El lenguaje universal
Este músico argentino vive en París desde hace 20 años y es reconocido como uno de los acordeonistas más talentosos de la historia.
TEXTO ANDRÉS WAINSTEIN
Raúl Barboza cuenta que su padre, desde chico, tocaba la guitarra y cantaba en castellano y en guaraní. Esa condición de “músico bilingüe” siempre lo atrajo y lo llevó a comprender la fuerza del idioma. “El guaraní estaba prohibido en la escuela. Lo podíamos hablar en la vereda, pero no en el aula”, recuerda. “Si se ataca un idioma, se atacan las creencias y la música ligadas a él”, asegura.
Barboza encontró en la música un lenguaje irreprimible y “el Morocho”, su acordeón (fabricado por la casa italiana Piermaría), se transformó en una parte más de su organismo. “La danza del cuerpo anuncia las frases y las sensaciones y define el carácter de una melodía”, afirma. “Los movimientos de un músico se relacionan estrechamente con lo que se está tocando”.
Desde hace 20 años, Barboza vive en París. Cuando llegó a esa ciudad, no hablaba francés ni tenía dinero. Su pasaje de regreso venció. Necesitaba comunicarse, hacerse entender. Se preguntaba cómo podía arreglarse un músico argentino para que lo conociesen en París. Sabía que la única posibilidad era cargar el instrumento y salir a tocar por los boliches.
En su extensa trayectoria, aprendió que el chamamé, como cualquier otro género, se toca mejor cuando el músico entra en contacto con el clima, la geografía y la gente que lo vieron nacer. “Cuando uno se da cuenta de eso, entiende que la música no es una suma de acordes”, dice.
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L’AMBASSADEUR DU CHAMAMÉ
Raúl Barboza es el acordeonista argentino más destacado y reconocido en el mundo. Con tan sólo 9 años, por su destreza con el acordeón, comienzan a llamarlo “Raulito el mago”. Dueño de una extensa, participó en innumerables giras por todo el mundo, paseando y difundiendo el chamamé, género del cual es su embajador por excelencia. En 1985 recibe el premio Konex designándolo como una de las cinco mejores figuras en la historia de la música popular argentina como instrumentista de folklore. Reside en Francia desde 1987, y por recomendación de Astor Piazzolla, los productores del mítico “Trottoirs de Buenos Aires” lo contratan para tocar chamamé y por primera vez se difunde esa música en París. Participó junto a Paco de Lucía, Dave Brubeck y B.B. King del festival “Alte Oper Frankfurt” en 1988, del Festival Internacional de Jazz de Montreal en 1992, del Reading Womad Festival de Londres invitado por Peter Gabriel en 1999, por citar sólo algunos ejemplos. En 2000, el Ministerio de Cultura y Comunicación de Francia le otorga la orden de “Chevalier de L’Ordre des Arts et des Lettres” en 2000.

