La gran Lady
Es la percusionista y la baterista más importante del rock argentino. Tocó con todos y, luego, se lanzó como solista. En 2006, editó Dormís?, su segundo disco.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ PARA ESTUDIO ACH
La boca de Andrea Álvarez parece una fruta madura, roja y jugosa que está a punto de estallar de sexo todo el tiempo. A veces, explota y se rompe en carcajadas o en frases provocativas. A Álvarez le gusta hablar (en realidad, le gusta mantener las cosas bajo control y con las palabras logra su propósito). Nunca es demasiado, sin embargo, porque su voz no empalaga. Además, se mantiene fiel a sus creencias: dice lo que piensa sin importarle que no se considere políticamente correcto.
ELLA BAILA CON TODOS
En Argentina y en Estados Unidos, estudió batería, percusión y canto con profesores de la talla de Horacio Gianello, Frank Malabe, Kenwood Dennard y Esteban Sielicki, entre otros. Empezó a tocar la batería en Rouge –el primer grupo local de rock femenino, cuyas integrantes crearon, después, Viudas e Hijas de Roque Enroll–. Fue percusionista de bandas como Soda Stereo, Divididos, Attaque 77 o Los Tipitos, y de solistas como Charly García, Celia Cruz o Tito Puente. Desde hace años, se dedica, también, a la docencia. “Estudié mucho”, afirma, “pero no sé cuán importante es la formación para un músico. La flor puede nacer en un desierto. Hay músicos que estudian toda su vida, pero que no expresan nada y, otros, como Dylan, McCartney o Spinetta, que son autodidactas, pero transmiten mucho”.
¿Qué te permite la docencia?
Desarrollar las inquietudes de los alumnos, ayudarlos a encontrar su camino. Hay personas que fabrican cosas y otras que tienen verdaderas inquietudes artísticas y expresivas. Te toca o no te toca: la formación ayuda, pero hay cosas que no se enseñan.
¿Cómo cuáles?
El carisma y la curiosidad. Hoy, faltan ganas de aprender. La docencia es sólo un detonante. Los maestros nos enseñan –enseñamos– cómo comunicar cosas con el cuerpo, que es nuestro instrumento, pero uno no sólo aprende asistiendo a clases sino también, escuchando música, consumiendo arte, haciendo cosas.
¿Hace unos años había más curiosidad que ahora?
No sé. Yo fui siempre muy curiosa y mi hijo, que es chico y pertenece a otra generación, también lo es. Sin embargo, en Argentina hay un profundo desprestigio de la educación y, por si fuera poco, desde los reality shows se alienta el sedentarismo. No se aprende a ser músico en una temporada. El artista es mucho más que lo que sabe tocar.
¿Qué tipo de artista sos?
Creo que soy una artista comprometida. Me comprometo con todo lo que hago y eso se escucha. Sufro mucho y estoy más expuesta; pero es una elección que vale la pena.
¿Cuándo supiste que ibas a ser percusionista y baterista?
Desde chica me gustan cosas que, supuestamente, son masculinas: los superhéroes, los trapecistas… Supongo que siempre tuve la necesidad de ser vista y la batería me hace sentir poderosa. Además, soy estructurada y precisa, y eso tiene que ver con el ritmo.
Cuando trabajás con bandas, lo hacés como percusionista y no como baterista. ¿Por qué?
Hubo un tiempo en que me hubiera gustado ser la baterista de una banda, pero era difícil que se le diera ese lugar a una mujer. Hoy, es más fácil; pero la batería es mi tesoro y la guardo para mí. A veces, estar a cargo de la percusión es complejo, porque hay que tocar menos y saber exactamente qué hacer cuando no estás tocando.
¿Ésa es la única diferencia?
No. También hay otro tipo de compromiso corporal. Pongo menos el cuerpo porque no soy la protagonista, no me van a ver a mí. Me comunico más con los artistas que con el público. Estoy mucho más cómoda que cuando toco la batería. En esos casos, expongo toda mi carne y es más intenso.
¿Es difícil para una mujer subirse a un escenario?
No, no lo es. Aunque no sé cómo será para un hombre, porque soy mujer y es lo único que conozco. A mí me gusta mucho estar arriba del escenario y no me da miedo el público. Sé que a muchos puede disgustarle lo que hago, como a mí me pasa con otros artistas. Los que vienen a verme no llevan una mochila con mi nombre. Yo no incito el fanatismo ni pido que me sigan. Quiero que cada uno haga lo que quiera.
¿Sentís que esa actitud es más auténtica que la del músico que arenga?
Puede ser. La gente que me escucha no persigue tendencias. Mi música no va a convertirse nunca en una moda. Mis letras chocan con los intereses de los medios de comunicación.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 38 DE REVISTA G7.
MAS INFORMACION
“CREO QUE SOY UNA ARTISTA COMPROMETIDA. ME COMPROMETO CON TODO LO QUE HAGO Y ESO SE ESCUCHA. SUFRO MUCHO Y ESTOY MÁS EXPUESTA; PERO ES UNA ELECCIÓN QUE VALE LA PENA”.

