En movimiento
Forma parte de El Descueve, usina creativa que ya cumplió 15 años de vida. Además, dirige por las suyas ‘Gurania mía’, una obra que indaga en a cultura y la música paraguayas.
TEXTO ALEJANDRO LARRE
FOTOS NORA LEZANO Y SEBASTIAN ARPESELLA
Carlos Casella es una de las cinco patas creativas de El Descueve, agrupación teatral que desde principios de los ’90 produce y monta obras que se caracterizan por moverse en el límite entre lo comercial y lo off, y por explorar hasta las últimas consecuencias las relaciones entre música, danza y teatro. Además –y esta vez por las suyas–, acaba de poner en cartel “Guarania mía”, una pieza teatral que evoca las culturas indígenas del Paraguay a través de la danza y la música tradicionales de ese país.
“Guarania mía” es la primera obra que Casella crea por fuera de El Descueve. Sin embargo, este movimiento en solitario no es un síntoma de que el grupo esté por disolverse. Todo lo contrario. Según Casella, este trabajo por su cuenta lo incentivó mucho a hacer pronto una nueva obra con el El Descueve. “Estoy pasando por un momento bueno”, dice el artista, “Trato de darme cuenta de cuál es mi lugar dentro del grupo, y también cuál es mi lugar por fuera”.
DISTINTOS CAMINOS
El Descueve está formado por Carlos Casella, Ana Frenkel, Gabriela Barberio, Mayra Bonard y María Ucedo, y es responsable de las obras “Criatura” (1990), “La fortuna” (1991), “Corazones maduros” (1993), “Todos contentos” (1998), “Hermosura” (2000) y “Patito feo” (2003). El grupo también participó en “Villa Villa”, de De La Guarda, entre el ‘95 y el ‘98.
Este “matrimonio creativo” –así define Casella a El Descueve– empezó a formarse a fines de los ’80: “Eramos todos bailarines. Yo estaba estudiando en el San Martín, y ahí también estaba Ana [Frenkel]. Éramos todos pendejos, y estudiábamos más o menos por los mismos lugares. Fue así que nos fuimos conociendo”, recuerda el artista.
El Descueve está cumpliendo sus primeros 15 años de vida. ¿Cómo lo sienten?
Estamos en una curva en la que empezamos a replantearnos el formato del grupo. Nos
pusimos a pensar qué incidencia tiene en el medio y en la gente. Por un lado, sentimos que hay más exigencia, porque ya tenemos un buen tiempo haciendo esto, y el público ya espera cosas específicas de nosotros. Pero, por otro lado, entramos en una curva en la que disfrutamos de más libertad: podemos salir para un lado o para el otro.
Si seguimos la metáfora de la curva, se podría pensar que al final se encuentra el punto de partida, y entonces el círculo se cierra. ¿Ya tienen previsto un final para el grupo?
La sensación, desde que empezamos a trabajar juntos, fue que el grupo iba a seguir y seguir y seguir. Nada lo iba a poder parar. Artísticamente, nos parecía muy fuerte, y nadie veía que fuéramos a parar. Ahora pasa algo distinto. Por ahí nos ponemos a pensar en hacer un cierre ahora, continuar después… Empiezan a aparecer otras alternativas, otras ideas. Y a mí me parece positivo que sea así. Vos te das cuenta de que llegaste a un determinado lugar, y entonces te proponés llegar a otros lugares, pero ahora cruzando por otros puentes. Y eso está bueno.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN Nº 24 DE REVISTA G7.
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LA HUELLITA
¿Es El Descueve un grupo “de culto”? Carlos Casella dice que no. Piensa que tendrían que pasar unos diez años más para poder hacer una buena evaluación y saber si el trabajo del grupo dejó una verdadera marca. “Además, pensar que somos un grupo de culto nos dejaría en un lugar muy estrecho”, reflexiona. “Lo que sí creo es que el nuestro es un grupo inspirador, un grupo abre-caminos. Porque no hay un camino claro para un grupo creativo que quiere empezar a hacer sus propias producciones: nosotros tuvimos que abrirnos nuestros propios caminos. Y cuando abrís un camino, queda abierto detrás tuyo. Empieza a quedar una huellita”.

