Por amor al arte
Protagoniza “El secreto de sus ojos”, flamante ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, junto a Ricardo Darín, con la dirección de Juan José Campanella. Actúa alternadamente en teatro, televisión y cine y, como si fuera poco, hace dos años se lanzó como cantante.
TEXTO NOELIA FUKSBRAUNER
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
Hay chicos que tienen muy en claro a qué les gustaría dedicarse cuando sean grandes. Hay chicos que no tienen la más mínima idea de lo que esperan para el futuro. Soledad Villamil perteneció al primer grupo. “Supe bastante rápido lo que quería hacer. Aunque he recorrido diversos caminos, el hilo conductor siempre fue el arte”, dice. Durante su niñez, tomó clases de canto. A los 15 años, se topó con el teatro y su vida dio un vuelco. Cuando terminó el secundario, se anotó en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. Luego tomo clase con, entre otros, Ricardo Bartís, quien en 1992 le dio la posibilidad de interpretar un papel protagónico en una obra de teatro. Se trató de la Ofelia de Hamlet, nada menos que en el Teatro San Martín. Villamil tenía apenas 20 años.
¿Recordás el momento en que Bartís te propuso interpretar a Ofelia?
Perfectamente. Yo trabajaba como asistente de Ricardo y, si bien sabía que él estaba desarrollando una adaptación de Hamlet, jamás imaginé que me convocaría para actuar. Fue una experiencia muy conmovedora porque pasé en forma muy rápida de la etapa de formación a la etapa profesional.
O sea, ese papel marcó el inicio de tu carrera.
Sin lugar a dudas. Representó un punto de partida. Aparte, como ese espectáculo concitaba el interés de directores y productores, después me llamaron para encarar otros proyectos en cine y en tele.
¿Tenías algún prejuicio acerca de la televisión?
Durante un tiempo, no quise participar en programas de TV porque la gente de teatro –por lo menos, quienes estudiaban conmigo– no consideraba que ese espacio fuera idóneo para los actores. La tele de principios de los ‘90 era muy distinta a la actual. Existían menos programas de ficción y todo era más acartonado. A mí me interesaba mucho el teatro experimental y no había lugar en la tele para eso.
¿Cómo encontraste tu espacio en el medio?
De a poco. A medida que aumentaba mi participación en distintos ciclos, me iba dando cuenta de que el trabajo estaba buenísimo y de que mis prejuicios con respecto a la tele eran eso, puros prejuicios. Creo que tiene que ver con la etapa en que estás empezando y tomás partido sobre algunas cuestiones; con el tiempo, entendés que no todo es tan blanco ni tan negro, que existen los matices.
¿Tuviste miedo de que te encasillaran en algún papel?
No. En realidad, me pasó en Hamlet. Encarnaba a Ofelia, una mujer que sufre muchísimo, y la versión de Bartís hacía hincapié en el padecimiento de los personajes. Eso signó una serie de trabajos en los que me convocaban para papeles que tenían que ver con situaciones de maltrato. En el programa Zona de riesgo y en la película Un muro de silencio, por ejemplo, interpreté a mujeres muy sufridas.
¿En qué momento te empezaron a ofrecer personajes de otro tipo?
Cuando me convocaron para unitarios como Vulnerables, Culpables o Locas de amor.
Te nominaron para el Martín Fierro como revelación por Zona de riesgo, tu primer trabajo en tele. ¿Cómo repercutió la nominación en vos?
No repercutió de una manera muy particular. Sólo recuerdo que ganó Fabián Polosecki. Los premios son positivos, pero se entregan en un momento y luego pierden parte de su efecto. A la larga, por supuesto, conforman tu recorrido y hablan de tu trayectoria.
¿La televisión te abrió puertas que el teatro o el cine no podían abrirte?
En comparación con el teatro y el cine, la televisión tiene un enorme nivel de llegada al público en Argentina. En Estados Unidos, por ejemplo, podés ser un actor de cine muy popular. Como aquí no se filma tanto, eso no pasa. Entonces, la posibilidad de que te convoquen para trabajar en teatro o en cine suele depender de tu desempeño en la tele.
