Detrás de cámara
Proviene de una familia vinculada estrechamente al cine, pero armó su propio camino en publicidad. Hoy, su productora es considerada una de las mejores del mundo. “Queremos que todos los realizadores de la empresa sean Maradona”, dice.
TEXTO HERNÁN JAVIER FERNÁNDEZ
FOTOS JULIA GUTIÉRREZ
Con poco más de 3 años de historia, Rebolución se cuenta entre las mejores productoras de cine publicitario de Argentina y del mundo. Según The Gunn Report, la compañía que encabezan Armando Bo, Luciano Podcaminsky y Patricio Álvarez Casado fue, en 2007, la quinta productora más premiada del universo. El ranking que organiza la publicación inglesa determinó, además, que Bo y Podcaminsky se encontraban en aquel momento entre los 14 directores más galardonados.
Nieto de Armando Bo (recordado, entre otras cosas, por su sociedad artística con la Coca Sarli) e hijo del productor Víctor Bo, “Armandito” es uno de los directores más destacados del medio.Entre sus proyectos más aplaudidos, se encuentran el comercial Héroes para CTI Móvil, la campaña de relanzamiento del desodorante Impulse y, junto a Podcaminsky, Gloria para Quilmes, Padre e hija para MTV y Gravedad para Got Milk. A los 29 años, Bo ha dirigido más de 120 comerciales.
Para de referirse a su productora, marca una distancia con respecto a algo que considera un lugar común en la publicidad argentina. “No queremos ser una productora con uno o dos directores buenos. Deseamos que quienes trabajan con nosotros sean los mejores. Eso es algo que, en el país, por un tema de egos, no se da muy a menudo. En Argentina, si el dueño de la productora se desempeña como director, generalmente no deja crecer a sus colegas. Nosotros queremos que todos nuestros realizadores sean Maradona”, explica con énfasis. El equipo de directores de Rebolución lo integran, además de Podcaminsky y Bo, Baby, Luciano Urbani y la dupla Doble Nelson.
¿Es cierto que casi no das notas?
La verdad, trato de no hacer demasiada prensa. Creo que mi trabajo debería hablar por sí mismo. Además, cada vez que doy una nota, tengo que referirme a la historia de mi familia y me parece que eso no tiene nada que ver con lo que hago. Cuando hablé de ese tema, dije todo lo que tenía para decir. Me veo respondiendo lo mismo y me pregunto para qué.
¿Tu apellido te allanó el camino?
No, pero, en muchos casos, la gente me recuerda un poco más que a otros. Eso también significa que estoy más expuesto si hago algo mal. Quienes conocen las dificultades y las presiones que entraña este trabajo saben que, en publicidad, nadie te convoca por el apellido. Yo me rompí el orto para llegar a ser el director que soy. La gente que me vio trabajar desde mis inicios lo sabe. Estoy orgulloso de llevar el nombre que llevo y de tener la historia que tengo, pero eso no me afecta. De las películas de mi abuelo puedo decir que tenían una estética y un sello muy personales. Es evidente que él no copiaba a nadie y eso me parece bárbaro.
¿Cuándo empezaste a trabajar en publicidad?
Arranqué hace 11 años, en un programa que se llamaba Teleganas y se emitía por ATC. Tenía que lograr que la tribuna aplaudiera. Al mes, surgió la posibilidad de trabajar como meritorio en la productora La Brea, de Pucho Mentasti. Tenía 17 años. Acababa de terminar, a duras penas, la secundaria.
Leé la entrevista completa en la edición número 52 de Revista G7.
MAS INFOMACION
POLENTA, por Pucho Mentasti, director de cine publicitario y dueño de Blue Productora.
En 2001, cuando entró en La Brea, el “Bebu” (se va a calentar por el apodo) era un niño; no recuerdo si tenía 16 o 18 años. No bien empezó a trabajar con nosotros, descubrí que tenía algo especial: una energía desbordante, infinitas ganas de aprender y mucha pasión. Entró a trabajar como el último “pinche” de producción y rápidamente se ganó mi confianza. Me acuerdo de una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. Una vez, durante un rodaje en la Patagonia, yo debía filmar a la madrugada, desde un helicóptero, a un auto que avanzaba por el desierto. Armando se quedó despierto toda la noche y, con viento, frío y sin luz, pintó de negro 9 kilómetros de ruta para que yo pudiera filmar la escena. Hoy, mantiene la polenta y la pasión arrolladora que tenía cuando lo conocí. Eso, sumado al buen manejo de las emociones y a la eficacia narrativa, lo colocan entre los directores más interesantes de Iberoamérica. La verdad, lo extraño, lo quiero y disfruto mucho con sus comerciales.

