Esa mujer
Sabe alternar proyectos televisivos, cinematrográficos y teatrales. Se hizo famosa interpretando a Roxy en “Gasoleros” y en la actualidad protagoniza, con Andrea Pietra y Nancy Dupláa, el unitario “Socias”.
En la siguiente nota, habla de su carrera y expone una interesantísima mirada sobre la actuación.
TEXTO FLOR CODAGNONE
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
Son las 11 de la mañana. Tribunales parece un hormiguero. Las mujeres están vestidas con trajecitos y tacos altos y los hombres llevan saco y corbata. Aunque los estudiantes de Derecho aún no adoptaron la vestimenta de los letrados, cargan los expedientes en las mismas carpetas que ellos. Sobre la calle Talcahuano, todos se mueven con apuro y se hermanan en el paso ligero y los gestos adustos.
La combi en la que viajo a Pilar –allí, el equipo de Socias está grabando un capítulo– sale de Tribunales. Cuando llegue a destino, voy a espiar a Inés, Dolores y Mía, el trío de abogadas que interpretan Mercedes Morán, Nancy Dupláa y Andrea Pietra. El vestuario y los ademanes de estas actrices no tienen nada que envidiarles a los de las mujeres que vi poco antes. Morán, Dupláa y Pietra se sumergieron en el mundo de los juristas para captar ese espíritu; después, le quitaron solemnidad. Si algo caracteriza a los tres personajes, es la desvergüenza. Apenas pueden con sus vidas y, aun así, resuelven con presteza sus asuntos profesionales.
La locación está copada por un equipo grandísimo. Hay luces, cables y cámaras por todos lados. Los productores van y vienen mientras los extras esperan el llamado para entrar en acción. No encuentro a Morán. Pregunto por ella y me dicen que está grabando. Espero un buen rato y, finalmente, la veo. Es menuda y está vestida de negro. Habla tan bajito que, a su lado, parece que todos gritásemos. Sus ojos tienen un marrón profundísimo.
Me saluda con una sonrisa enorme y me pide que la aguarde hasta después del almuerzo. La entrevista se llevará a cabo entre una escena y otra de Socias. Cada vez que el director diga “corte”, ella vendrá corriendo hacia mí para contestar mis preguntas.
A la hora de componer un personaje, ¿le prestás atención a tu physique du rôle?
Nunca empiezo por ahí porque siento que lo físico puede limitarme. La actuación va más allá del cuerpo. Cuando hacés una escena comprometida, puede aparecer tu sensualidad. Sin embargo, jamás pensé que mi physique du rôle estuviera asociado a lo sexy.
Entonces, ¿qué variables tenés en cuenta?
Para mí, el vestuario es una llave. Cuando encaro un proyecto, pienso antes que nada en cómo se viste o cómo se mueve el personaje. Lo construyo a partir de la imagen. De hecho, cambiás tu imagen con frecuencia. Es cierto. Para alejarme de mí, tengo que modificar mi aspecto físico. Cambiar de corte de pelo, por ejemplo, está entre las cosas que más me divierten de este oficio. La imagen es un buen disparador para el trabajo. Me gusta interactuar con los vestuaristas y los maquilladores porque con ellos uno puede armar un ida y vuelta muy interesante.
Más allá de la apariencia física, ¿desde dónde construís los personajes?
En general, parto de la observación. Creo que el universo femenino es muy rico y muy variado. Soy una gran observadora de las mujeres.
Lo femenino parece ser muy importante para vos. ¿Por qué?
Porque soy mujer, porque encarno a personajes femeninos y porque los vínculos más importantes de mi vida los establecí con mujeres.
¿Te resulta difícil desligarte de los personajes que interpretás?
No. Para mí, la actuación es un juego. Durante el período de ensayos, estoy muy obsesionada con el personaje pues trato de entender por qué piensa de tal modo, por qué reacciona de tal manera. En ese momento, estoy arrebatada por el comportamiento que deseo abordar, pero, cuando empiezan las funciones o las grabaciones, esa obsesión desaparece.
¿Queda en tu memoria lo que asimilás al componer un personaje?
Algo debe quedar, pero me gustaría creer que eso se aloja en un lugar más profundo que la memoria. Nunca me interesó acumular información. En ese sentido, soy desmemoriada. A la noche no recuerdo los textos que dije a la mañana. Tengo un problema con la memoria y creo que es deliberado, aunque tal vez se deba a que me estoy poniendo vieja [risas].
¿Cuál es tu objetivo al interpretar un nuevo rol?
Al encarnar un personaje, pretendo ampliar mis límites, derribar mis prejuicios. Lo importante no es juzgar las acciones que interpreto sino comprender las razones que las guían. Los personajes oscuros suelen enseñarte más que los políticamente correctos porque sus zonas sombrías dejan las tuyas al descubierto.
¿Qué personajes marcaron una bisagra en tu carrera?
Roxy, de Gasoleros, estableció un antes y un después tanto en mi interior como en mi exterior. Chechu, de Culpables, también; con ella asumí muchos riesgos como actriz. A Graciela, de Luna de Avellaneda, la quiero mucho. Algunos papeles cumplen una función extra porque te ayudan a entender cosas de tu vida.
¿Podrías dar un ejemplo?
A los 21 años, trabajé por primera vez en una obra de teatro. Interpreté a una chica de 14 y creo que resolví gran parte de los conflictos con mi madre gracias a ese personaje. A veces, la actuación permite que te veas desde otro lugar; es como hacer terapia.
¿Cuán importante es la formación para un actor?
Es muy importante. Completa y dignifica nuestro trabajo. Yo creo en la formación. A mí, me ha protegido muchísimo no sólo como actriz sino también como persona. Quizá eso sea lo que me permite desvincularme fácilmente de los personajes que interpreto. En esta profesión, muchos creen que el desparpajo es igual al riesgo o que alguien puede ser un gran actor cómico porque te hizo reír en una fiesta. La formación te protege de ese tipo de equívocos.
Leé la entrevista completa en la edición 54 de Revista G7.
MAS INFORMACION
CLAROSCURO, por Inés Braun, directora del largometraje La ronda.
Mercedes es una actriz con un sentido del humor único. La vi por primera vez hace diez años, cuando ella hacía la obra de teatro Humores que matan. Desde entonces, le seguí los pasos. Nos conocimos durante el rodaje de Cara de queso, la película de Ariel Winograd, en la que me desempeñé como asistenta de dirección. Cuando encaré la filmación de La ronda, mi ópera prima, no dudé en convocarla. Le propuse que interpretara un personaje trágico en una comedia romántica. Necesitaba una actriz que supiese encarnar a una señora un poco depresiva y bipolar y que, a la vez, demostrara cierta frescura. Mercedes representa la combinación perfecta de lo denso y lo liviano, del drama y la comedia. Con ella, los personajes crecen y se vuelven queribles y verosímiles porque logra sacarles, desde lo más profundo, una luz que los vuelve más cercanos.

