El otro lado
En 1995, el músico montevideano Jorge Drexler abandonó su trabajo de otorrinolaringólogo y viajó a Madrid. Diez años más tarde, ganó un Oscar por la canción “Al otro lado del río”. De paso por Buenos Aires para presentar el disco Cara B, habló sobre sus 43 años de vida y sobre su carrera, que no para de crecer.
TEXTO ESTEBAN FEUNE DE COLOMBI
FOTOS NORA LEZANO
Jorge Drexler nació en 1964 en Montevideo. Allí estudió Medicina y ejerció durante algún tiempo como otorrinolaringólogo. Allí empezó su carrera de cantautor. En la capital uruguaya conoció en 1994 a Joaquín Sabina, quien le aseguró que España le haría un lugar a sus canciones. Al año siguiente, Drexler se afincó en Madrid. Desde entonces, vive en esa ciudad, aunque viaja constantemente por el mundo.
En 2005 tenía editados siete discos y ganó un Oscar por el tema “Al otro lado del río”. La canción había sido compuesta para Diarios de motocicleta, la película de Walter Salles que relata el primer viaje del Che Guevara por América Latina. Por primera vez, Uruguay se llevó el Oscar. Por primera vez, una canción en castellano recibió ese premio.
El sábado 31 de mayo, Drexler cerró en el Gran Rex de Buenos Aires la gira de presentación de Cara B, un disco en el que canta en cinco idiomas. Al día siguiente, nos encontramos para hacer esta entrevista. Conociendo su fascinación por los viajes, le propuse que la charla se estructurara como un recorrido por cuatro ciudades que resultan significativas en su carrera: Montevideo, Madrid, Buenos Aires y Los Ángeles. Drexler aprobó la idea con una sonrisa e iniciamos el imaginario camino.
MONTEVIDEO
Montevideo se fundó en el siglo XVIII, hecho que la ubica como la capital más joven de Latinoamérica. Hoy, viven en la ciudad cerca de un millón y medio de habitantes (aproximadamente, la mitad de la población uruguaya). Según un estudio de la consultora estadounidense Mercer, se trata de la metrópolis latinoamericana con mejor calidad de vida.
Hay quienes sostienen que la patria es la infancia. ¿Dónde encontrás tu patria?
Estoy más de acuerdo con algo que decía Fernando Pessoa: que la patria es el idioma. Si lo pienso mejor, estoy más de acuerdo con lo que expone Fernando Savater en el libro Contra las patrias. La patria es un concepto que me incomoda.
¿Por qué?
Porque tiene su origen en el nacionalismo. Estoy convencido de que todos los nacionalismos surgen por una idea de exclusión. Cada vez me cuesta más sentirme parte de algo llamado “patria” o “religión”. Para mí, esos conceptos caducaron. Prefiero hablar de “identidad”, aunque también me parece un término vago y extraño. La identidad es algo vivo, mutante, no es algo estático. En Cara B, hay un epígrafe del físico John Barrow: “La naturaleza no es un mecanismo de relojería; un reloj sin terminar no funciona”. La naturaleza está sin terminar y cambia todo el tiempo. El carácter mutante de la identidad me resulta muy enriquecedor.
Provenís de una familia de músicos, pero te recibiste de médico y ejerciste como otorrinolaringólogo.
Provengo de una familia de médicos y, más que músicos, melómanos. Mi padre es un gran melómano, pero no toca ningún instrumento. Yo estudié Medicina durante seis años y luego trabajé como ayudante en operaciones y en el área de audiología.
¿Qué cosas no pueden faltar en tu botiquín cuando viajás?
Los medicamentos me gustan mucho; quizá se trate de una desviación profesional. Cuando era médico, tenía todo tipo de remedios en casa. Mucha gente piensa que soy un tipo sano y biológico, pero tengo una gran fe en la farmacología. En mi bolso, siempre llevo analgésicos y benzodiacepinas.
¿Qué son las benzodiacepinas?
Pastillas sedantes o hipnóticas.
¿Te automedicás?
Sí. Es uno de los pocos beneficios que disfruto por ser médico [risas]. Trato de no tomar muchos remedios, pero viajo constantemente y a veces necesito dormir aunque el cuerpo no tenga ganas. Aunque eso tiene un precio, me encanta mi trabajo y, por ahora, lo vengo pagando con placer.
¿Realmente pagás un precio?
A ver… No tengo una personalidad adictiva. A los 43 años, me conozco y, si necesito tomar algo para dormir, lo hago sin miedo. No creo en el fundamentalismo del adicto ni en el del asceta.
A los 30 años, elegiste la música y abandonaste la medicina. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión?
La elección no fue tan cruda. Empecé a estudiar música a los 5 años y empecé a estudiar Medicina a los 18. Durante mucho tiempo, las dos actividades formaban parte de mi vida. La música estuvo cargada en la recámara hasta que vi una oportunidad y disparé y me quedé ahí. Fue una estrategia.
Cuando estás en el exterior, ¿qué cosas de Montevideo extrañás?
Las relaciones humanas, la Rambla y el vínculo que teje la ciudad con el río y con el horizonte.
Leé la entrevista completa en la edición número 53 de Revista G7.
BAJAR EL VOLUMEN, por Nicolás Pauls.
Escuché sus canciones por primera vez en 1997. “No cruzaré tu lado de la cama”, la estrofa que abre el tema “Radar”, fue inmediatamente irresistible para mí. Un año después, vi un par de conciertos suyos en Montevideo –en La Esquina y en Pepe Cuervo–. Allí nos conocimos. Al poco tiempo, le propuse que viniera a Buenos Aires y tocara en Volver Rock, un programa que yo conducía. Aquélla fue su primera presentación en la ciudad. Luego de verlo muchas veces en vivo (desde aquellos conciertos en Montevideo hasta el que dio en Buenos Aires a fines de mayo), entendí que una de sus búsquedas primordiales es bajar el volumen ante tantos ruidos sordos que aturden al mundo. Una tarde, en su casa, le imploré que grabara un disco sólo con su guitarra y su voz. Sigo esperando eso. Me llena de alegría ver todo lo que sucedió con él a lo largo de estos años. Brindo por eso, querido Jorge.

