentan cinco nuevas canciones.
Arriba del escenario, Sbarra y los Moura no aparentan la edad que tienen. Marcelo, por ejemplo, corre de un lado para otro, se arrodilla frente a Sbarra y juega con el público mientras derrocha una sensualidad ambigua. Si uno no supiera cuántos años tienen, pensaría que son de la misma camada que Lulo Isod (batería), Ariel Naón (bajo) y Fernando Monteleone (teclados), los jóvenes músicos que completan la banda.
¿Cómo se les ocurrió hacer un DVD?
JULIO: Cuando surgió el proyecto de Caja negra, ya estábamos componiendo nuevas canciones. Por eso, decidimos grabar cinco de ellas e incluirlas en el disco. El proyecto nos pareció interesante porque nos permitía plasmar, en un CD y un DVD, lo que hacemos en vivo. Nos encanta tocar. Esencialmente, Virus es un grupo que funciona mejor en vivo.
¿Caja negra sirve para registrar lo que genera el grupo en sus shows o implica una posibilidad de insertarse hoy en el mercado?
DANIEL: Esa dicotomía no nos es ajena. El DVD es un formato que se está usando mucho. Caja negra tiene que ver con las exigencias del mercado actual y, al mismo tiempo, con la intención de registrar lo que pasa con Virus arriba de un escenario.
JULIO: El DVD es un resumen de nuestra carrera y nos permitió trabajar con un formato que desconocíamos.
¿Se sintieron cómodos con el formato?
DANIEL: Sí. Más allá de que un recital se grabe o se registre, nosotros tocamos siempre, es algo que hacemos todos los días. Arriba del escenario nos sentimos muy cómodos. Estuvimos muy a gusto durante los conciertos en el Coliseo. La idea era hacer lo que siempre hicimos y olvidarnos de que alguien estaba filmándonos.
Uno asocia el nombre del DVD a la caja negra de los aviones. ¿Por qué eligieron ese título?
JULIO: El otro día, una periodista dijo que pensaba que el nombre se debía a que nosotros somos, como las cajas negras de los aviones, indestructibles. Esa interpretación me pareció genial porque demuestra que, en definitiva, uno no es dueño de todo lo que hace o dice.
DANIEL: Es cierto que el título del DVD se asocia, en principio, a la caja negra de los aviones y eso no está mal porque tiene una linda connotación: la de algo secreto o indestructible. Sin embargo, la expresión proviene de la ciencia. Se llama “caja negra” al momento en que surge una idea que cierra un proyecto o una fórmula, pero que carece de explicación teórica. Desconocemos cómo hizo este disco para cerrar así, cosa que el título expresa muy bien.
Leé la entrevista completa en la edición N° de Revista G7.
DISCOGRAFÍA
Wadu wadu (1981).
Recrudece (1982).
Agujero interior (1983).
Relax (1984).
Locura (1985).
Vivo (1986).
Superficies de placer (1987).
Tierra del Fuego (1989).
Nueve (1998).
Caja negra (2006).

