Un mundo de sensaciones
Con sólo 31 años, es una de las figuras más destacadas de la narrativa argentina actual. Su segundo libro de cuentos, Pájaros en la boca, ganó el premio Casa de las Américas y fue editado en México, España, Alemania e Italia.
TEXTO IGNACIO FUSCO
Como una alerta para los jóvenes escritores –muchas veces pretenciosos–, Abelardo Castillo anotó este pensamiento en su libro Ser escritor: “Cuidado con Borges, Kafka, Proust, Joyce, Arlt, Bernhard. Cuidado con esas prosas deslumbrantes o esos universos demasiado intensos. Se pegan a tus palabras como lapas. Esa gente no escribía así: era así”.
¿Cómo es Samanta Schweblin? ¿Cómo es la chica que se acerca con una sonrisa despreocupada e intensa? ¿Cómo es para haber escrito las historias que escribió?
Tiene 31 años y publicó dos libros de cuentos: en 2002, El núcleo del disturbio y, en 2009, Pájaros en la boca. El primero ganó el Premio del Fondo Nacional de las Artes. El segundo obtuvo el Premio Casa de las Américas y este año fue editado en México, España, Italia y Alemania. Además, sus relatos fueron incluidos en antologías y revistas de diversos países.
En sus textos, Schweblin desarma la realidad, la mueve unos centímetros para echar una nueva luz sobre ella. “La normalidad es un género fantástico, un invento”, dice. “Me gustaría que alguien me explicara qué significa ‘lo normal’”.
Casi todas las historias de Pájaros en la boca están atravesadas por un sentimiento muy fuerte. Al leerlas, uno termina tan abrumado como tus personajes.
Sí, es cierto. Generalmente, mi cabeza se pone en marcha a partir de un suceso que me despierta una sensación primaria. En cuanto puedo individualizar esa sensación, comienzo una búsqueda que termina cuando descubro un buen argumento. Por ejemplo, un día entré en un locutorio y vi que dos hombres revisaban una cartera que alguien había olvidado. Manoseaban la cartera de un modo tan violento y arrugaban las cosas con tal despreocupación que yo podía sentirlo. Eso me dejó una impresión horrible. Así surgió “Irman”, el cuento que abre Pájaros en la boca. Quería contar la sensación que me invadió en el locutorio. Quería que los lectores sintieran lo mismo que yo.
En muchas escenas de tus cuentos, parece que nada ocurre, pero hay algo terrible que impulsa la acción. Y lográs ese clima con un estilo simple, fácil de leer…
Me molesta leer una historia y encontrarme con un lenguaje muy elaborado. En un punto, ese tipo de escritura funciona como un mosquitero que no te deja ver bien el jardín. El lenguaje puede molestar. No quiero ver el jardín a través de una tela. Al contrario, quiero que ese filtro desaparezca para sentir que estoy sola y observo el jardín de cerca. En ese sentido, me molesta que el lenguaje se vea.
Lo has dicho varias veces: seguís el camino de Raymond Carver y John Cheever, entre otros escritores.
Sí. Amo ese estilo norteamericano. Mi intención fue tomar el lenguaje hiper-transparente que usan esos escritores para contar nuestras historias latinoamericanas. También me preocupo por generar tensión. No quiero hacer que los lectores pierdan el tiempo. Cuando se acaba la tensión, listo: ya no hay historia, sólo una sensación que se queda con uno.