Con respecto a la popularidad, ¿les explicás a tus hijas que quizá te reconozcan por la calle y te pidan autógrafos?
La verdad, no les hablo de eso. Ellas lo van a vivir del mismo modo que lo viva yo. Si le doy mucha importancia a firmar un autógrafo, ellas lo van a vivir de una manera; si entiendo que eso forma parte de mi trabajo y expresa el cariño de la gente, ellas lo vivirán de otro modo.
SITUACIONES NUEVAS
Luego de participar en Hamlet, Villamil recibió distintas propuestas para trabajar en cine. Películas como Vivir mata (de Bebe Kamín) o Un muro de silencio (de Lita Stantic) fueron el caldo de cultivo para que más tarde protagonizara La vida según Muriel (de Eduardo Milewicz), El sueño de los héroes (de Sergio Renán), El mismo amor, la misma lluvia (de Juan José Campanella), Un oso rojo (de Adrián Caetano) y No sos vos, soy yo (de Juan Taratuto).
Recientemente, Villamil protagonizó El secreto de sus ojos, dirigida por Campanella. La película se basa en la primera novela de Eduardo Sacheri y narra dos historias en paralelo –un caso policial y una historia de amor–.
¿Qué significaron tus primeras experiencias en cine?
Cuando empecé, todo me resultaba desconocido. Fui ganando confianza sobre lo que implica un set de rodaje y sobre su funcionamiento. La formación de los actores suele estar vinculada al teatro; entonces, el cine exige un entrenamiento que se adquiere con la práctica.
¿Sentís que ya adquiriste ese entrenamiento?
Aunque ahora tengo más experiencia que antes, se plantean todo el tiempo situaciones nuevas. Cada película, cada guión, cada director y cada personaje son nuevos. Hay una parte del trabajo del actor que implica empezar siempre desde cero. Podemos estar más o menos entrenados, pero, en general, todos los actores tenemos la sensación de que estamos empezando de cero cada vez que nos involucramos en un proyecto.
¿Te interesa más el teatro, la televisión o el cine?
A esta altura del partido, depende del proyecto. Un producto puede funcionar bien en la tele y mal en el teatro o muy mal en la tele y muy bien en el cine. No es que un medio sea mejor que otro. El hecho de que te sientas cómoda trabajando depende del director y de tus compañeros.
En El secreto de sus ojos, volvés a trabajar con Campanella y con Darín. ¿Eso te da más seguridad?
Trabajar con Juan José y con Ricardo, más que darme seguridad, me estimula y me divierte. Por otro lado, el personaje que interpreto esta vez es totalmente distinto al que encarné en El mismo amor, la misma lluvia.
¿Qué te atrajo del nuevo proyecto?
Me fascinó el guión. Además, me encanta la rigurosidad con la que trabaja Campanella.
¿Cuáles son los factores que tenés en cuenta a la hora de aceptar un papel en cine?
Hay muchas variables que entran en juego cuando analizo una propuesta. En realidad, no tengo una pauta fija o un parámetro en particular. Me llega el proyecto, leo el guión y evalúo si me gusta, si me convence y si siento que soy la indicada para interpretar el papel que me están proponiendo.
LA INDICADA
Por Juan José Campanella.
Conocí a Soledad en 1997, cuando vi el espectáculo Recuerdos son recuerdos en La Trastienda. Yo estaba armando El mismo amor, la misma lluvia y, como no venía al país desde hacía diez años, no conocía a muchas actrices jóvenes. Me hablaban de un montón, pero yo investigaba sus trabajos y ninguna terminaba de convencerme. Cuando vi a Soledad en escena, supe que era la indicada para interpretar a Laura en la película. Lo que me gustó y me sigue gustando de ella como actriz es que tiene mucho encanto y, al mismo tiempo, una fortaleza y una solidez extraordinarias. No es una mujer a la que puedas empujar con un dedo. También me parece importante que se haya concentrado en su carrera y no en posibles escándalos mediáticos.

