Belleza y felicidad
Es una de las bandas más interesantes y novedosas de la escena local. Su tercer disco, editado en 2007, contó con el apoyo de una discográfica, lo que les permitió conectarse con un público mucho más amplio.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
A mediados de 2002, Abril Sosa –por aquel entonces, baterista de Catupecu Machu– convocó a Agustín Rocino (bajo), Diego López (guitarra) y Lucas Hernández (batería) y creó Cuentos Borgeanos, un proyecto en el que dejó su rol habitual para hacerse cargo de la guitarra. “Nuestra unión fue intencional. Con Dieguito veníamos tocando desde hacía un tiempo, a Agus lo conocía porque pasaba música en un boliche y Luqui fue elegido en una convocatoria de bateristas. Los cuatro tenemos la misma edad y por eso coincidimos en muchas cosas. Encajamos enseguida”, explica.
La banda tenía tres meses de vida cuando editó Fantasmas de lo nuevo, su primer álbum. Ese trabajo, producido por Gabriel Ruiz Díaz, los ubicó como una opción interesante dentro del rock argentino. Dos años más tarde, sacaron Misantropía, un álbum más introspectivo que el anterior. Esa búsqueda, sumada al nombre del grupo, llevó a que un sector de la prensa les adjudicase el mote de “banda literaria”. Según el líder de la banda, la calificación los incomoda. “Nuestro nombre no es más que un homenaje. Nunca quisimos ser ‘literarios’ o ‘intelectuales’ porque no nos interesa”, dice. Sin embargo, en las letras de Cuentos Borgeanos se percibe una intención poética; lejos de la tendencia “social” de otras bandas, la temática de sus canciones se centra en distintas problemáticas alrededor de la existencia: la vida, la muerte o el amor.
En 2007, un nuevo giro de Abril Sosa (dejó la guitarra para concentrarse en la voz) dio lugar a la grabación de Felicidades, producido por Pablo Romero, de Árbol, y editado por la multinacional EMI. El álbum los lanzó definitivamente a la popularidad. “Cada disco tiene sus características. El primero refleja los inicios de la banda; el segundo es el más desorganizado; en el tercero, todo estuvo planeado por primera vez. Dijimos: ‘queremos hacerlo de esta manera, con estos tiempos’”, comenta Rocino.
¿Qué objetivos se plantearon en esta última grabación?
SOSA: Perdimos las ganas de ser únicos, de trascender en el arte. Sólo queríamos hacer canciones. De hecho, el título del disco habla de hacer las cosas sin pensar tanto, de encontrar la felicidad a partir de las elecciones personales. El disco refleja un estado de madurez y en el ambiente del rock la palabra “madurez” está mal vista.
Es llamativo que digan que perdieron las ganas de trascender…
ROCINO: Antes, nos enroscábamos y tratábamos de buscar acordes increíbles. Ahora se trata simplemente de hacer canciones.
SOSA: Nuestra decisión nos transforma en un grupo genuino. Elegimos no ser “artistas”, pero eso no implica que hayamos dejado de serlo; por el contrario, le abrimos una puerta al arte.
Quizá la prueba de lo que dicen radica en que Felicidades es un álbum completamente distinto a los anteriores.
SOSA: Sí. Lo que voy a decir va a sonar pedante, pero no lo es: “Eternidad”, el primer corte del disco, es un clásico, uno de esos temas que sentís que escuchaste muchas veces. Esa canción ya “estaba” en la música y lo digo con la mayor modestia.
¿Por qué, cuando se refieren a Felicidades, suelen aclarar que “menos es más”?
ROCINO: En la grabación de Misantropía, usamos muchos instrumentos. En este disco, en cambio, simplificamos todo, pero eso no significa que nos hayamos vuelto simplistas. A través de la composición con la guitarra y el bajo, buscamos que no existiera la necesidad de sumar nuevos instrumentos.
SOSA: Sólo dos o tres temas tienen coros. Veníamos de una época en la que nuestra música estaba sobrecargada.
¿También cambiaron la forma de componer?
LÓPEZ: Compusimos de todas las formas posibles. De a uno, de a dos, de a cuatro… En un momento, le dijimos a Pablo que ya no sabíamos de dónde sacar canciones. Él nos contestó que ése era el mejor momento. Tenía razón. Fue entonces cuando surgió lo más original.
SOSA: Nosotros ya teníamos un estilo definido y la idea era romper con eso. De cualquier modo, siempre componemos primero la música y después las letras. Eso no varió.
ROCINO: Solemos componer mucho y cosas muy diferentes. Para este disco, teníamos alrededor de 60 canciones para elegir y todas eran distintas. De haber sido iguales, habría sido desastroso.
SOSA: A diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones, todos los temas de Felicidades fueron escritos especialmente para el álbum.
Leé la entrevista completa en la edición N° 49 de Revista G7.
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“Las letras hablan del amor, de la vida y de la muerte. ¿De qué otra cosa podríamos hablar? ¿De una huelga que dura 20 días?, ¿De un presidente que gobierna 4 años?”. SOSA.

