Las metamorfosis
A principios de los ‘90, su exuberante cuerpo y sus rasgos exóticos la convirtieron en una de las más famosas modelos argentinas.
Cuando dejó las pasarelas, se dedicó a la actuación y, con una carrera que incluye series de tv, obras de teatro y películas, Carolina Peleritti es hoy una actriz hecha y derecha.
TEXTO ESTEBAN FEUNE DE COLOMBI
FOTOS ANDY CHERNIAVSKY
En una profesión reputada por las tristes dotes intelectuales de sus protagonistas (a decir verdad, a las modelos no se les exige más que su cuerpo), Carolina Peleritti logró romper el prejuicio de la modelo hueca que, cuando se aleja de las pasarelas, actúa en el teatro de revistas o conduce un programa de cable. En los últimos meses, protagonizó ¿Quién dice que es fácil?, la segunda película de Juan Taratuto, y XXY, la ópera prima –aún no estrenada– de Lucía Puenzo.
El primer “escenario” que transitó Carolina Peleritti fue una pasarela improvisada en un cuarto del hotel Alvear. Allí dio, literalmente, sus primeros pasos como modelo. Tenía 15 años cuando un corte de pelo à la garçon reemplazó su larga cabellera. Su cuerpo exuberante y sus rasgos exóticos la convirtieron, a principios de los ‘90, en una de las modelos más famosas de Argentina.
¿Cómo llegaste a ser modelo?
Influyó el hecho de que no me gustase la mirada que tenía de mí. A los 15 años, los cambios en el cuerpo significan pasar del gusano a la mariposa. En mi caso, fue crucial haber pasado de niña-varón a joven-mujer. Deseaba salir, expandirme. Cuando mi vieja se iba a trabajar, le sacaba un tapado y un par de tacos y desfilaba en mi casa como una autodidacta de la pasarela. Eso fue antes de que alguien me dijese “tenés que ser modelo”. Fue, por decirlo así, el caldo de cultivo, la crisálida. Me gustaba la moda, el hotel Alvear…
¿El hotel Alvear?
Me encantaba ir al Italpark y al hotel, que estaban a dos pasos. Recorríamos los pasillos con mis amigas. Me pintaba los ojos con unos lápices Caran d’Ache. Había empezado la etapa de la transformación. Antes de convertirme en modelo, me fui a Punta del Este de vacaciones. En la playa, un fotógrafo me sacó algunas fotos y sentí que pasaba algo (tal vez, relacionado con la exuberancia de mi cuerpo). Un día, encontré en la revista Para ti la convocatoria para un concurso de modelos en el hotel Alvear. Tenía que ir. Me acompañó una amiga y llevé un par de fotos. Ahí posé por primera vez en ropa interior. Cuando me fui del hotel, me di cuenta de que había dejado las dos fotos –una de ellas le pertenecía a Fideo, mi novio– y volví.
¿Recuperaste las fotos?
Golpeé la puerta de la habitación en la que estaba el jurado y entré. Una francesa, un estadounidense y un equipo de argentinos opinaban sobre mis imágenes. “Perdón”, dije, “vengo a buscar una de mis fotos”. “Estábamos hablando de vos”, me contestaron. Me pidieron que me sentara y alguien me maquilló los ojos. “Queremos que te cortes el pelo muy corto”, dijeron. “Si nos gusta cómo te queda, te contratamos”.
Fue una apuesta fuerte.
Sí. Tenía que volver a mi casa, en Martínez, y contarle a mi mamá. Al día siguiente, un peluquero franco-vietnamita me hizo un corte que no me gustó, pero los del concurso quedaron encantados. Ese mismo día empecé a trabajar. Mi típico diario de adolescente se transformó en la agenda de una persona adulta. El cambio se dio de un día para el otro.
No tuviste muchas opciones.
Es cierto. En vez de pensar en una carrera, como hacían mis amigas, preferí tener mi propia plata y ganar libertad y experiencia. Me hubiera ido de mi casa a los 8 años, pero no por culpa de mis padres sino porque tenía un deseo enorme de salir. Que me haya ido siendo modelo es anecdótico.
LEE LA ENTREVISTA COMPLETA Nº 37 DE LA REVISTA G7.
UN BOMBÓN
MAS INFORMACION
Por Juan Taratuto, director de ¿Quién dice que es fácil?
Filmar es difícil, pero hacerlo con buenos actores facilita las cosas. Filmar con Carolina fue un placer. Se aisló del mundo exterior y se entregó a la película. Hizo un curso de preparto y se bancó la prótesis de la panza como una reina. Esas experiencias también forman parte del trabajo de un actor. Recuerdo que, durante el rodaje, Carolina conversaba con los fotógrafos, hacía las fotos que le correspondían y miraba alrededor. Caro observa, asimila y tiene luchas internas que nunca nos contará. Hace la toma otra vez, busca, se arriesga. Evita el trato preferencial. Es una hormiguita trabajadora que se abre por completo a la hora de filmar. Es un bombón.

