Guitarra, dímelo tú
Pasó por Buenos Aires con la gira g3, acompañado por Eric Johnson y John Petrucci. A los 50 años, con toda humildad, uno de los más destacados guitarristas del mundo afirma que sigue en la búsqueda de nuevos sonidos.
TEXTO SALVADOR BIEDMA
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
Desde hace años, cada vez que surge la pregunta (un tanto absurda, por cierto) sobre quién es el mejor guitarrista de rock, aparece el nombre de Joe Satriani. Su extraordinario nivel técnico no alcanza para explicar que haya vendido más de 7 millones de discos de música en la que prima lo instrumental. Uno tiende a creer que su éxito está basado, entre otras cosas, en su carisma, en la estructura de sus composiciones –cercana a la de las canciones básicas de rock– y en sus melodías y riffs, que incitan al tarareo. Su estilo conjuga elementos del blues, el jazz y el metal, entre otros géneros.
Siempre se ha codeado con los grandes: fue profesor de Steve Vai, reemplazó durante un tiempo a Ritchie Blackmore en Deep Purple, acompañó a Mick Jagger en una gira por Australia y Japón y, desde 1996, organiza la mítica gira anual G3 con otros dos guitarristas entre los que se han contado Robert Fripp, el propio Steve Vai y Yngwie Malmsteen. Además, Satriani recibió 13 nominaciones al Grammy.
No es casual que la compañía Ibanez cuente con una serie de guitarras en su honor (la Ibanez JS, diseñada según los gustos y las necesidades del neoyorquino) y que Peavey haya diseñado con él una serie de amplificadores de guitarra.
En 1987, se consagró con su segundo disco, Surfing with the Alien, que es no sólo uno de los más importantes de su extensa discografía sino también, para muchos, uno de los mejores álbums de rock instrumental de la historia.
Cuando eras chico, tocabas la batería. ¿En qué momento te pasaste a la guitarra?
Empecé a estudiar batería cuando tenía 9 y, después de 2 años, dejé porque sentía que no iba a ser un buen baterista. Llegué a un punto en el que no avanzaba, me sentí incómodo y, aunque era chico, me di cuenta de que un músico no tiene que sentir eso. Luego, me entusiasmó la música que escuchaban mis hermanas y mis hermanos, la música de fines de los ‘60 y, cuando llegaron los ‘70, escuché a Jimmy Hendrix y decidí tocar la guitarra. Tenía 14, creo. En un punto, ocurre lo mismo que con los deportes: cuando sos chico, probás varios hasta que encontrás uno que te sea fácil y te guste.
Siempre decís que Hendrix fue muy importante para vos, pero tu forma de tocar no es similar a la de él.
Sí, es llamativo. Creo que, de un modo algo extraño, él ha tenido una influencia importantísima en mi forma de tocar y de grabar. Cada tema de Hendrix tiene un sonido de guitarra y una estructura distintos; el no creó un sonido para decir “éste es mi estilo, soy el dios de la guitarra” sino que permitió que todo surgiera a partir de las canciones y de cuán creativo podía ser con su instrumento. Pienso que eso es lo que tomé de Hendrix. En los shows, generalmente hago temas de él, así que toco mucho a su manera.
¿Y cuándo fuiste profesor de Steve Vai?
Debe haber sido a principios de los ‘70. Los dos crecimos en Nueva York y fuimos a la misma universidad. Él me vio tocar en una fiesta y uno de sus amigos había empezado, justo, a tomar clases conmigo. Creo que eso fue lo que lo decidió.
¿Qué sentís cuando lo ves tocar ahora?
Está buenísimo. He tenido el gusto de ver que algunos de mis alumnos han logrado aquello que se habían propuesto cuando tomaban clases conmigo. Todo el trabajo que hicimos juntos fue para que lograsen eso, así que es algo que tanto yo como mis alumnos suponíamos que pasaría y lo esperábamos… Bueno, éramos optimistas [risas].
¿Qué aprendiste de la gira con Deep Purple, en la que no estabas a cargo de todo?
¡Fue muy relajante! Me dejaban tranquilo la mayor parte del tiempo y no tenía otra responsabilidad que tocar canciones que conocía desde siempre. Obviamente, no fue nada fácil tocar en lugar de Ritchie Blackmore; es imposible reemplazar a alguien como él. Yo era un gran fan de Ritchie, así que la pasé bastante mal escuchándome tocar con la banda porque al principio no sonaba bien. En mi cabeza, escuchaba a Ritchie todo el tiempo: en mi oído derecho sonaba su guitarra y en mi oído izquierdo sonaba la mía. Fue muy divertido. La banda era genial para salir de gira, tenían una buena organización, los shows eran increíbles y los fans eran extraordinarios.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 36 DE REVISTA G7.
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“TOCAR LA GUITARRA SIGUE SIENDO LO MÁS DIVERTIDO QUE PUEDO HACER. TODAVÍA REQUIERE MUCHO TRABAJO Y MUCHO ESTUDIO DE MI PARTE Y TENGO QUE PRESTARLES MUCHA ATENCIÓN AL INSTRUMENTO, A LOS EQUIPOS, A MIS MANOS…”.

