La libertad
Llevan más de 20 años tocando juntos y son una de las bandas más populares del país. Sus canciones se bailan en cualquier fiesta y se corean en los estadios de fútbol. En esta nota, Cucho Parisi y Jorge Serrano repasan la historia de los decadentes y aseguran estar en contra de los clichés del mundo rockero y “a favor de la libertad”.
TEXTO JUAN MARÍA FERNANDEZ
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
El verano porteño es insoportable. El calor y la humedad vapulean a los transeúntes, que, con caras largas, buscan un poco de alivio caminando por la sombra. En The Roxy, el ambiente no es más agradable, pero los cientos de personas que pueblan el lugar gritan, ríen y bailan como si estuvieran en un enorme sauna. Sobre el escenario, están tocando Los Auténticos Decadentes y a nadie parece importarle que el lugar esté a punto de derretirse.
De los parlantes no dejan de salir hits. Sin respiro, pasan “Vení, Raquel”, “Loco (tu forma de ser)”, “La guitarra”, “El murguero”, “Los piratas”, “Pendeviejo”, “Un osito de peluche de Taiwán” y muchos otros. En un éxtasis continuo, el público corea cada una de esas canciones convertidas en clásicos de la música popular argentina.
“Mucha gente nos ha dicho que hasta que no vio uno de nuestros shows, no fue consciente de la fuerza que tiene el grupo”, cuenta uno de los Decadentes en el camarín. “En nuestros recitales, se puede apreciar que, desde hace años, componemos canciones que todo el mundo conoce y muchos quedan impresionados al escuchar todos esos temas de golpe”, agrega esa voz trajinada.
SIGUE TU CAMINO
Los doce amigos que forman Los Auténticos Decadentes son Gustavo “Cucho” Parisi (voz), Jorge Serrano (guitarra y voz), Diego Demarco (guitarra y voz), Gustavo “Nito” Montecchia (guitarra), Pablo Armesto (bajo), Gastón “El Francés” Bernardou (percusión), Martín “La Mosca” Lorenzo (percusión), Eduardo “Animal” Trípodi (percusión y coros), Pablo Rodríguez (saxo), Daniel Zimbello (trombón), Guillermo “Capanga” Eijo (trompeta) y Mariano Franceschelli (batería).
La primera vez que algunos de ellos se encontraron arriba de un escenario fue en septiembre de 1986, en una peña organizada en un colegio del barrio de Almagro. En aquella ocasión, las tablas no eran más que un par de pizarrones tendidos sobre pupitres y el grupo estaba formado por seis amigos –a la sazón, eran estudiantes secundarios– con ganas de pasarla bien. “Ese primer concierto estuvo re-divertido. Si la banda se hubiese creado para hacer únicamente ese show, hoy estaría muy contento. En aquel entones, fue increíble estar sobre el escenario con mi grupo de amigos”, cuenta Parisi, y sonríe en forma nostálgica.
¿Qué recuerdan del primer recital?
CUCHO: Fue una presentación muy impulsiva. Sólo pensábamos en hacer ese show, no imaginábamos lo que podía pasar después con la banda. Si bien la música ya nos “llenaba”, no sabíamos casi nada de ella. Había más actitud que formación musical y, por eso, nos formamos sobre el escenario. Teníamos la rebeldía del punk.
SERRANO: La banda tenía sólo cinco canciones, así que cuando el público pidió “bis”, tuvimos que tocar los mismos temas una vez más. La verdad, no recuerdo cómo habremos tocado ese día en particular, pero sé que éramos espantosos. Estábamos muy mal equipados y no sabíamos afinar ni tocar nuestros instrumentos. Éramos una monstruosidad. En aquel entonces, nadie que escuchara nuestra música sin ver lo que hacíamos sobre el escenario podía entendernos.
¿Ya pensaban que podían llegar a vivir de la música?
SERRANO: No, de ninguna manera. Sin embargo, como nos fue bien y nos divertimos mucho sobre el escenario, la gente nos empezó a invitar a fiestas para que tocáramos. En ese momento, imaginamos que íbamos a seguir tocando porque la pasábamos bárbaro, pero nunca lo hicimos pensando en que podíamos vivir de esto.
¿Cuándo sintieron el quiebre?
CUCHO: Cuando dejamos de tocar para la barra de amigos del barrio y empezamos a hacerlo para gente que no nos conocía. Me acuerdo del día en que llenamos un local llamado Medio Mundo Varieté, que estaba en la avenida Corrientes. Ese día dije: “Acá pasa algo. ¡No conozco al público!”. De a poco, las canciones empezaron a tomar forma, fueron ganando intensidad. Aunque casi no sabíamos tocar o desafinábamos, teníamos mucho entusiasmo y las canciones tenían algo interesante que las hizo perdurar en el tiempo.
SERRANO: El 90 por ciento de los Decadentes éramos vagos. No teníamos laburo o, en el mejor de los casos, teníamos un trabajo muy rata. Entonces, en la medida en que empezamos a cobrar por nuestros shows, empezamos a vivir más de la música que de nuestras otras ocupaciones, que eran… Nada. Éramos todos medio atorrantes, así que hacer un show, para nosotros, ya significaba vivir de la música. Cuando empezamos a tocar con cierta regularidad, entrevimos la posibilidad de vivir de esto. De cualquier manera, todo fue muy gradual.
CUCHO: Recuerdo el día que llenamos Cemento y gané plata por primera vez. Creo que me pagaron unos $ 150, con los que compré un par de cosas para la casa de mis viejos. También dimos un paso importante en 1991, cuando empezamos a ir a programas de televisión. El día después de haber estado en el programa de Susana Giménez, empecé a firmar autógrafos. ¡No lo podía creer! De cualquier manera, tardamos un poco en crecer. Transitamos el under durante bastante tiempo porque no teníamos a nuestra disposición los medios periodísticos para darnos a conocer. Hoy en día nos es más fácil, pero en aquella época estábamos obligados a editar un disco.
Leé la entrevista completa en la edición número 49 de Revista G7.
VÉRTIGO, por Fernando Ruiz Díaz, cantante y guitarrista de Catupecu Machu.
Tuve la suerte de compartir muchas giras con Los Auténticos Decadentes y de que me invitaran a tocar con ellos en varias ocasiones. Lo bueno de la banda es que, además de ser realmente auténtica, es muy original: fue la primera en fusionar el rock con ritmos tropicales, como la cumbia y los corridos mexicanos. Ninguno de todos sus integrantes está cuerdo y eso me hace sentir mucho vértigo cuando estoy con ellos. Además, en sus filas tienen a uno de los letristas más grosos del rock argentino, que es Jorge Serrano. Tanto mi hermano como yo creemos que “Un osito de peluche de Taiwán” es uno de los mejores temas de nuestro rock.

