Gestos mínimos
Toca el charango desde que tiene 15 años. A punto de cumplir 70, no deja de difundir ese instrumento por el mundo. Ha colaborado con músicos como Paco de Lucía, Divididos o Tata Cedrón.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
Es asombroso lo que puede lograr un instrumento tan pequeño como el charango. Aunque esté asociado a la música popular andina, en los discos y conciertos de Jaime Torres adquiere una dimensión “cósmica”. Al músico le gusta usar esa palabra, que no podría ser más precisa. Basta hurgar en la historia de Torres para corroborarlo.
El músico, nacido en Tucumán, colaboró con bandas de rock como Divididos o Bersuit Vergarabat, tocó el charango en Electroplano –un exquisito álbum de música electrónica que grabó junto a Alejandro Seoane– y acaba de editar Altiplano, un disco que realizó con el percusionista cordobés Minino Garay y el flautista marfileño Magic Malik.
Ésos son apenas algunos breves capítulos de su historia, que parece inabarcable. Su música lo llevó a conocer buena parte de América, Europa, Asia y Oceanía. Colaboró con músicos de la talla de Gerardo Gandini, Ariel Ramírez, Paco de Lucía, Eduardo Falú y Tata Cedrón. Chabuca Granda dijo alguna vez que Torres toca “su mágico charango” como un pájaro ciego que “dibuja con sus dedos en las cuerdas”. Es ciudadano ilustre de la provincia de Jujuy y le dicen “maestro” desde hace 40 años.
A mediados de la década del ‘70, organizó una serie de encuentros musicales en las calles de Humahuaca. Los llamó Tantanakuy. La idea del proyecto consistía en reunir a instrumentistas no profesionales y en otorgarles protagonismo a los habitantes de la región y a su música. No cabe duda de que Torres ama las raíces del altiplano andino, sus aspectos históricos, sociales y políticos, su profundidad “cósmica”.
Teniendo en cuenta que usted no escribe música, ¿cómo compone?
Con un grabador. Lo llevo a todas partes y vivo pendiente de él. Cuando surge en mi interior una melodía, la empiezo a tararear y me grabo.
¿El charango está confinado a ciertos géneros?
Seguramente tenga limitaciones, como cualquier otro instrumento. Mucho de lo que se hace con el charango está relacionado con la música popular, pero buena parte también se vincula con lo cósmico.
Tocó con bandas de rock e hizo música electrónica. ¿Cómo fueron las experiencias con Bersuit Vergarabat y Divididos?
Fueron muy lindas. Siempre les estaré agradecido a esas bandas. Bersuit estaba levantando vuelo cuando tocamos juntos. Recuerdo que, al principio, el único que venía a mi estudio era Gustavo Cordera; después, toda la banda terminó copando el lugar. Yo la pasaba muy bien. Un día, durante un concierto, ellos dijeron mi nombre y el público empezó a corear “Argentina, Argentina”. Se notó que había una identificación y un reconocimiento.
¿De qué modo se hizo el disco Electroplano?
Trabajamos con Alejandro Seoane un año y medio. Tenemos más grabaciones de nuestras charlas que de la música que hicimos juntos. Me interesaba que se supiera por qué estaba haciendo ese disco, qué me había movilizado. No quería que se creyera que lo hacía en busca de éxito.
¿Qué lo movilizaba?
Traté de mostrar que el charango puede seguir otros caminos, ser parte de otras formas.
¿Piensa que el charango, como instrumento, tiene la popularidad que se merece?
No sabría decirte, pero hoy es más reconocido que hace unas décadas. Ya existen charangueros en todo el mundo y se me acercan con bastante frecuencia. Eso siempre me pasó. Debo tener algo especial. Imaginate que, cuando tenía 30 años, ya me decían “maestro”.
¿Cómo logró que ese instrumento se convirtiera en el protagonista de su música?
Siempre tuve una relación muy natural e íntima con el charango. Tocarlo, para mí, es algo muy simple. El charango y lo autóctono me apasionan. Me gustaría que existiese un estudio completo sobre los instrumentos y las músicas de Latinoamérica. Yo estoy en condiciones de escribirlo, pero debería dedicarme sólo a eso y, entonces, no podría subsistir. Tengo una vida y, además de tocar el charango, me gusta salir, juntarme con mis amigos, estar con mis nietos, caminar…
Leé la entrevista completa en la edición 54 de Revista G7.
TIERRA ADENTRO, por Mariana Baraj.
Con su música, Jaime Torres pinta un paisaje exquisito, el de nuestra tierra. Su charango nos lleva por lugares remotos, nos contacta con nuestras raíces y con las voces que marcan nuestro camino. Ojalá esa raíz no deje de expandirse y nos permita seguir relacionándonos con las delicias que ofrece.

